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Historias traspasadas del cuerpo al papel: Dancehall Queen por FIEBRE Ediciones

¿Dónde y por quién están contadas nuestras memorias? ¿Existe un lugar donde se archiven las narrativas del sur global contadas desde y para nuestras propias voces? ¿Qué tan atravesada por lógicas coloniales está nuestra historia? 

Era el año 2014 y Carla Lamoyi (Ciudad de México, 1990) cursaba su último año de Artes Visuales en la Escuela “La Esmeralda». Tras años de formación, observó que la mayoría de lo que se enseñaba –dentro y fuera de la universidad– rara vez se centraba en la historia y en las producciones culturales del continente que la había visto crecer. En medio de ese sentimiento de extrañeza que rápidamente la invadió, Carla conoce a Antonio Medina, que estudiaba en la misma escuela , y quien había recibido por casualidad el archivo BESTIARIOS de manos del artista Diego Teo tras un encuentro en Colombia. 

Con ese archivo en las manos, Carla y Antonio comenzaron a trabajar en lo que sería su primer proyecto editorial, un libro comenzó a tomar forma sin el conocimiento del colectivo, que recién supo de su existencia una vez impreso. La pieza editorial puso especial foco en este grupo de jóvenes arquitectos anarquistas peruanos, que se dedicaron a cuestionar quiénes tienen realmente derecho a habitar la ciudad. A través de su trabajo, evidenciaron el caos situacional en Perú: el avance de grupos armados de izquierda como Sendero Luminoso y la desestabilización de los poderes del Estado, producto de la violencia y el desorden institucional.

Tras años de amistad, Carla y Antonio se unieron de forma casi instintiva para conformar lo que hoy conocemos como FIEBRE Ediciones. En esa misma época, asistieron a una residencia artística en Honduras, donde nació otro proyecto: un fanzine que comenzaba a delinear su línea editorial, basada en la necesidad de construir narrativas propias de América Latina:historias que nos interesaran, de contextos políticos que captaran nuestra atención, y que nos hablaran de manera más cercana sobre las prácticas que queríamos desarrollar aquí en el sur”, en palabras de Carla. 

Hoy, FIEBRE es un proyecto editorial independiente, con un enfoque particular en las manifestaciones latinoamericanas surgidas a partir de la década de 1980. Para la editora, los libros se han convertido en el medio idóneo para materializar sus proyectos de investigación, no solo desde la edición, sino también desde la redacción, la recuperación y el análisis de archivo.

Así, ha ido conformando un híbrido en el que confluyen prácticas creativas de distinta índole: artísticas, culturales y políticas. Desde su
lente editorial, afirma que lo que les interesaba no era tanto la producción de arte “en mayúscula”, “sino todas las prácticas creativas que surgían en estos territorios latinoamericanos, caribeños y centroamericanos, que intentaban responder al contexto, a situaciones de violencia, precariedad o angustia. Porque, al final, los libros no son necesariamente de arte, sino que en ellos se cruzan muchas cosas”.

Así, FIEBRE comenzó a fisgonear en experiencias que los intereses económicos del Norte Global no consideraban significativas, pero que, desde su mirada, constituían el centro: el punto neurálgico desde el cual resistir la “homogeneidad que propone la globalización de la producción artística, ante la cual la riqueza y diversidad de nuestros diálogos es reducida a la de mero comentario del arte occidentalizado”, establecen en la contratapa de su primera publicación BESTIAS.

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En medio de este incipiente ritmo que estaba tomando la editorial, Carla se mudó a la Ciudad de Buenos Aires, y, desde su interés personal comenzó a tomar clases de Twerk. Allí, otra vez por casualidad, se encontró con un estilo de baile que le llamó la atención: el Dancehall Female y Queen. Este baile, “cuyos movimientos se enfocan en la pelvis, las caderas y el culo, y que muchas veces hacen referencia explícita al sexo a través de movimientos veloces y gimnásticos” (137), la cautivó por completo. Carla comenta que fue un proceso largo de exploración: conoció el Dancehall en 2018 en Argentina, pero no fue hasta 2020, en plena pandemia, cuando ya estaba de vuelta en México, que la editora comenzó a averiguar más sobre esta cultura dancística. Unos meses después, encontró un panel online sobre el Dancehall Queen  organizado por el Dancehall Archive and Research Initiative, en Jamaica, y decidió unirse. Allí conoció a Donna P. Hope (St Catherine, Jamaica), profesora y analista sociocultural en el Instituto de Estudios del Caribe de la Universidad de las Indias Occidentales. 

