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De Goya Stgo: 10 años

Entre conversaciones de pasillo en el Santiago de inicios de los 2000, mostrándose ideas y referentes, Vicente Camus y Francisco Tupper (Santiago, 1994) fueron construyendo su gusto y estilo. Hoy son diseñadores y directores de De Goya Stgo, destacada marca de indumentaria santiaguina. El recorrido de De Goya Stgo comenzó mucho antes, casi de forma inconsciente: estaban sentados atrás en cuarto básico, ambos eran los nuevos del curso, y ese azar posibilitó una amistad que se extiende hasta el día de hoy.

“Nos conocimos y nos hicimos súper amigos al tiro. Compartimos intereses desde bien chicos, siempre fuimos los dos como busquillas con ciertas cosas” afirma Francisco.

Esta fascinación por los detalles es algo que los une desde siempre. Francisco, por su lado, recuerda que sus primos competían en carreras de motos y aparecían con poleras exclusivas del evento; también vienen a su mente bordados de su abuela inspirados en gobelinos o la fascinación de ella por el estudio de los jeroglíficos egipcios.Vicente, en tanto, recuerda que en su casa siempre hubo libros llenos de imágenes que le causaban curiosidad. Rescata los diálogos de recreo sobre poleras que intercambiaban con Francisco. “La gracia de mostrarse cosas cuando erís chico es que no tienes tanto propósito. Es conversación simplemente”, agrega Vicente. Francisco complementa: “De la polera de banda, de gira, de tal época. O la polera del museo del Rijksmuseum del 90. Ese tipo de cosas nos parecían muy interesantes”.

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A ambos les fascinaba la ropa, un elemento que, sin duda, marcaba pauta en el Santiago de esa época. Había una cantidad impresionante de tribus urbanas que se diferenciaban por una estructura valórica y estética, la cual encontraba su forma física en la ropa, el maquillaje y la música: pokemones, otakus, pop lolitas, punks, scene girls y skaters.

“Los códigos detrás de… no necesariamente ropa, pero sí de una visualidad abundante, se daban mucho en las tribus urbanas. El verde, amarillo y rojo lo ocupaban los rastas; el negro con tachas, los punks; y el negro con otras terminaciones, los góticos. Eso involucraba que tú escucharas música emo, gótica o punk. No había esa onda tan ecléctica que hay ahora. Antes todo estaba mucho más marcado, más definido”.

Ambos recuerdan haber crecido en esa época de apogeo visual en las calles de la ciudad. Vicente confiesa que el “lenguaje de identificar a la gente por una visualidad” le afectó mucho. Llevar la personalidad a través de la ropa era de suma importancia; así se transmitía la esencia y se declaraba a qué tribu se pertenecía. Llegaban al recreo nutridos de este imaginario, mezclado con lo que consumían en internet, haciendo claro una vez más que las “modas” en Latinoamérica siempre tienen una bajada diferente. Por ejemplo, el caso de los pokemones que si bien llevaban una estética emo/scene, iban a fiestas de reggaetón.  

Siguieron siendo amigos en la media, y también en la universidad, donde se acrecentó la constante de vivir en una ciudad llena de ropa americana y ferias dominicales, mientras a la par surgían bandas pop de guitarra como Niños del Cerro o El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, además de un boom de ferias autogestionadas de ilustración y artes. “Fuimos consumiendo mucho de eso, pero netamente como espectadores al principio. Nos llamaba mucho la atención todo lo que pasaba en la ciudad”, afirma Francisco.

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Por lo mismo, fue natural que, cuando decidieron empezar un proyecto juntos, fuera de ropa. El nacimiento de De Goya ocurrió en 2016, cuando fueron a estampar poleras al Barrio Yungay. En aquella época por 500 pesos comprabas una prenda y por aporte voluntario te la estampaban. Quedaron fascinados con la técnica y tomaron talleres breves con los mismos estampadores. En unas semanas, armaron un taller amateur de serigrafía en casa, fabricaron una pequeña mesa de luz y sus propios bastidores. Todo se materializó al estilo DIY (Do It Yourself o «Hazlo tú mismo»), apoyados principalmente en tutoriales de YouTube. Fue en ese taller improvisado donde la marca cobró vida; así, sus gustos, referentes y la autoformación en internet cimentaron el imaginario de De Goya Stgo.

“Empezamos a estampar cosas para nosotros. Si un amigo estaba de cumpleaños, en la etiqueta le poníamos su nombre. Si nos decía ‘yo quiero que el estampado sea rosado’, se lo hacíamos rosado. Ese tipo de cosas marcaron todo lo que fue el 2016”.

El gran salto ocurrió durante una de las visitas a Alta Vida Tienda (en esa época, ubicada en Bellas Artes). El dueño, Pablo Bórquez, les preguntó si tenían una colección para lanzar en el local. Sin pensarlo mucho (y sin tener realmente una colección aún), ambos dijeron que sí y se pusieron manos a la obra. Meses después, lanzaron su primera línea, iniciando un ritmo de trabajo que mantienen hasta hoy.

