“La vida, desde que nacemos, es como un globo con un pequeño agujerito por donde empieza a perder aire hasta que finalmente sólo queda la piel. El tiempo es la aguja que perfora el globo apenas llegamos al mundo, iniciando la cuenta regresiva desde el nacimiento a la muerte. La capacidad de la fotografía de detener y congelar ese flujo de aire es lo que amo tanto de ella, porque nos permite contemplar la vida en vez de sólo mirar. Mirar está condenado a la velocidad del tiempo, pero contemplar lo asocio con el regalo de estar quietos un segundo. La fotografía me calma porque me ancla en el regalo del presente”, dice la periodista, actriz y fotógrafa Camila Gattamelati.
Gattamelati (Santiago, Chile 1990) migró a los dos meses de edad a Lakeland, Estados Unidos. Un lugar que describe como ‘súper redneck’ [término usado en EE. UU. para referirse a zonas rurales conservadoras y mayoritariamente blancas] y que llamó hogar durante los primeros momentos de su vida, hasta que su familia decidió volver a Chile. “Cuando llegué estaba muy confundida, no entendía nada. Me quedé completamente en silencio. No hablé por seis meses, hasta que aprendí español, olvidando por completo el inglés”.
Un proceso de adaptación que tendría consecuencias años más tarde, cuando al ingresar al colegio sus compañeros la aislaron, debido a su bajo nivel de inglés. “Yo era una niña muy tímida, bien rara. En el colegio me molestaban mucho y durante años fui muy desadaptada. Pasaba mucho tiempo sola, y eso marcó mi deseo por observar”, cuenta Gattamelati.
Ya en media [secundaria para el resto del mundo], Camila tomó un taller extraprogramático de fotografía, aprendiendo así los aspectos básicos de la técnica análoga y el revelado. Un espacio que la impulsaría luego a asistir a un curso con nadie menos que una de las fotógrafas más importantes de Chile: Paz Errazuriz. No obstante, a pesar de su entusiasmo, en ese tiempo sus padres no apoyaron su deseo por estudiar algo relacionado con las artes, por lo que Gattamelati optó por entrar a la carrera de periodismo. “Al principio lloraba todos los días camino a clases, no quería estar ahí”, recuerda.
Por esto último, al titularse decidió ingresar nuevamente a la universidad para estudiar teatro, aprendiendo así las posibilidades narrativas que le daba mezclar el vestuario, maquillaje, iluminación y texto. “Mientras estudiaba teatro, descubrí la dirección escénica, que hasta el día de hoy es una de las cosas que más amo y que más me define. Fue ahí donde desarrollé más mi pasión por crear universos, y donde podía unir mi deseo visual con mi deseo interpretativo, reuniendo distintos lenguajes en escena para crear imágenes que fueran potentes simbólicamente, un camino que me acercó cada vez más a la fotografía”.
“En teatro también tomé un curso de foto y un electivo de Photoshop”, continua Gattamelati. “Luego me becaron para un curso en Foto Design, donde pude desarrollar mi portafolio con el que algunos meses después, gané una beca para estudiar fotografía en IDEP en Barcelona”.
JOIA: ¿Cuáles son tus referencias en general?
Camila Gattamelati: Cuando era niña me gustaba tomar fotos en la calle y todo era bien instintivo. Lo que me gustaba, lo capturaba. El cine fue una de mis primeras referencias, con directores como David Lynch o David Fincher. Cuando entré a teatro comencé a desarrollar la idea y el gusto por investigar en la capacidad de las artes para hacer de la realidad una experiencia más real que lo real, en cuanto en ellas se pueden mezclar mundos y capas que de otro modo jamás podrían encontrarse. El teatro y la fotografía nos dan la posibilidad de una perspectiva múltiple y simultánea que permite que distintas capas de realidad coexistan en un espacio-tiempo imposible. Una realidad no representada, sino condensada, en la cual el pasado y el presente, o el mundo físico y el emocional, pueden confrontarse.
JOIA: Y sobre referencias fotográficas específicamente, ¿hay algunas que puedas nombrarnos?
En el caso de la fotografía propiamente tal, suelo recurrir a mis libros de Nan Goldin, como ‘The Other Side’ y ‘The Ballad of Sexual Dependency’, ‘Films, Stills, Polaroids & Writings’ de Tarkovsky, ‘Polaroids’ de Andy Warhol y ‘Unmasked’ de Elizaveta Porodina. También disfruto exponerme al trabajo de tantos fotógrafos como sea posible, ya sean los clásicos como también las nuevas voces.
