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Facundo Pozo, detrás de Atelier 99

  ¿Quién es Facundo Pozo?

  Amigo, hermano, hijo. Creador.

  ¿Creador de qué?

  De cosas lindas po’.

A solo pasos de la casa de su madre, Facundo Pozo Gangas (Santiago,1999) trabaja en nuevos proyectos desde hace más de siete meses. Ha vivido toda su vida en San Miguel, y asegura que así seguirá siendo por mucho tiempo más. Se mantiene cerca de su familia y su grupo de amigos es reducido.

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Facundo Pozo es el creador de Atelier 99, marca de ropa que ha destacado por el uso del negro, tipografías conocidas y cristales. Hasta ahora, productores musicales, djs reconocidos de la escena nacional y artistas como Marlon Breeze, Young Miko, Francisca Valenzuela y Akriila, han ocupado el logotipo “ATELIER” en fotos, eventos o algunos de sus videos. España también usa Atelier: en su primera visita a Chile, mucho antes de presentarse en La Chismoteka, Bb Trickz posaba con un gorro Atelier 99. En otra foto, levanta una polera negra con los cristales distintivos al lado de Pedro Rodríguez, el creador de Wear Pedritos. También Morad, quien en su segunda visita a Chile se llevó una polera intervenida con un MDLR y el fantasma, ahora icónico, en la espalda.

 Sin embargo, la producción de Atelier aún está lejos de ser masiva. Si bien circula una gran cantidad de prendas entre la gente, no es un producto de fácil acceso porque todo es por encargo o de acuerdo a un stock bastante limitado, que generalmente se agota de inmediato por medio de historias de Instagram. En Marketplace de Facebook hay reventa de algunos de sus productos: “talla S ajustado”, “ofrecer permute”. Otros se pueden – o podían– encontrar en los comentarios de las publicaciones de su página de Instagram: “tengo una L”, “tengo el negro talla S barato”, “tengo el blanco en M”.

Facundo Pozo es alto y flaco. En nuestras primeras conversaciones siempre está bien afeitado. Con el tiempo, se deja un bigote delgado. La elección de su nombre no fue fácil para sus padres. Facundo, por el actor argentino Facundo Arana, lo eligió su mamá. Su papá tenía otras ideas: Jacinto, Hortensio. “Mi mamá obviamente le dijo que no me iban a poner así”, dice. Finalmente llegaron a un acuerdo: Facundo Leandro. 

Facundo Leandro Pozo Gangas me espera con una sonrisa en la entrada de su casa, que encuentro luego de cruzar un gran portón negro, un par de pozas de agua y dos niños jugando a la pelota que me saludan como si fuera un vecino más.Me recibe afectuosamente y me presenta a dos de los cuatro gatos que habitan su hogar. Uno es gris, enorme, y el otro blanco de ojos verdes.

-¿Tomas café?-

 Pese al frío de julio usa sandalias negras Nike Air con calcetines largos y un conjunto característico Atelier 99: polerón y buzo con cristales. Reproduce música en su teléfono y hablamos sobre su infancia. Suena el último álbum de Dellafuente de fondo.

-Cuando chico pasaba muchas rabias porque iba a la playa y no encontraba ninguna pulsera que tuviera mi nombre. Es un recuerdo muy marcado de mi infancia-

-Yo encontraba todas-

 Estudió en el colegio École Noel en San Miguel, en el Internado Nacional Barros Arana (INBA) en Quinta Normal y en el Colegio Chile, también en San Miguel. Recuerda su paso por la educación formal como algo tortuoso: “Repetí en tercero medio y empecé a cachar que, si bien era muy capaz, no era lo que me llamaba. Lo único que quería en ese entonces era salir de cuarto para trabajar y hacer mis hueás, tenía muchas ganas de empezar mi camino y el colegio me paquiaba mucho, ¿cachái? Yo estaba metido en negocios, tenía otros intereses”.

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“Repetí en tercero medio y empecé a cachar que, si bien era muy capaz, no era lo que me llamaba. Lo único que quería en ese entonces era salir de cuarto para trabajar y hacer mis hueás”

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Cuando aún iba al colegio, empezó un proyecto con Nicolás Moreno, conocido como Nickla 12. Compraron una plancha para estampar y armaron su primera marca: Santino. “Comprábamos poleras, mandábamos a plotear los vinilos y componíamos encima. Hacíamos falsificaciones de marcas de skate y marcas de lujo, rescatábamos marcas que no eran tan visibilizadas. Logramos prendas bacanes con lo poco que teníamos”, recuerda Pozo. El flujo de pedidos aumentó, pero el proyecto no continuó.

