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ANOMALÍAS DEL ÍCONO: DANIEL GUAJARDO

Daniel Guajardo (Quillota, Chile, 1998), artista visual y profesor, tiene una atracción por las imágenes desde que tiene memoria. Recuerda haber crecido en una «familia musical»: la casa estaba llena de equipos y se escuchaba mucha música. Su papá también era sumamente melómano, por lo que creció viendo videos musicales de música industrial, electrónica y new wave. A esos sonidos se sumaban los videojuegos bootleg o derechamente piratas, muy populares durante las infancias en América Latina, como Somari, Sonic Jam y World Heroes; esta era nuestra forma de acceso a la cultura globalizada. Ese fue el caso de Daniel, quien, al crecer en un territorio rural, pasaba largas horas frente a la consola de videojuegos: «los veranos con mi hermano llevábamos la PlayStation y jugábamos todo el día en la casa de mi abuela».

Ocurría algo fascinante en aquella época, cuenta Daniel, ya que dichas imágenes comenzaban a filtrarse también en su mundo onírico; su inconsciente se iba modelando a medida que estos íconos entraban como destellos opacos; «desde que tengo conciencia me atraen demasiado las imágenes… era muy sensible a ellas, entonces veía una y podía soñar muchos días con ella; me podía causar repulsión y fascinación al mismo tiempo».

Hoy, dando un salto temporal hacia su adultez, nos encontramos en su segunda muestra individual en la galería Isabel Croxatto en Santiago de Chile, y es justamente este imaginario el que se imprime en la muestra a través de sus dibujos hechos con carboncillo.

Daniel comenta que siempre supo que quería ser artista; desde muy pequeño las imágenes eran algo a lo que era extremadamente susceptible, cautivándolo. A partir de ello comenzó a interesarse en la estética pop y en el paisaje globalizado para transformar estos símbolos. Así, hoy como artista explora las posibilidades plásticas que tienen los íconos, no precisamente desde la nostalgia, sino desde su eventual deformación.

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Hay algo de antropofagia en tomar estas figuras para devorarlas y luego regurgitarlas para convertirlas en algo familiar dentro del espacio del cuadro. «En ese proceso siempre aparecen otras cosas, y son cosas que estoy sintiendo también en el momento, pensando en el momento, los referentes que estoy viendo. Entonces, claro, para mí estas imágenes yo las tomo como un reflejo cultural, como una cosa que surge cien por ciento de una expresión cultural contemporánea«. Crecer en un mundo globalizado en Latinoamérica es totalmente diferente a consumir estas figuras desde la imagen pulida, gringa y capitalista. En el minuto en que el original ingresa a nuestro territorio se abre una especie de túnel, un mundo paralelo donde el ícono tiene un nombre pronunciable que podemos saborear desde nuestra lingüística; adquiere otras tonalidades e, incluso humor. La ironía aparece y desestima burlescamente al canon resplandeciente del Norte: la imagen se vuelve un tanto monstruosa, abigarrada, pierde su brillo.

Daniel relata una experiencia que da cuenta de ello. En su imaginario habitan las películas de Pixar o los superhéroes de Marvel, por ejemplo; es decir, las cosas o los objetos «oficiales». Sin embargo, en el minuto en que uno los encuentra en las ferias de los domingos, aparecen en sus versiones piratas. «Entonces, en el universo en el que yo trabajo también se mezcla todo, también se mezcla esa tensión entre lo oficial y lo no oficial, y en esas expresiones culturales que son de forma».

“En el universo en el que yo trabajo también se mezcla todo, también se mezcla esa tensión entre lo oficial y lo no oficial, y en esas expresiones culturales que son de forma"

Durante su etapa universitaria trabajó deformando algunos de estos íconos, como Michael Jackson, por ejemplo, pero esculpiéndolos con materiales «bastardos»: cartón, escombros y cinta de embalaje, entre otros. Esto supuso también un guiño al trabajo del artista mexicano Melquiades Herrera, cuya obra se basa en la recolección de objetos recuperados en ferias libres pasados por varios filtros: su carácter escultórico y su deformación en comparación con el original.

