Diseñar va más allá de la creación, también es tomar decisiones invisibles. Elegir qué se muestra, qué se omite y cómo se ordena una historia. Así funciona la obra de Sebastián Rodríguez-Besa (Santiago, 1985), un especialista en juntar piezas, crear relaciones entre elementos, para articular experiencias para otros.
El creador nació en una familia llena de artistas, arquitectos y diseñadores, así que estuvo conectado con su lado creativo desde temprana edad. En un principio la arquitectura e incluso la gastronomía se veían como opciones profesionales tentativas, pero fue el diseño gráfico lo que finalmente lo cautivó. Más que nada porque le “resultaba espontáneo hacerlo”.
Durante su etapa universitaria descubrió el diseño editorial, una disciplina que llevó su pasión al siguiente nivel. Mediante la creación de revistas y publicaciones encontró una nueva herramienta artística que, a través de fuentes y fotografías, servía para lo que quería lograr: crear narrativas.
“Las narrativas me interesan mucho. Me pasaba que al leer un artículo, leía una historia; al ver un libro de un artista, una retrospectiva, uno puede ver la idea lineal de un inicio y un final. Más allá de jerarquías, se diseñan maneras de leer”.
El trabajo de un diseñador editorial es clave para comunicar. Gracias a su trabajo las revistas tienen forma, ritmo y jerarquía. Su trabajo es transformar el contenido en propuestas legibles y coherentes. Un verdadero desafío donde la experimentación con colores, fuentes o interlineados es clave para llegar a propuestas atractivas.
Se trata de una labor que requiere de la toma de decisiones de manera constante. Cada proyecto tiene su propio equilibrio, donde imágenes y texto juegan un rol importante. En este sentido el artista señala; “el tratamiento de las imágenes, cómo se proyectan en la página, tiene que ver con comunicar. Finalmente el diseño es una manera de dar forma. Ahí está lo complejo y lo bonito, es una herramienta súper poderosa que genera convenciones entre personas”.
“El diseño es una manera de dar forma. Ahí está lo complejo y lo bonito”
Un ejercicio que lo ha motivado a pensar fuera de la caja, buscando nuevos métodos para comunicar de manera efectiva, ahí radica el desafío del diseño editorial: el pensar en cómo evolucionar el lenguaje, utilizando las herramientas editoriales de toda la vida: texto e imagen.
“Siempre hay elementos desconocidos en un proyecto. Hay que enfrentarlo y pensarlo de formas nuevas e interesantes. El mundo creativo está lleno de desafíos, cosas que nunca has hecho y que tienes que empezar desde cero”.
Sebastián ha construido un lenguaje propio a partir de la contención. Su trabajo se apoya en el minimalismo y la precisión, donde cada elemento cumple una función clara y nada más. Es un estilo editorial que es sobrio, pero efectivo. Su visión se basa en el uso consciente de los elementos gráficos, teniendo a la tipografía como eje central. En sus proyectos juega con el tamaño de las fuentes, su relleno y colores, siempre teniendo en cuenta la composición y el ritmo.
Un elemento destacado es el uso de los espacios en blanco. Los márgenes y distancia entre bloques de texto logran que sus diseños sean piezas relajadas y fáciles de leer, donde cada componente tiene su lugar. La narrativa la construye a través de esta composición precisa, y no desde el exceso de elementos.
“En mi trabajo trato de usar lo más básico posible. Me parece interesante cuando tienes la menor cantidad de elementos en un proyecto; eso te empuja a explorar más en composición y layout usando pocos elementos”.
“Me parece interesante cuando tienes la menor cantidad de elementos en un proyecto; eso te empuja a explorar más en composición y layout usando pocos elementos”
Un enfoque minimalista que se ha convertido en su sello y que lo ha llevado a vivir y trabajar fuera de Chile hace más de diez años. Durante su estancia en Nueva York ha trabajado con grandes clientes como las revistas Medium y Telescope, marcas deportivas como Lululemon o Adidas y con firmas de tecnología como Runway. Actualmente se desempeña en el brand design studio de Shopify.
Es esta misma noción la que ha aplicado a la pintura, pero desde una perspectiva muy distinta. Si en el diseño busca crear mundos narrativos, es con lienzos y pinceles donde construye su propia historia. Son trabajos que no funcionan cómo un servicio para alguien más, sino que la mera exploración de su ser. Dos disciplinas con un autor en común, pero que están completamente separadas en el mensaje que quieren entregar.
Según cuenta, esta disciplina siempre estuvo en su vida, pero de manera oculta. De hecho, el propio Sebastián se autodefine como un “pintor en secreto”. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que la pintura tome un papel protagónico dentro de sus procesos creativos. Más que un ejercicio de relajación o de ocio, es la forma más efectiva de conectarse consigo mismo.
A pesar de estar alejadas, estas dos disciplinas tienen algo en común: la curiosidad. La inspiración para Sebastián proviene de su cotidianidad: en un paseo de vuelta a casa o simplemente en el intercambio de palabras con alguien que se dedique a algo completamente diferente.
“Ambas prácticas no están conectadas; están muy lejos una de otra. La pintura me da un espacio personal, íntimo, un espacio de la memoria. El diseño es un servicio, es para otro; el trabajo de pintura es para uno. Es un ejercicio del recuerdo. Ahí está el concepto: la memoria”.
Finalmente, los trabajos de Sebastián Rodríguez-Besa parten con un mismo propósito inicial: construir historias. Ya sea de lo íntimo de la pintura o desde lo masivo en publicaciones escritas, su práctica se mueve el territorio intermedio entre ordenar y dejar espacios abiertos para que otros naveguen. Un arte silencioso, pero necesario para entender como se construyen los relatos que consumimos día a día.
Conoce más de su trabajo en @RodBesa y en www.sebastianrodriguez.ch



