alessandra sanguinetti

Alessandra Sanguinetti, contar la vida en fotografías

25 de November de 2020

“Lo primero que me cautivó de ellas fue la vocecita de Belinda, que era como un canto desafinado, y la libertad que tenía Guille con su cuerpo y expresión”.

 

Así describe Alessandra Sanguinetti (Nueva York, 1968) las primeras impresiones de los encuentros iniciales con dos primas de nueve y diez años que vivían en una granja familiar de Maipú, a unos 300 kilómetros de Buenos Aires, y que, con el tiempo y el azar, se convirtieron en las protagonistas de un álbum de fotos familiar paralelo para la fotógrafa.

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De ese contacto primigenio han pasado veinte años y Alessandra ha realizado muchos más trabajos becada por las fundaciones Guggenheim Hasselblad, así como tomado fotografías para LIFE, la revista del New York Times o Newsweek, y es miembro titular de Magnum Photos, pero las imágenes de Guille y Belinda, divididas en dos series, siguen siendo su proyecto más emblemático. La esencia de la primera parte, el foto-libro “The Adventures of Guille and Belinda and the Enigmatic Meaning of Their Dreams”, donde las niñas despliegan sus dotes artísticas ante la cámara, sigue intacta en la segunda, “The Adventures of Guille and Belinda and The Illusion of an Everlasting Summer”, con unas jóvenes-casi-adultas mujeres que extrañan sus días de despreocupación infantil.

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¿Cómo llega Alessandra a tener tanta clarividencia fotográfica? Nos cuenta que “a los 10, me topé con un libro llamado ‘Wisconsin Death Trip’ de Michel Lesy, en él, vi retratos de gente del siglo XIX por primera vez y quedé impresionada por el hecho de poder estudiar las caras de gente ya muerta hace mucho”. Eso le llevó a pedir una cámara por Navidad y a retratar a todos sus seres queridos para que nadie se olvidara de ellos cuando murieran. “Comencé con la fotografía como una herramienta para no olvidar y, de a poco, me fui enamorando de la disciplina, pero recién fue a los 20 años que un amigo me insistió en tomar un curso con Juan Travnik en Buenos Aires, y allí comprendí las infinitas posibilidades que hay para contar la vida con la fotografía.

“Comencé con la fotografía como una herramienta para no olvidar y, de a poco, me fui enamorando de la disciplina”

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En una serie de imágenes anterior, o quizá simultánea, “On the Sixth Day”, Alessandra muestra un entorno rural argentino tosco, en el que la acción humana genera cosas que no son bonitas de ver, pero sí son quizá más auténticas que cualquier ciudad construida también por humanos. Es precisamente en este entorno en el que la artista conoció a Belinda y a Guille -una suerte de reminiscencia de ella misma– y en el que parece desenvolverse y encontrar su inspiración, su fuente.

“De niña pasaba los veranos y fines de semana en el campo que mi familia tenía cerca de Buenos Aires. Me la pasaba paseando sola, explorando, charlando con los animales, observando esquilos, vacunaciones, asados, marcaciones con hierro caliente, castraciones, nacimientos, y carneadas. Recuerdo que me asombraba la naturalidad con la que la gente actuaba, cuando para mí eran eventos extraordinarios. Me sentía más cerca de los animales que de la gente. Cuando una oveja estaba por ser carneada, yo me imaginaba sentir el mismo terror y desconcierto que ella”.

alessandra sanguinetti
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Sus padres vendieron ese campo y durante mucho tiempo Alessandra no volvería allí. Años después, ya grande, regresó. “Volví con la idea de retratar el campo de la forma en que yo lo veía, como un espacio crudo y, a la vez, mágico, lleno de vida, muerte, dramas, y eventos extraordinarios. Mi intención nunca fue hacer un juicio sobre eso, sino tan solo retratarlo de la única manera que me parecía fiel a lo que ocurre. Fue mientras hacia este trabajo que conocí a Guillermina y Belinda. Ellas son las nietas de Juana, una mujer a quien yo visitaba mucho. Juana tenía una relacion especial con sus animales y simbolizaba todo lo complicada que es nuestra relación con ellos”.

“Volví con la idea de retratar el campo de la forma en que yo lo veía, como un espacio crudo y, a la vez, mágico, lleno de vida, muerte, dramas, y eventos extraordinarios”

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La teatralidad y la poca vergüenza de antaño contrasta, en el primer libro, con cierta conciencia del yo en la adolescencia y juventud de las protagonistas en el segundo.

“La naturalidad que se ve en ellas es resultado de la confianza que me tienen y el cariño mutuo. De niñas les di mucha libertad y espacio para jugar. Los primeros dos años yo más que nada las filmaba. Les proponia que jugaran, que hicieran de cuenta que estaban en una entrevista, o un noticiero, o un baile, en sus casamientos, etc. De todo… y las dejaba improvisar. Mientras las filmaba, las fotografiaba. Como toda relación, a través del tiempo, fue cambiando. Hubo momentos de más distanciamiento, donde cada una necesitaba más privacidad, otros de gran acercamiento. Creo que siempre fui como una especie de tía excéntrica. Ahora las tres somos adultas (ellas tienen 30 y yo 51) y nos tenemos mucho cariño”.

“La naturalidad que se ve en ellas es resultado de la confianza que me tienen y el cariño mutuo. De niñas les di mucha libertad y espacio para jugar”

Actualmente, Alessandra está trabajando en un proyecto basado en el libro que originó su interés inicial en la fotografía, “Wisconsin Death Trip”, y acaba de recibir una beca del Instituto Sundance para editar todos los videos que tiene de Guille y Beli, así que le esperan “largas horas de edición”.