Quizá Los autonautas de la cosmopista de Julio Cortázar podría ser un buen destello de partida para explicar la serie My India del fotoperiodista Rocco Rorandelli (Florencia, Italia, 1973). Al igual que el connotado escritor argentino, quien realiza un viaje íntimo junto a su pareja por una ruta llena de paraderos que lo lleva desde París hasta la costa de Francia, Rocco, desde 2008 en adelante, emprende un recorrido similar, visitando cada año el país de origen de su esposa, Preet: la India.
My India es un proyecto que constituye, más bien, un diario personal, conformado a partir de sus recorridos por diversas localidades de Mumbai, Delhi y Chandigarh. Resulta interesante que este sea, quizá, el único proyecto de su vida sin un carácter limitado, ya que, lejos de responder a un encargo de algún medio o revista, estas fotografías se han ido creando esporádicamente, al ritmo de sus propias visitas. Puede que esto también dialogue con los lineamientos del primer taller de fotoperiodismo que tomó: duró apenas una semana y fue impartido por Francesco Zizola, cerca del año 2002. Bastó escucharlo hablar apasionadamente de este oficio para que Rocco cambiara sus estudios en biología y emprendiera la ruta de los contadores de historias.
“Me gustó mucho su compromiso, su pura pasión por el fotoperiodismo, y ahí empecé a pensar que realmente quería intentar ser parte de este mundo; entrar, ser un narrador de historias, alguien que va por ahí, encuentra historias, las trae y trata de publicarlas”.
Más adelante, al finalizar sus estudios y ya como fotógrafo profesional, conformó el colectivo TerraProject junto a cuatro de sus pares. Poco a poco fueron construyendo una línea editorial y un método de trabajo con un norte que comenzó en Italia: “Parte de nuestro portfolio siempre ha estado centrado en la sociedad italiana, sobre temas similares a los que hacemos afuera: cómo la economía moldea la vida de la gente, cómo interactúa con el medio ambiente y cuáles son los impactos. (…) Al mismo tiempo, estamos naturalmente inclinados a viajar, ya todos teníamos esa energía, esa voluntad”.
Sin embargo, Rocco comenta que durante muchos años no se sintió particularmente interesado en viajar a la India; le parecía un destino algo cliché y se mostraba reacio a esas transformaciones espirituales con las que tantos conocidos regresaban. Sin embargo, tras conocer a su pareja y recorrer el país junto a alguien local, toda su perspectiva cambió. Comenzó a vivir la cotidianidad en Punjab, a frecuentar diversos espacios de la vida de Preet mientras ella guiaba conversaciones en hindi; otros días, simplemente, se dejaba llevar. Es ahí donde empezó a aparecer una especie de bruma entre realidad y magia, muy cercana al realismo mágico de los cuentos de Cortázar. Tras leer sus libros, de alguna forma, ese modo de habitar también pareció filtrarse en sus fotografías.
Sin saberlo en un principio, hubo también un cruce evidente con Roma. Rocco recuerda haberse obsesionado con fotografías de la ciudad durante los años 60: imágenes donde todavía podía observarse una abundante vegetación, grandes bloques de verdor conviviendo con el espacio urbano. Sin embargo, en las décadas siguientes, la ciudad explotó. “Todos esos parches verdes se convirtieron en cemento y quizás ahora te quedan apenas unas manchitas de verde que son parques o lo que sea, pero la ciudad cambió su forma radicalmente en 20 años”.
Lo que más le fascinaba de aquel archivo era imaginar cómo se vivía en ese momento: cuando las casas apenas comenzaban a surgir, cuando el campo empezaba a transformarse en ciudad. Esa zona nebulosa donde un espacio deja de ser rural, pero todavía no termina de volverse urbano; la metamorfosis ocurriendo frente a sus ojos, o incluso desde su propio balcón.
Algo similar comenzó a suceder durante sus viajes a Delhi y Mumbai. “Desde el balcón de mis suegros: cada vez que voy, el enorme bosque de eucaliptos que había frente a la casa era más chico, hasta que ahora ya no existe; fue totalmente borrado. En su lugar, ahora hay cines, shoppings, edificios”.
Los cambios no estaban únicamente en el paisaje, sino también en su gente. Hay desplazamientos de quienes habitan y sostienen esas zonas agrícolas, junto con una arquitectura particular que paulatinamente comienza a desaparecer. Sus habitantes deben buscar nuevas fuentes de ingreso, mientras en paralelo aparecen obreros que construyen una vida nómade entre carpas y viviendas temporales, asentamientos hechizos que desaparecen una vez que logran hacer surgir un nuevo edificio.