“Podría decir que las interrogantes sobre la cultura dancehall  –en específico el fenómeno de la Dancehall Queen– me vinieron desde el cuerpo, de la curiosidad por saber cómo una danza nacida en Kingston era impartida por una maestra caleña en Buenos Aires y había llegado a mí, una mexicana. Me interesaba en especial el desplazamiento de una cultura fuera de su territorio original y su potencia de transmisión por medio de la música y el movimiento” (136). 

Carla se dio cuenta de que toda la información disponible era extremadamente difusa y que, de hecho, prácticamente no había información recopilada ni un libro sobre Dancehall Queen en español. A raíz de esto, le propuso a Donna, después del panel, dar inicio a un proyecto editorial con FIEBRE, quien aceptó bajo la condición de que el libro estuviera en inglés y en español y el tiraje se distribuyese en iguales cantidades entre México y Jamaica.

Así, iniciaron este camino hacía lo impreso reuniéndose constantemente de forma virtual durante tres años, con un foco especial en el concurso de estilo Dancehall Queen, un fenómeno dancístico que tiene su origen y trayectoria en la década de 1990 en Jamaica. 

La publicación de FIEBRE, en conjunto con el Dancehall Archive And Research Initiative, reúne un archivo de este estilo de baile ejecutado exclusivamente por mujeres. Como estilo, surge en 1992, pero se transforma en competencia en 1999, en el contexto de la escena musical y cultural, a raíz del surgimiento de los soundsystems en los barrios populares de Kingston, Jamaica. 

 

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El Dancehall en Jamaica constituye un espacio para expresar la sexualidad mediante un lenguaje verbal, corporal y gestual, donde se abre la posibilidad de que un alter ego posea los cuerpos cuando comienza la música, el baile y la fiesta, una instancia concebida más bien como un modus vivendi, según la editora. Las jamaicanas que bailan el estilo Queen, desestabilizan los valores puritanos del rastafarismo y del cristianismo protestante predominantes en la isla. Ambas religiones comparten la figura de la madre abnegada y desalientan la exploración y el goce del erotismo. Sin embargo, al mismo tiempo, se produce una paradoja: mientras el Dancehall queen afloja estos valores, también refuerza ciertos estereotipos de género propios del Caribe.

Así, esta danza y cultura enhebra una paradoja prácticamente ininteligible para quienes no estamos dentro del circuito cultural de Jamaica, específicamente en los sectores periféricos donde surge y se vive. En palabras de Donna: 

“Al mismo tiempo que desafía y denuncia la marginalización también excluye a personas dentro de sí misma, ya sea por su sexualidad o por no tener dinero para mostrarse y vestirse. Tiene una fuerte dimensión capitalista: quién tiene el auto más bonito, quién puede usar ropa de marca. Al mismo tiempo, eleva a quienes la cultura dominante margina, como mujeres de cuerpos grandes o de piel más oscura. Es un espacio muy paradójico, que no ha sido absorbido por la alta cultura ni por la cultura dominante; aún se percibe como anticultura y, de muchas formas, como una versión “bastarda” de la misma, que el status quo sigue rechazando, incluso hoy”.

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"El Dancehall aún se percibe como anticultura y, de muchas formas, como una versión “bastarda” de la misma, que el status quo sigue rechazando, incluso hoy”

Carla emprendió un viaje a Jamaica en 2022, para poder asistir al concurso internacional de Dancehall Queen en Montego Bay, que volvía después de varios años en pausa . Allí, registró con su cámara gran parte de las imágenes que están en el libro, a la par que buscó archivos inéditos de la National Library of Jamaica, añadidos a la publicación. 

“En Jamaica, Donna me consiguió un asistente, un alumno suyo, que me acompañó, porque como extranjera, navegar Jamaica es muy hostil, y más siendo blanca por obvias razones. Hay una carga colonial muy fuerte…» comenta Carla. 