"El teatro y la fotografía nos dan la posibilidad de una perspectiva múltiple y simultánea que permite que distintas capas de realidad coexistan en un espacio-tiempo imposible"
JOIA: ¿Qué plataformas usas para conocer a otros talentos?
Camila Gattamelati: PhotoVogue es una plataforma que exploro regularmente para observar y admirar el trabajo de otros fotógrafos. A través de esta plataforma he podido conocer y conectar con muchos creadores, entablando relaciones de amistad y trabajo.
Y es que PhotoVogue ha seleccionado a Camila no una, sino cinco veces como ‘Pic of the day’ [foto del día que es publicada en las redes sociales de la plataforma], llevándola además a ser publicada en la sección Beauty de Vogue US, compartiendo así medio con artistas de la talla de Richard Avedon, Annie Leibovitz y Steven Meisel. Un logro que viene acompañado por diferentes reconocimientos, siendo uno de los más importantes el de TDM -uno de los concursos de fotografía callejera más prestigiosos del mundo- que seleccionó fotos de Gattamelati como una de las 400 mejores fotos de calle de 2025.
JOIA: Realmente se puede decir que el 2025 fue tu año. De hecho, también participaste en la edición 64 de JOIA.
Camila Gattamelati: Sí, trabajar con JOIA fue muy importante para mí porque significó entrar en un espacio que siempre admiré muchísimo por su sensibilidad visual, su curaduría y su capacidad para destacar voces creativas con identidad propia.
JOIA: En ese caso, te tocó hacer la foto fija para el documental ‘Únicos en su especie’ junto a Alfredo Castro y Pablo Chill-E, que luego salió impresa en la revista. ¿Cómo fue tu método de trabajo?
Camila Gattamelati: Para mí la foto fija siempre ha sido el reflejo de lo que se respira en la atmósfera de una producción, los momentos intermedios de lo que estaba pasando en ese set, incluyendo a los protagonistas, directores y el equipo de trabajo en general. Para este caso en particular, intenté empaparme días antes del trabajo de Alfredo, viendo películas en las que había participado, como también escuchando la música de Pablo. El día de la producción tenía súper presente que mi labor era parte de un bien mayor, que era filmar el cortometraje. Por esa razón, era muy importante que todo lo que hiciera no invadiera al resto de las personas que estaban trabajando: no usar flash, no ponerme al centro del cuadro porque podía tapar al equipo de filmación, aprovechar cada momento en que Pablo y Alfredo no tuvieran una cámara encima para así pedirles que posaran para las fotos.
“Para mí la foto fija siempre ha sido el reflejo de lo que se respira en la atmósfera de una producción, los momentos intermedios de lo que estaba pasando en ese set"
JOIA: Mi foto favorita es la de Pablo cubierto con una toalla y rojo por el calor del sauna.
Camila Gattamelati: A mí también me encanta esa [se ríe]. Tanto Pablo como Alfredo fueron muy generosos y humildes frente al trabajo, sin imponer nada. A mí no me gusta retratar a las personas cuando se ven simplemente ‘bonitas’, entendido en el modo más burdo de la palabra, sino que me gusta el momento entremedio, ese ángulo sorpresa que tal vez ni la persona tiene consciencia y permite contemplar una belleza muchísimo más real y significativa. Me fascina sorprenderme, que la foto muestre aspectos de la persona que tal vez yo tampoco soy capaz de ver… porque la cámara ve cosas que uno no puede, y eso es maravilloso también.
“La vida y nosotros mismos, nos deterioramos cada segundo”, continúa Gattamelati. “Pero la fotografía se rebela contra eso, haciendo inmortal a la persona o la escena que existe en ese momento. Al poder congelar el tiempo de lo que fotografiamos, obtenemos un vistazo a algo específico e irrepetible. Ese es el verdadero regalo de la fotografía para mí: permitirnos recordar y contemplar”.
Además de trabajar en diversas producciones personales y comerciales, actualmente Camila acaba de publicar su proyecto ‘Housewife: Maneras de morir como ama de casa’, el cual describe como una comedia fotográfica donde diferentes mujeres representan a tradwife o ‘dueñas de casa tradicionales’ que son atacadas por los objetos cotidianos con los que mantienen limpio y funcional su hogar. “El punto es preguntarse cómo, en medio de esta nueva ola conservadora en la que vivimos, parece que hemos vuelto a roles y valores de los que las mujeres llevamos años intentando liberarnos. Desde el aspecto técnico, esta obra fue también una oportunidad para dejar de lado el azar y trabajar con una planificación rigurosa, algo nuevo para mí y que me entusiasma seguir explorando”.
Conoce más de su trabajo en @camilagattamelati



