A principios de los noventa, Arica fue sede para una de las primeras raves de las que se tiene registro oficial en Chile: el festival Eclipse. Diversos artistas del primer mundo electrónico bajaron hasta la península del Alacrán para colaborar con la música local, y es ese encuentro el que se convertiría con los años en uno de los mitos fundacionales de aquella escena nocturna cada vez más activa a lo largo del país. Espacios como La Perrera, Cianuro Tóxico y Salamandra son los que después les darían alojo a esos sonidos extraños pero cautivantes, en medio del panorama aún convulso por la clandestinidad obligatoria heredada de la dictadura.
Hoy, el legado de la música Club es diverso y sus representaciones han proliferado con el paso del tiempo, arrojadas a multiplicar las versatilidades en torno a la electrónica. Al proponer nuevas fusiones e imaginarios, la cultura del techno y sus derivadas se mantienen vivas y siguen trenzando su orgánica en los circuitos nocturnos de Chile y Sudamérica.
Una de estas nuevas y vigentes exponentes es Lilen (Iquique, 1999), que desde Iquique llega a la capital para hacerse escuchar a partir de un proceso creativo radicalmente personal y exploratorio.
“Me gusta ir variando, siempre buscar algo de lo que esté escuchando en el momento y traducirlo a mi estilo personal y mi forma de producir. Porque también son súper particulares los sonidos que me gusta captar, y al final siento que se siguen incorporando al mundo que trato de construir sonoramente”.
Sus influencias iniciales giran en torno a géneros muy diversos, tales como el Ambient, el Noise y el Metal electrónico, evolucionando luego hacia el Nightcore, la música Club… Y siempre fiel a seguir explorando nuevas distorsiones posibles de ese ultrabailable que le dicen. Porque claro, la constante mutación es muy propia de la identidad de su proyecto: ir generando sonidos que dialoguen con sus pulsiones actuales en torno a la música, a lo largo del tiempo.
Sin embargo, la propuesta de Lilen no gira solo alrededor de la experimentación musical, sino que también encuentra sus raíces en una profunda inquietud en cuanto a los imaginarios visuales que busca construir. Un proceso caracterizado por ser autogestionado e independiente, íntimo y fiel a una curiosidad personal que moviliza el desarrollo de su proyecto.
“A nivel visual, me gusta la idea de que todo funcione y tenga sentido en un mundo que estoy construyendo para cada canción”
En ese sentido, el lugar de aquella experimentación es central a la hora de valorar los diversos espacios que han ido apareciendo en la escena. Expresiones de la noche que sean versátiles e inviten a ser parte de experiencias distintas, donde la música se convierte en un espacio de búsqueda original y novedoso. Ella destaca la activación de organizaciones como Club Core, Sello Medio Oriente y Club Quimera por darle lugar a proyectos como el suyo y por compartir su inquietud en mover una música que sea distinta.
Porque si la música es otra expresión de las tangentes que caracterizan una época, entonces es relevante reflexionar en torno a las formas que ha tomado la escena nocturna en Sudamérica. La pluralidad de los nuevos sonidos que han ido apareciendo, así como reconocer las diversas colaboraciones que están sucediendo hoy entre actores de la música en nuestro territorio son aspectos que destaca.
“Saliendo hacia fuera me he dado cuenta de que la escena en Chile es súper resiliente (…), es bastante indie pero también hay electrónica, mucha electrónica. Y es muy interesante como vuelve eso también a una paleta sonora que está acorde a lo que está pasando en el mundo”.
“Saliendo hacia fuera me he dado cuenta de que la escena en Chile es súper resiliente (…), es bastante indie pero también hay electrónica, mucha electrónica”
Es así como en la música Club, escena y territorio confluyen y responden a la diversidad cultural latinoamericana, de manera que esa comunidad también pueda convertirse en un lugar de encuentro y acogida entre pares.
“La escena latinoamericana (…) es súper amigable y acogedora. (…) Me pasó cuando fui a Argentina, me pasó ahora cuando estuve en México, que se dan estas situaciones donde la gente de verdad mueve eventos y lo hace también por el amor de hacer esto, y siento que se transmite a lo largo de Latinoamérica. (…) Igual llegar a México es una situación que te abre a otras perspectivas, también entender cómo funciona la escena acá en Chile, compararla, saber cómo funciona la distancia en cuanto a las culturas… También cómo se rigen ellos dentro del club a partir de la cultura mexicana y cómo nos regimos nosotros a partir de la cultura y la historia chilena. Y todo eso tiene que ver con cómo se desenvuelven, al final, los eventos, las tocatas, la gente que produce”.
“La escena latinoamericana (…) es súper amigable y acogedora. (…) se dan estas situaciones donde la gente de verdad mueve eventos y lo hace también por el amor de hacer esto”
Respecto a las rutas que seguirá tomando su proyecto en miras de sus inquietudes actuales, Lilen valora, por un lado, seguir siéndole fiel a la exploración nuevos estilos que la estén interpelando en el momento, así como generar colaboraciones por el poder emergente que permiten los encuentros entre distintos artistas.
“En este momento estoy trabajando en un EP para el proyecto Lilen y en otro proyecto que estoy desarrollando llamado 240p, muy a la par, donde tiro cosas que funcionan en otra esfera y corresponden a lenguajes del sonido distintos. (…) La idea siempre ha sido –desde el comienzo del proyecto– el no quedarse quieta y siempre seguir buscando”.
Puedes seguir su trabajo en @lilen____
Escucha su mixtape en JOIA SOUND SYSTEM y su proyecto 240p aquí:



