La juventud es ese momento de explosión química y arrojo hacia la experiencia, hacia los encuentros de todo tipo con eso llamado vida. Contradicciones y tensiones, amor y odio, paz y caos, son algunos de los estados y modos del vivir cuando se es adolescente. Por eso la vida, bajo ese cuadro, parece fluir en movimiento rápido, en éxtasis y también en tropiezos, todo al mismo tiempo. También es el momento de estar en contra de la autoridad, de los padres, de la ley, de las normas. «Contra toda autoridad, menos la de mi mamá», recuerdo esa frase desde un graffiti que una vez vi circular en imagen por RR.SS.
Ser joven en Colombia no es fácil, y menos si te toca ser joven en Fusagasugá, un pueblo-ciudad de 300 mil habitantes a las afueras de la gran Bogotá. En este lugar la sociedad es conocida por su fuerte conservadurismo y punitivismo. Aquí dos grupos opuestos se encuentran: por un lado personas mayores, muchos jubilados que vienen a continuar su vida después de una vida de trabajo, y grupos de jóvenes que recién comienzan a conformarse como adultos, abrirse al mundo, encontrar su lugar y armarse un futuro posible.
La construcción de un skatepark, originalmente parte de un proyecto mayor que nunca se completó, fue interpretada por muchos jóvenes como la posibilidad de abrir un espacio de libertad. Grupos masivos de personas comenzaron a ocuparlo incluso antes de que estuviera terminado. Steven Moreno (Fusagasugá, Colombia, 2001) fue uno de ellos, aunque no llegó con una bici o una tabla, sino con una cámara fotográfica.
“Llegué por coincidencia en pleno Paro Nacional del 2021. Vi a un grupo de chicos con chaquetas de cuero y cabello tinturado entrando al skatepark. Decidí entrar y ya no salí. Fusa es un pueblo que juzga a los jóvenes por todo. Además, aquí el no futuro es constante porque naces, creces, vas al servicio, con suerte compras una moto y haces domicilios. El skatepark significaba un respiro. No fui a fotografiar skaters, sino jóvenes de Fusa. Eso me mantuvo dos años”.
Quedó fascinado con los cuerpos, pero también enganchado al lugar y su contraste entre el paisaje de cemento y la naturaleza, el gris y el verde. El skatepark, emplazado en un descampado accesible por una larga trocha, fue el escenario de sus registros entre 2021 y 2022. Su manera de fotografiar no dependía únicamente de la observación, sino también del conocimiento de los cuerpos y del uso del espacio. Después de dos años de permanencia constante, su cuerpo había incorporado los ritmos del skatepark.
“Dentro del skatepark me mostraba fluido y tranquilo con las personas. Esa correspondencia me permitía cierta facilidad en el acercamiento al retrato. Mi cuerpo ya sabía un poco dónde hacer la foto. Como es un skatepark, tienes que estar muy pendiente de no interrumpir, de no atravesarte en el camino de los demás. Con el tiempo, el skatepark se me hizo como mi casa, como cuando estás a oscuras y ya sabes dónde están las cosas. Así se sentía”.
“Con el tiempo, el skatepark se me hizo como mi casa, como cuando estás a oscuras y ya sabes dónde están las cosas”
Las personas que Steven retrató conformaban grupos profundamente diversos donde convivían múltiples formas de ser. A simple vista se reconocían skaters, raperos, punks y metaleros, por nombrar algunos, todas tribus urbanas de larga historia conocidas en todas partes. Sin embargo, en medio de esa diversidad, hubo un grupo que llamó especialmente su atención: los llamados NEAS, un grupo rebelde que no necesariamente constituye una tribu.
“El término nea es una simplificación de la palabra que se usa mucho en Colombia que es gonorrea. Puede ser tu amigo o puede ser tu enemigo, pero sobre todo es un insulto. De pasar de gonorrea a gorronea, a nea, ese tránsito y ese mutar de la palabra terminó usándose para referirse a personas que se ven más choras, como más vándalos. Neas son jóvenes de la vida un poco más de barrio, marginales, callejeros. No creo que los NEAS sean una tribu urbana. La tribu urbana tiene organización, un reconocimiento”.
Para Steven, todos los cuerpos que fotografía nunca son superficies neutras. En ellos permanecen inscritas experiencias, dolores y decisiones que difícilmente podrían narrarse únicamente con palabras. Por eso su mirada se clava en tatuajes, piercings y cicatrices que funcionan como rastros visibles de trayectorias personales.
“El tatuaje es una cicatriz. De hecho, se trata de eso, pero antes de ser cicatriz fue herida, y antes de ser herida fue esa cosa que te hirió. Entonces creo que el tatuaje no es solo como eso que está visiblemente en la piel, sino tiene como toda una línea cronológica de cosas que tuvieron que ocurrirte para que lo lleves ahí en la piel”
Durante los dos años de trabajo, Steven se hizo conocido en el skatepark, lo que facilitó su labor como fotógrafo. Algunos se dejaban retratar sin problemas, otros se negaban, pero había un personaje que llamó especialmente su atención. Tras muchos intentos, logró concretar el encuentro fotográfico con él. Uno de los episodios más significativos ocurrió con Cúcuta, un conocido traficante de drogas del lugar, a quien no necesariamente le interesaba ser retratado.
“El tatuaje es una cicatriz. De hecho, se trata de eso, pero antes de ser cicatriz fue herida, y antes de ser herida fue esa cosa que te hirió”
“Una noche, ya muy tarde, seguía en el skatepark. Había varios chicos, y entre ellos estaba Cúcuta. Vendía drogas y fumaba con ellos. Me acerqué y le dije: «Parce, usted nunca se ha dejado fotografiar por mí». Él me miró y respondió: «No, pues hágale, sáqueme una foto». Le dije que solo una. Llevaba una gorra. Me puse frente a él, me dijo «tómela ya», se levantó la gorra y la volvió a bajar. En ese instante disparé. La foto a Cúcuta el traficante quedó un poco movida, pero su mirada era de puto demonio, del diablo. Años después me lo topé como reciclador en Bogotá”.
Actualmente, el proyecto NEAS está concluido como archivo fotográfico. Steven ya no frecuenta el skatepark: hubo un cambio de personas y de códigos, y ya no es posible acercarse a los cuerpos ni al registro con la misma fluidez. Su interés ahora se ha centrado en exhibir el trabajo en Fusagasugá, donde nunca ha podido mostrarlo, a pesar de haber sido expuesto en lugares como Chile y España. También está intentando materializarlo en un fotolibro, mientras desarrolla nuevas investigaciones vinculadas al archivo familiar.
Conoce más de su trabajo en @cayenos