“Hay capas de arquitectura y estratos de personas que se mueven y cambian según este crecimiento, hasta que se convierte en una zona urbanizada normal. Ahí es donde mi fascinación desaparece. A mí lo que me interesa es ese punto medio, ese limbo, que es lo que podía ver en las fotos de hace 60 años en Roma y que puedo ver ahora en ciertos lugares de la India. Me he estado enfocando en eso”.
“Hay capas de arquitectura y estratos de personas que se mueven y cambian según este crecimiento, hasta que se convierte en una zona urbanizada normal. Ahí es donde mi fascinación desaparece. A mí lo que me interesa es ese punto medio, ese limbo”
El formato también ayudó a construir parte de este diario sensible. Rocco comenta que muchas veces viajaba con un proyecto editorial en mente, llevando consigo su cámara digital para cumplir con esos encargos, mientras que la cámara análoga (una Hasselblad de formato medio) funcionaba más bien como una acompañante en sus paseos y caminatas.
“My India no forma parte de esos encargos editoriales. Son fotos que quizás saqué durante un trabajo, pero no para el trabajo. Si estaba en Mumbai trabajando sobre la homosexualidad por ejemplo, las fotos que tomaba y que terminaron en el proyecto My India eran más personales”.
La serie se mostró por primera vez a partir de una invitación del River to River Florence Indian Film Festival en 2023. El director del festival, al saber que Rocco llevaba años viajando a la India, se interesó en conocer si existía algún trabajo más íntimo, alejado de sus encargos habituales. “Él sintió que el trabajo tenía ese toque personal, por eso el nombre es My India; es mi exploración personal del país. Pero también tiene, como te dije, esta idea de mirar la estética de un lugar y el impacto social del paso de lo rural a lo urbano”.
Hay un significado más profundo en estas imágenes, quizá precisamente porque nunca nacieron persiguiendo un resultado concreto. Y, sin embargo, terminaron siendo dignas de exhibición. Tras años dentro del oficio, Rocco reflexiona sobre el carácter inconmensurable de esta serie: una mirada vasta, pero al mismo tiempo atravesada por una fuerza muy distinta a la de sus historias editoriales, generalmente ligadas de forma más estricta al periodismo. Puede que su potencia radique justamente en esa falta de encasillamiento; en la posibilidad de sentir, a lo largo de décadas, la transformación de un paisaje y de su gente no desde el impacto inmediato, sino desde esas sutilezas breves que suelen escapar a quienes solo visitan un lugar de forma puntual.
"Por eso el nombre es My India; es mi exploración personal del país"
Por ende, aparece una sensación de suspensión, explica Rocco: imágenes que van más allá del tiempo y del espacio, “que crean una especie de puente entre el día y la noche, o entre estar despierto y dormido”, y que también dan cuenta de una libertad particular; en este caso, la India como un lugar paradójicamente menos controlado. Según observa, su estructura social permite una libertad de movimiento mucho mayor en comparación con Occidente.
“Es quizás esa libertad la que te da más capacidad para ir más allá de lo objetivo, de la realidad pura, y así tal vez perderse un poco en algo más abstracto, algo un poco más onírico” reflexiona.
Resulta extraña la familiaridad de ciertos rostros y gestos al observar estas imágenes desde el continente americano, pero quizá aquello también pueda explicarse por una identidad “compartida” entre todo aquello que permanece en los márgenes. Los ojos del Norte Global operan muchas veces como un epicentro sísmico: mientras más lejos se está de ese centro, más se diluyen ciertas realidades, sensibilidades y formas de habitar respecto de esa mirada que insiste en uniformar.
“En Italia, podrías encontrar estas situaciones si te perdés, quizás, en pueblos chicos o en algunas periferias. Pero, de lo contrario, estás atrapado en esta representación de una sociedad muy consumista, muy capitalista, que siempre muestra la misma cara y las mismas cosas. Creo que podés encontrar estos sentimientos, pero están más profundos, más ocultos”.
Así, manejando lejos del núcleo, parece posible instaurar con una cámara fotográfica una lógica similar a la de Los autonautas de la cosmopista: “Podés ir a Afganistán o a un pueblito cerca de tu casa y encontrar magia ahí también. Siempre cito ese enfoque: la dedicación al micro-espacio, pasar tiempo sobre un territorio y dejar que la creatividad tome el mando”.
Conoce más de su trabajo en @rocco_rorandelli