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Por otro lado, Donna  cuenta que creció en un hogar sumamente vulnerable y popular, y que estuvo rodeada por el Dancehall desde que tiene memoria. Esta cultura, que es a la vez un género musical propio, un estilo de danza y de vida, fue parte de su cotidianidad mientras crecía, y una vez que llegó a la universidad puso todo su intelecto en la curiosidad que le despertaba su entorno: “las cosas que eran importantes para la gente común, para la gente pobre, para la clase trabajadora”. Desde entonces, tuvo un especial interés en que aquellas culturas marginalizadas se revistieran de un lenguaje que fuese escuchado. Durante esa época, Donna realizó investigaciones sobre el transporte público y temas de género en Jamaica, para luego, en su maestría y doctorado, centrarse específicamente en el Dancehall: “de ahí salió mi primer libro: Dancehall, Popular Culture and the Policy of Survival”.

Así, simultáneamente, Carla fue construyendo esta publicación desde un espacio íntimo sobre el Dancehall fuera de Jamaica, junto a Donna, quien ha desarrollado y teorizado la cultura desde su perspectiva local, como jamaicana. Ambas vivencias se entretejen en la publicación, mostrando tanto los espacios comunes que compartimos como cuerpos sudamericanos, como las diferencias de practicar esta danza en Jamaica versus hacerlo fuera de la isla. 

Hay un poner el cuerpo en el trabajo editorial, ya que el libro se construye como una canalización de toda una cultura dancística, pero desde el relato oral y corporal de quien la ha vivido. Donna ha investigado sobre Dancehall desde 1997; para ella, este espacio era una especie de repositorio, un lugar donde personas que no podían hablar en la televisión o la radio, por su clase social, aparecían en estos medios a través de la música.

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“Lo que se decía, la forma en que se decía, la actitud, el estilo, la moda: todo era una manera de performar identidades, de desafiar y discutir con la sociedad, de exigir algo mejor, distinto, más. Y también de celebrar quiénes somos como jamaicanos comunes, que podemos vestirnos de forma escandalosa, pero seguimos siendo reyes y reinas, personas con estilo, que merecemos ser reconocidos y validados”.

El libro fue tomando forma, centrando la atención en la posición subversiva que toma el cuerpo femenino en el Dancehall Queen. En esta práctica, las mujeres de Jamaica, dentro de una cultura sumamente heteronormada, encuentran una herramienta de supervivencia. Cada movimiento genera autonomía y conexión con el propio cuerpo: el vestuario revelador y las poses abren paso a una experiencia impulsada por la energía femenina. 

“Es fundamental entender por qué las danzas y las músicas originarias del Caribe y su diáspora han utilizado el movimiento, la fiesta, la sensualidad y la rebelión como herramientas de resistencia en varios momentos históricos que hablan de un pasado colonial y de la historia de una estrategia de subversión” (145). 

El libro finalmente quedó estructurado en cuatro capítulos que siguen a la introducción. Se convierte así en un viaje que comienza al abrir su portada dorada, iluminada con los colores de la bandera de Jamaica. En el primer capítulo, ¡El Dancehall es mi todo! El sonido de Jamaica, Donna relata su experiencia personal dentro de esta cultura, sumergiéndonos en sus paradojas y sensibilidades mientras traza la evolución de la música jamaicana: desde el mento y el ska, hasta los sound systems y los inicios del Dancehall.

A este le sigue el capítulo de Lisa Tomlinson, titulado Seduce con tu estilo: la moda del Dancehall, un ensayo que destaca el papel fundamental de la vestimenta en la construcción de identidades y alter egos dentro del universo del Dancehall Queen.

La voz de Donna reaparece en el tercer capítulo, donde aborda las etapas del surgimiento del concurso Dancehall Queen y su posterior internacionalización. Luego entra Carla con un capítulo dedicado exclusivamente a su visita a Jamaica, en el que, a través de una narrativa etnográfica y personal, explora su incursión en esta cultura. 

Finalmente, el libro cierra con la transcripción de una conversación entre Carlene Smith, Latonya Style y Jessica Ordoñez –todas protagonistas y bailarinas de esta cultura–, moderada por Lisa y Donna.

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Durante la conversación surgió una pregunta inevitable: ¿cómo se puede teorizar aquello que se experimenta principalmente con el cuerpo? ¿Cómo es el proceso de trabajar con algo que es cultura, un movimiento de baile, un fenómeno entero, y pasarlo al papel, llevar la experiencia a palabras? ¿Cómo traspasar algo que es vivido a la teoría?

