En su juventud, llegó a sus manos el trabajo fotoperiodístico de Stanley Greene, que lo inspiró hasta el punto de convertirse en un referente en su fotografía. En Venezuela tuvo sus primeras cámaras analógicas: una Premier PC 141, una Chinon Reflex, y hoy dispara con una Olympus Stylus, buscando capturar aquello que aparece en el centro de Medellín y las expresiones de cultura popular de esa zona. Ángelo Navas (Venezuela, 1995) es un fotógrafo y artista plástico radicado en Medellín, Colombia, un explorador de la cultura que surge en el espacio cotidiano y callejero.
“Me gusta mucho el arte popular, sus imaginarios y sus manifestaciones temáticas y formales. Colecciono pequeños tesoros como calcas o juguetes de Piolín, pinturas ingenuas, artesanías con simbologías de la cultura venezolana, entre otros objetos que encuentro en los mercados informales y de segunda en el centro de Medellín”.
Define su estilo fotográfico como “crudo, audaz, lejos de lo académico, espontáneo, porque así se dan los sucesos en la calle”. Es en la calle donde puede ajustarse a la velocidad de las escenas y entrar a conocer a sus transeúntes perennes.
“La fotografía en sumatoria ha abierto la puerta al acercamiento con las personas que me encuentro en la calle para que me permitan retratarlos con soltura y confianza”.
A diario sale de su casa temprano, con su cámara, en busca de artículos antiguos que pueda revender en la ciudad. En ese caminar aparece su proceso creativo, pues le permite descubrir escenarios que evidencian parte de la idiosincrasia del centro de Medellín. Como él mismo lo expresa, la fotografía le permite registrar la momentánea serenidad de los cuerpos en la ciudad.
“Siempre llevo mi cámara conmigo; es un artículo de primera necesidad en mi vida diaria. Es también la vía para acercarme a los territorios y a las personas que quiero registrar. Me permite entablar una conversación donde escucho y reconozco las historias tras las caras o las acciones que me encuentro.”
“Siempre llevo mi cámara conmigo; es un artículo de primera necesidad en mi vida diaria. Es también la vía para acercarme a los territorios y a las personas que quiero registrar”
“Tengo una enorme fascinación por el centro de Medellín y es el espacio que más conozco y en el que más me muevo, he entablado diálogos y he construido relaciones con varios personajes que me han permitido escuchar desde su perspectiva de esa cotidianidad que compartimos”.
Navas llevó por primera vez una de sus series fotográficas a un fanzine, una publicación impresa autogestionada. CURTIDO es una recopilación de fotografías de tatuajes socialmente “mal vistos” por su estética, acabado o contenido simbólico. Este objeto editorial enfoca las estéticas corporales en el contexto callejero y busca valorar la historia que hay detrás de cada uno de estos tatuajes.
Adicionalmente a CURTIDO, Navas realizó otro proyecto editorial con el apoyo de Buglove, una editorial independiente norteamericana. C10 es un fotolibro sobre la Comuna número 10 de Medellín, también conocida como el Barrio de La Candelaria. En él, hace un homenaje a las escenas que emergen en la cotidianidad del centro, centrándose en que se trata de un espacio donde converge la población de Medellín con raíces en diversos orígenes. Para el autor, resulta fundamental resaltar la experiencia que surge al materializar las fotografías en formato impreso, ya que este ofrece una forma de acercamiento más íntima a lo que sucede en ellas.
“Cada pieza que materializa mi propuesta fotográfica es un logro que cuento como una manera de extender mi trabajo más allá de la virtualidad y las redes sociales, pues un libro/fanzine es un objeto que se atesora”, comenta el artista.
“Un libro/fanzine es un objeto que se atesora”
Navas se posiciona como un autodidacta nato, y en ese proceso el graffiti y el cine han sido claves para nutrir su visión artística. Así, últimamente ha explorado nuevos medios para compartir su mirada, entre ellos los vídeos cortos que difunde a través de reels en Instagram. Este nuevo soporte audiovisual le ha permitido llevar un ritmo diferente al registrar, además de ofrecer un contexto más amplio sobre lo que se está publicando.
“He sido autodidacta toda la vida y trato de buscar maneras de aprender e inspirarme. El graffiti ha sido una fuente significativa; el cine y los documentales también me han inspirado y han nutrido la visión que he querido desarrollar en mis proyectos.”
“Dudo muchísimo que deje de tomar fotos estrictamente analógicas, pero seamos sinceros, el costo de esta técnica te obliga a veces a ser más austero con los disparos, es ahí cuando me apoyo en mi celular comprado a cuotas, para capturar momentos que pueden ser más extensos y que son materia prima para otro juego narrativo”.
Finalmente, mirando al futuro, Navas comenta que está trabajando en diversos proyectos. Está organizando una recopilación de material sobre la diáspora venezolana en Latinoamérica y preparando una serie de cortes de cabello, específicamente sobre los mullets, o como los llaman en Colombia, “las siete colas”.
Conoce más de su trabajo en @unarutina



