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57 años después, el clásico cambia de contexto: la adidas Superstar aterriza en el Teatro Municipal

Hay espacios que condensan historia. Lugares donde el tiempo no solo pasa, sino que se siente entre sus expectadores. El Teatro Municipal de Santiago es uno de ellos: escenario de memorias colectivas, de gestos fundacionales para la música y las artes en Chile, pero también un símbolo de institucionalidad cultural que sólo en algunas oportunidades dialoga de manera directa con los códigos de la calle.

Esa tensión (entre tradición y contemporaneidad, entre patrimonio y cultura urbana) fue precisamente el territorio que adidas decidió activar en una nueva celebración de la silueta Superstar. A 57 años de su lanzamiento, la zapatilla vuelve a situarse como plataforma narrativa para explorar cruces entre identidad, estética y música, esta vez en una noche que buscó reunir el peso de la herencia global con la vitalidad de la escena local sudamericana, específicamente en Chile.

La elección del Teatro Municipal no fue casual. Constituyó tanto un gesto escenográfico como una declaración simbólica: si Superstar es un clásico vivo, su celebración debía ocurrir en un espacio igualmente clásico. “Pensamos: ¿cómo celebrar un clásico? ¿Cuál es el espacio más clásico donde se celebra la música en Chile? Obviamente el Teatro Municipal. Toda esta historia converge con la historia de Superstar, una zapatilla que siempre fue evolucionando con la cultura, de la misma manera que el teatro siempre tuvo sus puertas abiertas para recibir a la gente, la música y el arte”, explica Caio Lacerda,  gerente de marketing de Originals.

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“¿Cómo celebrar un clásico? ¿Cuál es el espacio más clásico donde se celebra la música en Chile? Obviamente el Teatro Municipal. Toda esta historia converge con la historia de Superstar”

Desde su origen en el deporte hasta su consolidación en la cultura popular, la trayectoria de adidas ha sido descrita internamente como un recorrido circular: de la cancha a la calle, de la calle al escenario y nuevamente a las personas, a la comunidad que las lleva a diario. En esa lógica, el evento funcionó como un punto de convergencia donde los relatos globales de la marca —reforzados por los rostros de la campaña con figuras como Samuel L. Jackson, Black Jennie o Kendall Jenner— dialogaron con artistas que hoy están definiendo el presente urbano chileno.

Princesa Alba, AKRIILA y Facebrooklyn fueron invitados a habitar este cruce. Tres propuestas distintas, pero atravesadas por una sensibilidad común: la comprensión de que la música ya no se define solo por lo que se escucha, sino también por cómo se ve, cómo se habita y cómo circula dentro de la cultura.

Para AKRIILA, la experiencia de intervenir un espacio históricamente asociado a las artes clásicas reveló una de las claves de la contemporaneidad cultural. “Me gusta que se mezclen estos espacios. Soy una persona que disfruta mucho combinar lo moderno con lo que no lo es. Estábamos probando sonido y era muy lindo ver un lugar así, tan cuidado y tan histórico, con música distorsionada, que rompe, que es ruido. Eso es lo más lindo para mí”.

Su propuesta estética (marcada por un fuerte hincapié en lo visual) encuentra en la moda un lenguaje paralelo a la música. “A mí me gusta mucho lo visual, entro por los ojos. Creo que cómo uno se viste es un lenguaje súper importante. Por eso me interesa ser parte de esta mezcla entre lo que hago y la Superstar, comenta. Esa relación también se extiende a la forma en que entiende las colaboraciones con marcas: “Con adidas siento que hay mucha libertad. Siempre estamos conversando sobre lo que me gusta a mí y lo que quieren ver en mí, pero sin presión. Eso hace que todo se sienta orgánico”.

Una percepción similar brota del relato de Facebrooklyn, quien subraya el impacto simbólico que tiene para los artistas urbanos ocupar escenarios históricamente asociados a otras disciplinas. “Es muy lindo que no se nos mire en menos. Los artistas urbanos no hacemos solo una cosa, entonces que nos ofrezcan un espacio así para mostrar nuestro arte lo encuentro genial, afirma.

En su caso, la conexión con la silueta Superstar se manifiesta desde la personalización y la experimentación. “Es una zapatilla icónica, súper original, pero que también te da espacio para modificarla. Yo mismo modifiqué las mías. Eso tiene mucho que ver con mi música: siempre estoy cambiando, explorando, haciendo cosas nuevas”. La colaboración, agrega, también tiene una dimensión emocional vinculada a la memoria generacional: “Mucha gente crece viendo estas marcas desde el deporte, viendo a sus ídolos. Estar ahora con una marca así es como el sueño del pibe. Siento que mi público también lo vive así”.

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“Es una zapatilla icónica, súper original, pero que también te da espacio para modificarla. Yo mismo modifiqué las mías. Eso tiene mucho que ver con mi música: siempre estoy cambiando, explorando, haciendo cosas nuevas”

Si en estas voces aparece la idea de legitimidad, en el discurso de adidas se vuelve un concepto estructural. Para  Jaime Ybarnegaray, gerente de marketing SR adidas Chile, el desafío central es construir relatos coherentes con la historia de la marca y al mismo tiempo significativos para las nuevas audiencias. “Siempre buscamos contar buenas historias, y tienen que ser legítimas. Si no lo son, la audiencia lo percibe. Superstar tiene consistencia porque se construyó a lo largo de muchos años de cultura y herencia.

Esa consistencia se vuelve particularmente visible cuando la narrativa global se conecta con contextos locales. Somos una marca global que piensa localmente. Queremos ser una plataforma para exponer talentos chilenos al mundo a través de nuestras siluetas y nuestros outfits”, señala.

En ese sentido, la presencia de Princesa Alba operó como un puente entre distintas generaciones. Su trayectoria (que ha transitado desde códigos streetwear hacia una estética pop cada vez más definida) le permite leer el vínculo entre moda y música como un proceso evolutivo. “Partí muy urbana y después me fui haciendo más pop, pero siempre me han gustado los clásicos. Me encanta cuando algo es reconocido por todos, como las Superstar, pero al mismo tiempo se renueva con nuevas versiones”, explica.

La artista también destaca el valor emocional de habitar un espacio cargado de memoria cultural. “Cuando salí a la prueba de sonido sentí algo muy especial: como si toda la gente que ha tocado o bailado aquí dejara su huella. Es una experiencia que nunca voy a olvidar”.

Más allá de los discursos, la noche se desarrolló en una atmósfera cuidadosamente diseñada. Instalaciones visuales, proyecciones fotográficas y una curaduría sonora que transitó entre sets en vivo y sesiones de DJ construyeron un entorno donde la silueta Superstar aparecía multiplicada como signo. La asistencia de la comunidad adidas permitió una experiencia más contemplativa, donde los códigos de vestuario se respetaron y las performances personales adquirieron protagonismo.

El cierre a cargo del dúo Aeróbica y la intervención en formato sinfónico de Princesa Alba reforzaron la sensación de estar frente a un experimento sonoro dentro de una puesta en escena poco habitual para la cultura urbana: un momento en que las jerarquías tradicionales entre lo clásico y lo contemporáneo parecieron suspenderse temporalmente.

Queda claro que cuando la cultura urbana entra en un espacio cargado de historia, no solo ocurre un evento: se amplían las formas de habitar y entender ese lugar, esta vez en el marco de los 57 años de las Superstar.

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