Aunque el gusto se va cimentando a lo largo del tiempo, Fernanda Acuña (Chile, 1987), artista y maquilladora, recuerda su ojo de niña como uno extraño: “Ha sido mi lucha toda la vida, pero ya está, o sea, ya es. Así soy y así voy a ser y no va a cambiar. Hoy me encanta”. Esa fascinación por lo raro es algo que mantiene hasta el día de hoy y que sigue abrazando en sus creaciones e imaginario: aliens, monstruos, rasgos exagerados; personajes que no parecen encajar con la norma, desafiando la hegemonía occidental, lo pulido, la norma.
Las texturas y paletas de colores características configuran una estética de lo abigarrado, donde lo rugoso, la zona media, ese gris (aquí multicolor) que no es ni lo uno ni lo otro, se convierte en el centro. El camino de Fernanda tuvo una primera inspiración: su madre. Perteneciente a una generación mayor, se vestía con faldas tubo, prendas de 2 piezas de piel e ir al salón de belleza era un infaltable en su semana. El Santiago de los años 80 era una especie de pasarela para ella, y Fernanda la admiraba por su glamour y vanidad. Así, su madre fue su primera referente y la que la introdujo, inconscientemente, en cómo el aspecto físico y la vestimenta es también una forma de construir la imagen propia.
La ciudad de Buenos Aires fue la segunda que se subió a la tarima de referentes. Durante sus años estudiando Diseño de Vestuario, después de abandonar la carrera de Odontología, Fernanda realizó un intercambio a Argentina. Allí, fuentes teóricas y filosóficas como Foucault y Deleuze entraron con fuerza; el oficio tomó otro peso, haciéndola reflexionar sobre la moda desde un lugar intelectual y un espacio donde también surge cultura. “Para mí lo importante es la búsqueda del estilo propio y único, el viaje en la búsqueda de… ¿sabes? De lo que te convierte en ti, ser tú”. En esa época comenzó a trabajar como asistente de maquillaje y se dio cuenta de que, con sus manos y un par de herramientas y productos, podía crear mundos y ganarse la vida. Fue la primera vez que sintió que no dependía de ninguna institución para mantenerse: su independencia vino de la mano de la autogestión.
“Para mí lo importante es la búsqueda del estilo propio y único, el viaje en la búsqueda de… ¿sabes? De lo que te convierte en ti, ser tú”
“El maquillaje era de repente algo que yo podía hacer sola. No necesitaba tantos pasos. No necesitaba el molde, el costurero, el no sé cuánto, la tela, el block o no sé qué. Sino que era algo que, ¡pum!, lo hacía yo. Y fue como, ¡mierda! Esto sí da una independencia”.
En el rubro del maquillaje, su gusto y estilo comenzaron a resurgir con furor, pero no fue hasta la pandemia que se dio un espacio de exploración personal extensa. Recuerda, en aquellos días de encierro, donde su rutina consistía en despertar, comer algo y maquillarse hasta el anochecer. Ya que no podía maquillar a otras personas producto de las restricciones sanitarias, su propio rostro comenzó a ser su primer y único lienzo en casa. Comenta que había mucho de meditación en aquel proceso, y también de autoconocimiento: “Siempre he sido muy orejona, la más orejona de mi familia”, recuerda, y por esos días comenzó a resaltar cada vez más esa cualidad. Terminaba de maquillarse, se sacaba selfies y luego entraba directo a herramientas de edición como Photoshop. Allí ocurría un segundo proceso donde continuaba jugando con la morfología de su cuerpo: agrandando ojos, boca y orejas, estirando ciertas partes y ensalzando ciertos rasgos mediante la exageración. Así surgieron sus aliens.
El proceso era largo: unas ocho horas de maquillaje y luego un par más de edición por la noche. Conversamos sobre la facilidad de crear hoy imágenes con Inteligencia Artificial; sin embargo, aunque algo imaginado puede aparecer de inmediato, la diversión y la experiencia de crear también desaparecen al “ahorrarse” todo el proceso: “Si bien alguien puede crear una imagen, estar las ocho horas maquillándose o maquillando a alguien requiere un cuerpo físico… todavía la IA no tiene manos. Y aparte, ese proceso de hacer con las manos es lo que me encanta, se me hace una terapia”.
Así, pareciera ser que este fue el primer paso, el primer acto de fe que Fernanda dio para sacar a los personajes que habitaban dentro de sí misma: bocetos hechos a mano sobre su rostro a los que luego quiso concederles una historia y pensó: “¿Qué pasa si este alien tiene una vida? o va al súper, se enamora,etc”.
Así, con la ilusión de hacerles una vida surgió el personaje del cortometraje WEIRD, dirigido por Flavio Morales y Nicolás Corvino. En su participación, Fernanda creó a un sujeto con cabeza de pez, hecho de papel tornasol arrugado y pegamento, que empieza su día reflexionando sobre cómo se ha ido perdiendo en la rutina, la cual ha alterado todos sus sentidos. Lo sitúa tomando desayuno en un local típico de la Ciudad de México, donde reside hoy la artista. Este personaje va evocando un mundo de ensueño en el centro histórico, deambulando por ferias y monumentos de la ciudad, preguntándose sobre el sentido de la vida, de la muerte y sobre la existencia del amor, a medida que este estado de disociación emerge de su rostro tornasol, iluminado a su vez por luces de neón.
Con ese ímpetu, la idea de que los personajes pudiesen tener una vida propia, se hizo real. Fernanda decidió dirigir su primer cortometraje, QUINCEAