El pincel contra la máquina: Bryan Yonki

“El mundo físico con el que interactuamos tiene que ver mucho con cómo nos sentimos frente al mundo”, afirma hoy, sin titubeos, el artista Bryan Yonki (Puente Alto, Chile, 1989). Al remontarnos a los orígenes de esta afirmación, que surge casi como un mantra, notamos que esto no siempre fue tan claro. Fue el Santiago de los años 2000 el que dejó la semilla que hizo florecer su oficio y expresión artística actual: el rotulismo, la técnica de pintar letreros a mano utilizando pintura y pincel.

Bryan comenta que creció en un ambiente más bien precario en las periferias santiaguinas. Allí, los grafitis y elementos de la cultura popular (como un Bob Esponja colgando de un carrito de completos o los tags de los grafiteros de la zona) fueron el arte que conformó su imaginario durante sus primeros años de vida. Recuerda que diariamente hacía sus recorridos a la básica, y más adelante al liceo, en las famosas micros amarillas pintadas a mano. El 10 de febrero de 2007, estas máquinas de transporte con una identidad viva y característica de la urbe fueron desapareciendo paulatinamente. Ese día entró en vigencia el plan Transantiago (hoy Red Movilidad), que vino a reemplazar un sistema histórico y a dejar en la oscuridad el oficio que traía consigo: el pintado a mano de estas máquinas, extinguiendo una tradición y afectando a quienes por años se dedicaron a pintar estos característicos autobuses.

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Bryan recuerda haber notado aquel cambio, y como muchos chilenos, daba por sentada la experiencia identitaria que nos otorgaban las micros, las cuales llenaban la ciudad de aquel amarillo mostaza en miles de pinceladas a medida que transitaban, contextualizándonos. Esta decisión de homogeneización cultural contribuyó a des-situar cada vez más a los ciudadanos; con las micros de hoy, podríamos estar en “cualquier ciudad”.

“He estado rodeado de letras pintadas a mano toda mi vida escolar. Y cuando desaparecieron, recién las valoré. Es común que pase esto con los oficios: de repente están tan presentes y, cuando empiezan a desaparecer de a poco, es cuando la gente los empieza a notar”.

Para entonces, Bryan ya se había iniciado en el graffiti y participaba de la escena punk y hardcore, donde ser contestatario y reclamar contra el sistema apuntaba a desafiar también lo que se consideraba bello. Así, pese a estudiar Psicología, una carrera tradicional, era siempre el encargado de hacer cualquier labor artística entre sus compañeros: pintar murales o hacer lienzos, por ejemplo. Con las micros amarillas impregnadas aún en la retina, comenzó a fijarse en los pocos carteles pintados a mano que quedaban en Santiago, poniendo ojo en los detalles, en las tipografías locales y, sobre todo, en cómo lo artesanal transmitía un grado de sensibilidad mayor que cualquier letrero impreso en vinilo. Casualmente, el dueño de un local de burritos donde almorzaba en el Barrio República decidió probar suerte con él y le dio su primer trabajo como rotulista, aunque en ese momento Bryan aún no sabía que esto se convertiría en su profesión.

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“Es común que pase esto con los oficios: de repente están tan presentes y, cuando empiezan a desaparecer de a poco, es cuando la gente los empieza a notar”

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“Lo hice probablemente con la pintura y los pinceles incorrectos, sin tener acceso a los materiales ni al conocimiento. Pero él me dio esa oportunidad porque vio que yo tenía cierto interés o talento con las letras. Entonces de ahí fue como: ‘Ok, veo que este arte o este oficio tiene una veta comercial’. Hay gente a la que le interesa porque le ayuda a promover su negocio de una forma distinta, que no es con un sticker en su ventana. Ciertas personas entienden la diferencia que eso produce en la experiencia del consumidor; cuando alguien va a tu local, la experiencia es muy distinta si tienes un sticker impreso o si está pintado a mano”.

Los ojos se le abrieron cuando se trasladó a Los Ángeles. Allí, muchísimos letreros de locales estaban pintados directamente sobre los muros. De hecho, hay un instituto que lleva más de cien años protegiendo el oficio y, al igual que en Buenos Aires, la pintura a mano está protegida como Patrimonio de la UNESCO, originando así el resguardo de esta tradición. Pero en Los Ángeles ocurría algo muchísimo más interesante: este oficio no se vendía como algo antiguo o vintage, sino como una práctica donde la dedicación y lo hecho a mano se valoraba, ayudando también a promover los locales con una experiencia distinta.

“El oficio estaba modernizado, había evolucionado, se sentía fresco. Tú podías ir a una tienda de ropa súper cara y ahí iba a tener un letrero pintado, ¿cachai? Porque el letrero pintado tiene mucho más valor que un sticker. Y en Los Ángeles, sobre todo, que es una ciudad gigante, cosmopolita, y donde la gente entiende el rol de la imagen, de la estética. El rol de adornar un espacio para generar un sentimiento en la gente se notaba”.