Dentro de esta misma exploración, Daniel comenta que su modus operandi de «pensar con las manos» fue, en primera instancia, a través de la pintura. Creó múltiples óleos que buscaban desdibujar los límites entre el original y su copia, sumergiéndonos al mismo tiempo en sus anomalías, como en Smurf bug (2025) y Chaos Land I, II y III (2024). Hubo varios eventos que encaminaron a que estas distorsiones de los íconos se volvieran el centro de su investigación gráfica.

En primer lugar, comenzó a dibujar los videojuegos antiguos que buscaba en YouTube; pero el hito decisivo ocurrió en el laboratorio del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, donde le tocó adentrarse en el archivo del historiador chileno Miguel Rojas-Mix.

Rojas-Mix es conocido por su libro América Imaginaria, donde narra a través de material iconográfico cómo Europa veía a América a partir de las crónicas coloniales. Daniel, sin embargo, se adentró en la selección de cómics de Disney del autor, donde estos personajes se ambientan más bien en escenarios de nuestro territorio. «Hay unos que hablan sobre la aventura que tiene Minnie Mouse con el rey de la Patagonia», comenta el artista, añadiendo que, al ser muy poco metodológico, ver este archivo lo ayudó a soltar la mano.

«Me puse a dibujar. Me puse a hacer nomás. A soltar monos que tenía del archivo de Rojas-Mix o monos míos. Empecé a mezclarlo todo. Y de ahí salió este primer dibujo».

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Tomando como inspiración el bestiario de El Bosco en cuanto a la disposición y convivencia de los distintos seres que va combinando, señala sobre uno de los dibujos en la galería: «Este es como un bootleg de Nobita. Un mono de Doraemon. Al lado también aparece el de una webserie chilena de los 2000 que se llama aweonao.tk. Este fue como el primer dibujo hecho a partir de retazos de papel, de cosas que me sobraban. La verdad es que no sé cómo llegué a hacer esto. Este dibujo me encanta», refiriéndose a la obra Paraíso de Segunda Mano (2026). 

"Este es como un bootleg de Nobita. Un mono de Doraemon. Al lado también aparece el de una webserie chilena de los 2000 que se llama aweonao.tk. Este fue como el primer dibujo hecho a partir de retazos de papel"

Después pasamos a una obra donde extrajo los dibujos de un libro escolar, posicionándolos en un mapa invertido de América Latina (en un guiño a Joaquín Torres García) e imaginando historias paralelas para estos personajes en Independencia Cultural (2026). Allí también aparece la figura del colonizador español Pedro de Valdivia, pero compartiendo en el mismo ecosistema con Ponchito, un personaje chileno. Para el artista, aquí el semblante del cuadro se vuelve identitario: la imagen adquiere un carácter híbrido y es la anomalía la que resulta reluciente y, por ende, familiar.

Finalmente, Daniel reflexiona nuevamente sobre el elemento del humor en su obra. Crecer en un paisaje globalizado plagado de estas deformaciones provoca que los símbolos se tensionen desde la risa, lo que permite abrir otras interpretaciones y nuevos mensajes. Así como los colonos llegaban a Europa describiendo a Latinoamérica como una pesadilla lúcida, siglos más tarde estas alteraciones siguen tomando forma entre nosotros; solo que esta vez somos nosotros quienes re-imaginamos y materializamos a los íconos hegemónicos: deformándolos y destruyéndolos a nuestra pinta.

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Problematizar estas imágenes y hacer experimentos en el taller es una de las formas de desbaratarlas para, solo así, «llegar a esa noción de pesadilla», comenta el artista.

Conoce más de su trabajo en @danielguajardor y en Isabel Croxatto Galería 

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