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Pablo Borquez: más de una década de Alta Vida Tienda

Pablo Borquez (Santiago, Chile, 1987) es curador y director de Alta Vida Tienda, quizá una de las tiendas de ropa vintage más significativas de Santiago hoy. Su recolección de tesoros inéditos comenzó a temprana edad: Pablo es el menor de cinco hermanos y se crió con ellos en un ambiente familiar y callejero, en algunos de los barrios más populares de la ciudad, La Pintana y Estación Central. Allí vivió su infancia y adolescencia, siempre acompañado de sus hermanos, que desde niño fueron sus referentes más cercanos.

 “Yo concebí muchas cosas a partir de lo que les gustaba a mis hermanos mayores, y dentro de eso entró muy fuerte el rap. El gusto y el sentido de la estética no sé si los tenía tan definidos cuando era niño, siendo honesto. Mis hermanos escuchaban rap y tenían una estética muy particular al vestir. A mí me parecía interesante la escena, aunque no la entendía del todo, los acompañaba”. 

Así pasó sus años muy cercano al rap, hasta que irrumpieron en la escena santiaguina los primeros videos de hip hop. Se podían ver en los televisores de distintos locales de música y también en VHS. Pablo comenzó a fascinarse por la estética particular de esos videoclips, sobre todo por las prendas que usaban, y fue entonces cuando empezó a adentrarse en el mundo del cachureo o thrifting: la actividad de encontrar y comprar artículos de segunda mano en tiendas de ropa americana, ferias y mercadillos. Su intención era hallar la ropa que aparecía en los videos; pasaba horas fijándose en los cortes, los cierres, la caída de ciertos pantalones y el calce de las chaquetas. 

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Pablo comenta que, al principio, ni siquiera se trataba de encontrar marcas específicas, sino de mantener el ojo atento para dar con prendas que representaran la estética de los videoclips. La famosa calle Bandera fue un punto elemental en sus primeros hallazgos. Recuerda que, en los años 90, allí estaba todo concentrado: “Había marcas que producían ese tipo de productos particulares, como Champion, Russell o Russell Athletic. Casi todas marcas gringas”.

Su hermano mayor, Dante, fue quien lo introdujo al mundo del hip hop. A Dante le atraía más la escena de Los Ángeles, mientras que Pablo se inclinaba por Nueva York. Sus miradas no siempre coincidían, pero encontraban puntos de cruce. A eso se sumaba que Dante estaba involucrado en la escena del grafiti de la época, lo que expandió el universo visual que ambos compartían.

Gracias a la guía de ese hermano mayor, Pablo comenzó a tener acceso directo a ciertos materiales: cassettes grabados en casa, CDs y fanzines que circulaban de mano en mano. Todo se movía por recomendación directa o implicaba encontrarse físicamente en algún punto para “intercambiar la data”. No existía un algoritmo ni un Pinterest que ordenara la información fríamente; por el contrario, la presencia era necesaria y disfrutable. Para nutrirse de referentes y enterarse de lo que estaba ocurriendo (a nivel musical, cultural y artístico, dentro y fuera de Chile) había que conversar.

Pablo recuerda que en Santiago existían puntos de encuentro muy específicos, por lo general tiendas. Uno de ellos era “El Tío del Bío”, donde se vendían cassettes de hip hop: llegabas con una lista de lo que tenías (o con tus cassettes físicos) y los intercambiabas con desconocidos que, con el tiempo, se convertían en amistades. También existía la modalidad de coordinar intercambios a través de llamadas telefónicas.

 

“Para intercambiar era todo por teléfono. Tú llamabas y decías: ‘Oye, juntémonos tal día, en tal lugar. Te llevo estos tres CDs o estos tres cassettes’. Y el otro te respondía: ‘Ya, bacán, yo te llevo estos otros tres’. Y era full confianza. Había personas con las que me hice amigo sin siquiera conocerlas antes. Pero, claro, nos unía un poco lo mismo”. 

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El oficio de recolectar ropa e identificar patrones comunes viene, para Pablo, directamente de la música. Es la música —afirma— el verdadero origen del streetwear. Pharrell Williams fue quien primero ayudó a nombrar ese territorio que él ya habitaba desde la infancia y la adolescencia; cuando el cantante construyó su propia marca, reconoció al streetwear como tal. Todo empezaba a articular un mismo lenguaje: el de las cosas que usas.

Con los años, esas estéticas que lo han acompañado se fueron decantando en un proyecto propio. Hoy toman forma en Alta Vida Tienda, ubicada en el Persa Víctor Manuel, Galpón 2, Local 56. Abre los fines de semana y festivos, dentro de uno de los galpones más emblemáticos del barrio histórico, y corresponde a la etapa más reciente de una tienda que ha ido cambiando de lugar y de nombre con el paso del tiempo.