 Aunque los inicios de Atelier no son claros, Facundo Pozo recuerda que, de la mano de las movilizaciones de octubre de 2019, nace oficialmente la cristalería de la marca. Sus fundamentos, por otra parte, encuentran raíces en una particular estética familiar: “Siempre tuve una sensibilidad con la ropa, siempre me gustó vestirme bonito. Eso viene de parte de mi papá y de mi mamá, ellos estaban preocupados de su imagen, tenían un rollo super bien definido. De ahí nace todo, de su estética. Mi papá era tatuador. Se llamaba Claudio Pozo. Mi mamá es profe de básica, pero su esencia es de artista. Se llama Paula Gangas”.

“Mi trabajo viene desde la experimentación, como si estuviera jugando para crear algo visualmente lindo, pero entregando siempre toda esa energía ‘infantil’”

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Pozo recuerda a su papá con ropa de marcas como Christian Audigier y Ed Hardy, por lo que los cristales y los diseños gráficos potentes siempre estuvieron presentes en su infancia.También las texturas y los colores, por el mundo de los tatuajes. “Su influencia fue lo que me llevó a estar hoy haciendo ropa: el gusto por lo estético, pero siempre como un juego. Mi trabajo viene desde la experimentación, como si estuviera jugando para crear algo visualmente lindo, pero entregando siempre toda esa energía ‘infantil’. Es algo muy genuino, muy puro en la creación que hago. Nace desde la entretención, no de querer buscarle un sentido más profundo, explica.

 Aunque las distintas líneas de diseño de Atelier recorren ya todo Chile, no existe tienda física. Todas las ventas se realizan por medio de su página web o con un mensaje directo de Instagram. AtlCromo es la rama más experimental de la marca, encapsula todo lo colorido, lo más versátil. La línea deportiva, A99 Active, es la que más motiva a Facundo Pozo, pero a la que menos atención le ha puesto, “en mi cabeza está de las primeras, sobre todo porque trabajo mucho con el negro, el gris, el reflectante y ese tipo de texturas”. Y finalmente, Atelier 99, el sello de la marca. “Es la línea más sólida de Atelier, lo que más se parece a mí. Por ahí sale lo más delicado en cuanto a prendas, lo más elevado. Es la línea tope de todo el proyecto”, explica Pozo.

Lo “sólido” para él siempre está relacionado al trabajo con el negro –quizá debido a su daltonismo–. “Todas las cosas que hago son en negro, es lo que más me acomoda. Me gusta la sobriedad y jugar con texturas, me define harto”.

 Aunque el taller de Atelier estaba ubicado en la población Pedro Aguirre Cerda, Facundo Pozo trasladó todas sus herramientas a la casa de su madre. A menos de 20 pasos (míos, porque sus piernas son mucho más largas) se encuentra una casa colorida, decorada con gran cuidado y con una particular fijación en la Virgen de Guadalupe. El espacio es acogedor y una estufa abriga el living. Los gatos de este hogar, Teo y Felix, descansan en el sillón.

Facundo Pozo interrumpe mis apuntes apenas llegamos: 

  ¿Hagamos un gorro?

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En el taller provisorio hay dos planchas sublimadoras de calor: una para poleras, polerones, buzos y shorts y otra para gorros. Elijo un gorro negro y revisamos los diseños que tiene a disposición. Pozo lo toma, se acerca a la máquina y explica detenidamente el proceso: “Enganchas el gorro a la superficie, tiras la palanca hacia abajo y lo dejas tenso. Para proteger el material pongo un paño que cubre toda la superficie que toca la plancha”.

 El siguiente paso es tomar la plantilla, por ejemplo, algunos cristales. Se ubican en la parte superior del gorro, se protege con el paño, se baja la plancha y los cristales se “derriten”, quedando adheridos completamente. “Tócalo. Pásale el dedo con confianza, siente la textura –lo pone de nuevo en la sublimadora–. Tócalo ahora. ¿Cachái que queda liso? En lo visual también cambia”.

 En Atelier 99 la atención al detalle es la base de todo el trabajo. En cada producto la rigurosidad es clave para entregar un objeto de alto valor, desde su elaboración hasta su empaquetamiento. Para Facundo Pozo, todo producto debe ser entregado en la mejor condición posible: etiqueta, clip y bolsa plástica. Los detalles de la prenda vienen escritos a mano: nombre, fecha, modelo. Me sorprende lo manual que es la producción. Todo pasa por él, por eso el “control de calidad”, que firma con un “Pozo G F”, es tan importante. Las instrucciones de lavado, por supuesto, también.

“Cuando creo una prenda me preocupo del mínimo detalle, quiero que la persona que consiga una creación mía sienta esa delicadeza. Muchas veces no conozco a mis clientes, pero cuando hago cosas para ellos les entrego una parte de mí. Por eso es muy importante el concepto de mis creaciones. Yo me enamoro de las cosas que hago”.