 

“El oficio estaba modernizado, había evolucionado, se sentía fresco (...) el rol de adornar un espacio para generar un sentimiento en la gente se notaba”

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En Estados Unidos, comenta Bryan, hay una frase muy popular que le resonó, la cual establece que «como haces una cosa, las haces todas», continúa …“Entonces, si tú tienes un menú con IA y un sticker en la ventana, y tienes un restaurante… pienso: yo ya sé lo que está pasando en la cocina”.

Al llegar a Estados Unidos, un supermercado le llamó la atención ya que todos los precios de los productos estaban hechos con tiza. Como necesitaba trabajar en ese nuevo país, se ofreció para el empleo y lo obtuvo. Cuenta que fue la mejor práctica, ya que debía pensar rápidamente en un ícono para cada alimento y hacer el precio en formato letrero, que fuera legible pero al mismo tiempo artístico.

A raíz de ello, comenzó a invertir en workshops con maestros rotuladores de Los Ángeles. Como ya había estudiado casi siete años en Chile, prefirió tomar la ruta autodidacta por practicidad y economía. Lo que quería era pintar con pincel, así que fue probando suerte: salía en bicicleta a pegar trescientos afiches de «se pintan letreros a mano» bajo el nombre Well Done Signs (letreros bien hechos, en español). De esos trescientos afiches, recibía unas cinco llamadas, de las cuales tres se convertían en encargos. Estuvo así un tiempo, haciéndose de a poco un nombre a medida que se corría la voz.

Luego de unos meses, renunció al supermercado. Tenía la agenda llena para los siguientes dos meses y se arriesgó con la esperanza de poder mantenerse sobre la marcha; y así fue. Armó su taller en una esquina de su departamento y empezó a compartir su trabajo a través de Instagram.

Hoy, casi diez años después de estas anécdotas, Well Done Signs se ha robustecido y trasladado a Portland, Oregon. Allí tiene un espacio físico (mitad tienda, mitad taller) donde atiende al público y a sus clientes. Pero con el afán de retribuir a la comunidad y seguir transmitiendo este oficio, en 2018 comenzó a impartir talleres en formato workshop de dos o tres días, moviéndose por distintas ciudades de la costa oeste como San Francisco, Seattle y Portland.

En sus clases, algunos conocimientos de sus días estudiando Psicología aún afloran, como la pedagogía del brasileño Paulo Freire: no ver al estudiante como un contenedor vacío donde el maestro deposita información, sino entender que el aprendizaje se genera más bien a partir de la relación y la experiencia colectiva. Los talleres funcionan también como un espacio para hacer frente a ciertos tintes de la cultura estadounidense, donde reinan el individualismo y el capitalismo. Bryan enseña a ver al otro artesano no como competencia, sino como comunidad; más bien como un colega. Por lo mismo, insta a evitar el gatekeeping (la práctica de guardarse en secreto los datos del oficio).

“Yo me subí al tren de estar en contra del gatekeeping, porque, al mismo tiempo, como inmigrante acá, aprender este oficio me permitió ganarme la vida de forma honesta, ¿cachai? Es lo único que he hecho en los últimos diez años. O sea, todo lo que hago para ganarme el pan ha sido con el pincel”.

“Todo lo que hago para ganarme el pan ha sido con el pincel”

En sus talleres, trabajar con las manos lejos de las pantallas también se ha vuelto crucial. A Bryan le interesa que la gente se atreva a intentarlo, abrazando esos procesos lentos que conllevan muchos errores al principio. Esa misma reflexión la traslada a los productos o merch de Well Done Signs; por ejemplo, con el lema «To resist AI and Vinyl» (Resistir a la IA y al vinilo), una declaración de resistencia frente a la inteligencia artificial y los letreros impresos, reivindicando así el valor del oficio manual.

De hecho, durante los siete años que vivió en Los Ángeles, se dedicó a fotografiar letreros de distintos barrios, inicialmente solo para guardarlos en su celular como fuente de inspiración. Más adelante, una vez que se mudó a Portland, se dio cuenta de la importancia de aquellos registros y sintió la necesidad de que esa identidad cultural sobreviviera en alguna parte. Casualmente, uno de los estudiantes de sus workshops se ofreció a ser el editor del proyecto, y un año y medio después, el fotolibro Hand-Painted in LA: Some Los Angeles Signs vio la luz.

De este modo, el rotulismo se ha bifurcado hacia otros ámbitos en su carrera, como el mundo editorial y las artes visuales. Mirando al futuro, Bryan se encuentra desarrollando su propia obra gráfica. En ella suele utilizar dos o tres colores (en su mayoría primarios), dejando un espacio abierto a la experimentación y a su propio gusto, sin la obligación de responder a ningún cliente.

Además, disfruta mezclar elementos de la cultura chilena con la estadounidense. Los moteles, por ejemplo, están muy presentes en su obra: mientras que en Estados Unidos son simplemente lugares de paso (típicos de las carreteras o incluso viviendas transitorias), en Chile tienen una connotación más bien sexual y hasta cómica. Al jugar con esto, ambos públicos interpretan mensajes distintos y Bryan logra situarse justo en el medio. Seguir tensionando conceptos, tanto de forma irónica como política, es algo que quiere continuar haciendo con el pincel.

Conoce más de su trabajo en @bryan.yonki @welldonesigns 

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