Donna explicó que su enfoque parte de una sensibilidad hacia lo diferente: 

“Trato de ser sensible a lo diferente, ya sabes, a las distintas sutilezas, a las diferentes maneras en que las personas entienden quiénes son. Por ejemplo, yo soy jamaicana, vengo de la clase trabajadora, pero también soy profesora en la universidad, así que existe una dinámica de clase social, y por eso trato de ser sensible y de comprender la perspectiva de quienes están completamente dentro de la cultura del Dancehall. Una de las cosas que hago con eso, porque tengo este entendimiento histórico de la cultura del Dancehall como jamaicana, como alguien que lo ha amado y vivido desde que era adolescente, a través de las distintas eras, es tratar de reunirlo usando teorías aplicables: masculinidad hegemónica, patriarcado, clase, representación, el cuerpo, la corporeidad, performear identidad. Para así, mapear lo que veo, para extraer un poco de entendimiento sobre lo que podría estar sucediendo”.

"tengo este entendimiento histórico de la cultura del Dancehall como jamaicana, como alguien que lo ha amado y vivido desde que era adolescente, a través de las distintas eras"

La competencia Dancehall Queen, celebrada anualmente, plantea la posibilidad de una autonomía de los cuerpos femeninos dentro de un contexto históricamente regido por la mirada patriarcal. “No es sólo mujeres caminando desnudas sobre un escenario, o semi vestidas”, establece Donna; no es vulgarización, sino más bien un mecanismo para desafiar un sistema que las mantenía subyugadas: “para retarlo, celebrar quiénes son y abrir otras posibilidades de visibilidad, de poder, de progreso económico, que es realmente lo que está pasando”.

Es posible desentrañar este entendimiento una vez que concibe mapear la teoría con las experiencias y con la información de las propias personas que actúan en ese espacio. “Así lo reunimos para tejer una narrativa que lo junte todo y lo ponemos en un libro, en un artículo o en una entrevista, con el fin de compartir conocimiento sobre la cultura desde ahí, desde donde ocurre”.

Desde el punto de vista de Carla, Donna está negociando todo el tiempo entre dos esferas opuestas; hay dos orquestas con ritmos aparentemente disonantes: la academia y la calle. “Una es la cultura tradicional, la alta sociedad, la academia y la otra es la fiesta, la sexualidad, la celebración”. La primera representa la hegemonía imperante, que subalteriza al Dancehall; sin embargo, en el momento en que Donna teoriza y experimenta con su cuerpo y vivencia el Dancehall, se posiciona en un lugar extraño y que es precisamente lo que se plasma en la publicación de FIEBRE.

Donna afirma que entiende el Dancehall como un soporte para desarrollar ideas que están demonizadas por el status quo, un espacio donde se pone en primera plana a quienes practican esta cultura. Si bien el libro irrumpe en la cultura oral, de la que sigue nutriéndose a diario, también era necesario crear un ecosistema que perdurase. “Un libro es sólido y es la forma más segura de reunir la información”, afirma Donna. De esta manera, la publicación se convierte en materia fértil para trascender la teoría, tanto en el campo académico como en el de la experiencia corporal.

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Finalmente, adentrándonos en la valoración editorial, transitar por el libro se vuelve una experiencia en sí misma: un recorrido entre archivo, danza y memoria. El diseño, a cargo de Andrea García Flores (diseñadora mexicana, directora de arte del proyecto y editora en Miau Ediciones, sello transfeminista), juega un papel fundamental en esa experiencia. Inspirada en la estética de los años noventa, Andrea se apropia de las tipografías icónicas de WordArt, distorsionándolas y reconfigurándolas para crear nuevas formas, como en el título de la portada. La paleta cromática dialoga directamente con los colores de la bandera de Jamaica: en el interior, las páginas verdes y la tipografía negra acompañan la lectura. Los textos fueron traducidos por Gwennhael Huesca y Amanda Sucar, y el libro fue impreso en offset en un tiraje de 1.000 ejemplares.

Puedes conseguir el libro aquí y escuchar la playlist de Jessica Oz curada por JOIA SOUND SYSTEM aquí: 

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Los (xx) utilizados en el texto corresponden a citas directamente del libro Dancehall Queen: Erotic Subversion / Subversión Erótica.

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