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Ambos lideran el diseño y la gestión de producción, trabajando codo a codo con talleres de oficios históricos de la ciudad. Año tras año diversifican sus prendas, pensándolas para funcionar dentro de una colección, pero manteniéndolas apropiables para el estilo de cada persona. Aunque crecieron en un ambiente «purista» (donde si eras skater debías vestirte y escuchar música de skater), De Goya busca recrear precisamente “la magia de la ropa usada”: el estilo no depende de la prenda en sí, sino que quien la toma es quien decide que está hecha para su gusto.

Vicente y Francisco coinciden en que De Goya es una marca de intereses variados; ecléctica y, al mismo tiempo, muy específica. Subliman sus gustos en cada colección, en cada conversación creativa y en cada idea filtrada entre ambos. Para ellos, ahí radica la esencia tan particular que han construido. Francisco comenta: “Yo creo que ese es nuestro mayor atributo como dupla creativa: la confianza que nos tenemos”, comenta. Vicente complementa: “Eso hace que las ideas se filtren y muchas veces mejoren al final, que se pulan. Y eso es muy importante” A lo que Vicente adhiere: “Esos pequeños detalles en los que nos detenemos discutiendo son muy serios”.

“Yo creo que ese es nuestro mayor atributo como dupla creativa: la confianza que nos tenemos”

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Ambos coinciden en que les gustan las mismas cosas, pero por distintas razones. Hay una especie de contradicción que se alimenta constantemente y que termina por generar complementariedad.

“Muchas veces lo que vai a transmitir con la polera tiene que ver con la sumatoria de una imagen, un texto y un logo. Y la suma de esas tres cosas usualmente es lo que genera esa emoción, esa poética o el lenguaje… Esa contrariedad dentro de la similitud creo que para nosotros es muy útil” agrega Vicente. 

“La suma de esas tres cosas usualmente es lo que genera esa emoción, esa poética o el lenguaje... Esa contrariedad dentro de la similitud creo que para nosotros es muy útil”

Este escenario cultural con el que crecieron (la cultura de internet, los memes, los tutoriales y la escena local) terminó permeando de forma inconsciente a la marca, forjando su obsesión por rescatar referencias personales y otras colectivas. Así surgieron colaboraciones con la escena santiaguina. Un ejemplo es el trabajo con Alex Anwandter, a quien le diseñaron el merch oficial para su gira 2022 por Chile y Buenos Aires. Francisco cuenta que, al asistir al concierto por los 20 años del artista, vio a revendedores ofreciendo sus diseños a las afueras del recinto: “Estaban falsificando nuestros diseños en el piso a 5 mil pesos. Una locura… o sea, poder ver eso es un sueño”.

También se abrió la oportunidad de colaborar con la editorial y librería Metales Pesados. Su fundador y director, Sergio Parra, accedió a la alianza aportando la idea de hacer una polera con los colaboradores fallecidos de la editorial. “Eso hizo que todo fuese más divertido” comenta Francisco. Esta colaboración surgió luego de que Parra comprara la polera dedicada a Carlos Leppe, ícono de la Escena de Avanzada, para regalarsela a un coleccionista. 

La prenda aludía específicamente a una acción de arte de 2002, cuando Leppe, invitado como moderador a un festival de poesía en la Plaza Camilo Mori, subió al podio con una sandía y un palo para anunciar un homenaje a Enrique Lihn.

De alguna forma, todo ha encontrado la manera de existir en el mismo ecosistema. “Hay una afinidad constante en las cosas que hacemos. Desde la primera o segunda colección le íbamos metiendo un fanzine, después un cassette, hicimos playlists… Siempre tuvimos una pata en la literatura o en la música. Entonces, terminar colaborando con alguien con quien has bailado muchas veces, o alguien que te ha publicado libros que para uno fueron importantes, es bacán, porque es parte de lo mismo. Son los intereses de siempre, la proyección de los intereses de la marca”.

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Así, a 10 años de su creación, la nostalgia no pesa sobre el camino recorrido por De Goya; aparece más bien el ímpetu de seguir diseñando bajo las mismas bases de siempre: los tributos, la ironización de la cultura popular, la reinterpretación de frases célebres o la sátira de logos. Las prendas se han complejizado y los lazos con los talleres de oficios en Santiago se han estrechado. Hoy se mueven entre maestros artesanos del calzado, fábricas de tejidos y lavanderías industriales de Santiago. En el proceso, han desmitificado la idea de que la industria textil chilena estaba «de capa caída».

“Siempre existió este mito de que la industria se iba a acabar, que era muy difícil hacer cosas acá. Y en parte es cierto, pero siempre tuvimos el interés de ver qué se podía hacer y hasta dónde. Para nosotros es un interés constante superarnos y ver hasta dónde podemos llegar con lo que existe en la industria nacional”.

Producir localmente implica llevar un proceso de conversación durante meses, haciéndolo más humano, viendo detalles y pruebas in situ. Haciendo de esta década una línea de trabajo constante, De Goya sigue pensando en crear ropa para el día a día, donde cada quien pueda identificarse con una prenda, apropiársela y hacerla parte de su propia poética.

“Nos gustaría crecer, seguir haciendo ropa que la gente no guarde en el closet, sino que efectivamente use, con un ojo en el humor y otro en el detalle”. 

Conoce más de su trabajo en @degoyastgo y en degoyastgo.com

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