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Sobre el calor de Iquique: Nena Delka

Llevamos un rato hablando por videollamada y sus respuestas me tienen atrapado en el paisaje del norte de Chile, en ese abismo entre Alto Hospicio y el mar. Dudo, pero procedo: si pudieses ser un auto atravesando el desierto iquiqueño a toda velocidad, ¿cuál serías? “Un Demio, un Mazda Demio. Enchulado con todo. Con una puerta cambiada, un sticker de tribal a lo largo y una bola 8”, responde la artista visual Nena Delka (Iquique, 1998). Detrás de la chapa está Elena Muñoz, nacida en el casco viejo, en un barrio popular y de flujos migratorios. Acampa en la playa desde que tiene un mes y de chica que va a feriar a la colosal y caótica Quebradilla, la feria popular más grande de Chile. Otro dato biográfico: Su familia se dedica a las impresiones gráficas para el tuning de autos y el rubro industrial. Con todo esto mencionado, podemos afirmar que desde ahí nace y se nutre el imaginario de Delka.

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Iquique es conocido por sus playas y su calor, y ese atractivo natural se funde también en el paisaje de los desechos y los residuos propios de una ciudad fronteriza, portuaria y aduanera. En el medio están los desechos de ropa y de autos: paisaje de vida y ruinas, de belleza natural e industrial. Por eso resulta difícil separar el lugar de origen de la artista de su obra artística.

“Iquique tiene un paisaje súper distópico, medio de ciencia ficción, medio cyberpunk. El desierto, como no tiene árboles, no puede ocultar cosas: todo queda a la vista, no hay nada que esconder, todo es derechamente visible, todo está expuesto. Esas son las capas que se van acumulando. Las ruinas salitreras comparten con estas nuevas historias del desierto y de la zona franca, con toda la sobrecarga industrial que va llegando. Es acumulación de muchas cosas”.

“Iquique tiene un paisaje súper distópico, medio de ciencia ficción, medio cyberpunk”

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Los objetos que nutren su obra están dispersos por la ciudad. “Basura para algunos, oro para otros” dice el dicho. Nena Delka recolecta desechos y recoge objetos que luego se transforman en soporte para la pintura, extendiendo así su vida útil.

“No me gusta nada empezar de cero. Prefiero recolectar cosas que ya tienen una historia, un relato, y así después poder agregarle imágenes o información para ficcionar, meterle otra información para desviarlo. Las materialidades también hablan. Meter información en eso me parece más interesante que empezar desde cero, además pensando en esta acumulación de cosas que ya están acá”.

La pintura de Delka no deja indiferente al observador. Cuando hablamos de los cuerpos representados en la obra de Delka, lo primero es lo evidente: van contra la norma. Son feos, raros, y son propios de la cultura y tradición cuir, que busca desafiar los constructos de eso que se supone que debería ser.

“Son los mismos dibujos que venía haciendo de chica, pero con un carácter medio dark en situaciones que no lo son: los monstruos existimos en la luz del día también. Toda mi obra tiene alta influencia del reggaetón y del porno. Me veo a mí misma como un monstruo, como alguien que no pasa desapercibido, que llama las miradas. No hago autorretratos, pero siempre hay un poco de mi vivencia metida ahí, de personas que me representan, y situaciones muy de Iquique, muy situadas. Son todas personas que quedan por fuera de cómo debería ser una feminidad”.


“Todas mis obras tienen alta influencia del reggaetón y del porno”

Tenemos el desierto, los residuos, los cuerpos: todo parece entrecruzarse en la obra de Nena Delka. Ese es el calor, como no. Ese calor que brota del roce intenso, ese que destiñe y resquebraja la pintura. A propósito de este concepto, nos comenta:

“Hay una palabra con la que llevo jugando harto rato: el calor. La fricción, con todo ese burbujeo aceitoso y caluroso también tiene que ver con el desierto, con el capó caliente de los autos. El calor puede unir todas las temáticas. El calor lo asemejo al sexo, al crimen, a todas estas dinámicas friccionantes que hacen calor: lo migrante, las fronteras, el contrabando con autos. El calor atraviesa toda mi obra”. 

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“El calor atraviesa toda mi obra”

Finalmente, otro dato que nos permite voyerear hacia el interior de su imaginario, de donde salen sus imágenes antes de ser pintadas son los autos y sus piezas, predominantes en su obra, así nos cuenta cuál es el simbolismo dentro de su paisaje pictórico:

“Pienso harto en los autos chuteros, los autos de contrabando, que toman otras rutas: los chuteros se van por otro camino y el desvío me parece interesante. También la desfiguración del auto, armar un auto con otros pedazos de autos.
Pienso harto en la frontera, el auto que cruza la frontera, la mercancía que se mueve. Esa similitud entre auto y persona la vengo rayando hace rato: la piel, la piel del auto, la piel humana, el auto tuneado, los stickers, y también los geoglifos del cerro. Siempre voy pensando en la intervención, en que nada es puro, todo ha sido intervenido, para bien y para mal”. 

Actualmente Nena Delka está exponiendo en FFAST 6 (Festival de Arte de Santiago) en el Nido Lucía. Antes, expuso en Iquique “Latas calientes” y más tarde “Cambio volante” en JUDAS galería en Valparaíso. ¿Y su futuro? A toda velocidad y al norte, en dirección a México donde expondrá nuevamente junto a la galería JUDAS.

Conoce más de su trabajo en @nenadelka

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