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"Es la música el verdadero origen del streetwear"

Pablo abrió su primera tienda en 2013, High Life Store, en la Galería Casa Colorada, en Plaza de Armas, el corazón de Santiago. Se inspiró en un espacio que solía visitar con sus hermanos: ZOO CONCEPT, en Bellas Artes. Cuenta que iba casi todos los días, simplemente a chusmear, mirar qué había de nuevo y nutrirse de marcas, música y revistas.

“Era un spot. Poco comercial, muy poco comercial, pero un spot. Tenías que encontrarlo, como un tesorito dentro de la ciudad. Solo iban quienes sabían. La galería era la Casa Colorada: la primera parte estaba llena de locales de fotografía, y después venían los pisos siguientes. Yo casi siempre iba solo al primer piso. Pero si empezabas a subir, era pura mezcla rara: sex shops, una planta media vacía… y nosotros empezamos a armar una onda en aquel caracol”.

La tienda comenzó a cobrar vida más allá de su función comercial y se transformó rápidamente en un espacio de encuentro. Unos años más tarde, el proyecto se trasladó a otra galería, sobre los Juegos Diana. La comunidad que se había formado en torno a ella siguió llegando, y Pablo decidió traducir el nombre al español: Alta Vida Tienda. Hoy funciona en barrio Franklin y ha ampliado su curaduría más allá de la ropa: loza japonesa, productos de Brasil y pop-ups en colaboración con otros proyectos, como Mercado Expresso.

Alta Vida Tienda lleva casi dos décadas siendo parte de la efervescencia del mercado local, manteniéndose cercana y marcando pauta. Muchas veces la transacción económica queda en segundo plano (o incluso se diluye), porque hay quienes llegan simplemente a conversar con Pablo o a escuchar las historias detrás de las prendas. Desde hace años, Pablo ha construido una colección personal de libros de moda y cultura popular. A partir de esa investigación constante, se ha ido formando en la historia de la ropa y de los objetos que encuentra, convirtiéndose en una suerte de mediador entre la pieza, su recorrido y la persona a la que le llama la atención. Así, ha generado un diálogo distinto con los “productos”, donde la comercialización no siempre es el interés principal.

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En medio de este digging, Pablo también ha ido conociendo a amigos y fanáticos de la ropa, relaciones que hoy quiere traducir en productos exclusivos de Alta Vida a través de la colaboración. La primera prenda que realizó bajo esta lógica, en 2025, fue un conjunto de gorros: 60 piezas en total, desarrolladas de manera colectiva. El bordado estuvo a cargo de Israel, las etiquetas fueron realizadas por Elías Roca y el diseño por Juan Quintanilla.

Se trata de gorros de los años 80 que personas cercanas encontraron en una feria de Buenos Aires y que fueron llegando a Pablo de a poco, en distintos viajes. La intención era darles una nueva vida, de forma duradera y cercana, lejos de la lógica industrial y poniendo en valor los oficios.

“El filmer Tommy Scicchitano, junto a Nahuel Barrios, tiene un proyecto en Buenos Aires llamado Sold Out, y también hacen dig, también buscan. Ellos fueron quienes encontraron estas gorras y me dieron el pase para hacerlas. Y ahí uno entiende que los proyectos independientes funcionan con puro esfuerzo. El stock fue de 60 gorras, que me fueron enviando a Santiago en tandas de 20, a lo largo de un período de tres meses”.

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"ahí uno entiende que los proyectos independientes funcionan con puro esfuerzo. El stock fue de 60 gorras, que me fueron enviando a Santiago en tandas de 20"

En el futuro, Pablo quiere seguir construyendo comunidad en torno a su tienda y desarrollar prendas de larga durabilidad, hechas con materiales escogidos con cuidado. Con el paso de los años, Alta Vida se ha sostenido gracias a la fuerza de la autogestión: amigos que hacen fotos, que posan como modelos, que aportan y acompañan la dirección creativa; redes de apoyo que aparecen cuando hace falta y sostienen el proyecto. Su intención es seguir fortaleciendo ese espacio tan particular en el Persa Víctor Manuel. “Está hecho muy desde la comunidad para la comunidad; yo creo que eso es”, dice.

Conoce más de su trabajo en @altavidatienda y en otros proyectos de los que participa: 

La Unión @launionstgo junto a Fabián Moya y CLUB DE ROPA @_cccllluuubbb_ junto a Vicky Zamora y Benedicto López 

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