“Nunca me voy a sentir conforme y consolidado, siempre voy a estar en constante desafío. Perdería el hambre. Si sigo con hambre, sigo creciendo, y las generaciones que vienen van a ver eso, lo van a entender, lo van a replicar y van a tener más hambre que yo. Y esa es la idea, dejarle algo a la gente. Si plantas una semilla y cuidas de esa planta los frutos pueden ser eternos”.

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“Nunca me voy a sentir conforme y consolidado, siempre voy a estar en constante desafío. Perdería el hambre. Si sigo con hambre, sigo creciendo”

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Guadalupe Cap es uno de los últimos lanzamientos en serie de Atelier, y lo más vendido hasta la fecha. Esta nueva “rama” del proyecto ha abierto las puertas para la experimentación con gorros. Aunque la influencia de la virgen por parte de su mamá puede resultar obvia, para Facundo la relación no era tan clara en un inicio. El primer gorro de la virgen de Guadalupe que hizo fue el resultado de una visita a Patronato: en una caja plástica encima del estante donde lo atendieron encontró, entre diseños de animes y recortes varios, el diseño de esta línea de gorros.

-Lo compré a 500 pesos. Llegué a mi casa y justo tenía gorros y cristales y experimenté po’. Ahí salió el primer Guadalupe Cap-.

– ¿Cómo le ha ido? –

-Reventó. Es el top sale de este último tiempo. A parte de que el precio es asequible, es una prenda muy bonita y el finalizado es bacán: tení’ mezcla de color sobre un fondo negro, el cristal y el Atelier en la visera y, si bien no tienes el gorro más caro de la industria, se ve sólido. A la gente le gusta caleta eso: hueás simples y el brillo. Así partió Guadalupe. De ahí caché que vendía-. 

 El primer gorro de la línea se lo regaló a su mamá. También hizo un polerón para su hermano, Vicente, que aún no agrega al catálogo de Atelier, y quizás nunca lo haga. “Estas prendas tienen otro significado”, asegura Pozo.

 Pese a la gran visibilidad que ha alcanzado la marca, las prioridades de Pozo siguen en San Miguel. Está centrando en su trabajo con la infancia y en el levantamiento de una comunidad que acoge el arte, la música y la cultura de la ropa de manera transversal. Lo acompaño en algunos rodajes y en fotos para su marca. La presencia de sus vecinos, en su mayoría menores, es rutina.

No necesitas muchos recursos para lograr algo genuino y de corazón. Eso la gente lo entiende, y es muy importante que lo sigan entendiendo. Que los cabros de acá entiendan que, en la misma pieza donde vives con tus papás puedes crear algo de valor, sacarlo al mundo y generar un impacto. Y llegar a lugares que jamás imaginaste y mostrar que la hueá viene de acá. […] La idea es plantar la semilla, y demostrar que se puede. La victimización no es parte de este discurso. Mi objetivo y el de nuestra familia es visibilizar lo que está pasando ahora con los cabros chicos y tirarlos para arriba, porque son ellos los que en un futuro se van a encargar de llevar la hueá al siguiente nivel”.

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“La victimización no es parte de este discurso. Mi objetivo y el de nuestra familia es visibilizar lo que está pasando ahora con los cabros chicos y tirarlos para arriba”

 A fines de julio Facundo viajó por Europa durante un mes y medio. Recuerda que cuando compró el pasaje todo se aceleró. “Empezaron a llegar muchas ofertas, mucho trabajo, todo de una. Estuvo intenso”. Había colaboraciones listas, pop ups en mente y algunos encargos de prendas Atelier pactados; una maleta se hizo poco: “Fue todo muy rápido, me preparé con un mes de anticipación. No tuve tiempo para hacer nada”, explica. Por eso, para el siguiente viaje quiere organizarse con tiempo y proyectar de mejor manera la marca: “Ya sé qué llevar y qué les llama la atención: cosas experimentales más que prendas de una sola colección”.

Recientemente Facundo ha dirigido algunos videos de Nickla 12, entre ellos el de Shalas, con Julianno Sosa, y se ha encargado de confeccionar toda la ropa del proyecto musical con el logo La Banda del Fantasma (L.B.D.F). Vive con su hermana María y juntos arriendan una casa a quienes fueron sus vecinos por mucho tiempo. Se mudaron juntos hace varios meses. María llegó con todos sus gatos: Blanco, Cleo, Tom y Apolo.

Esta nota se realizó entre junio y diciembre de 2024. 

Conoce más de su trabajo en  @99atelier

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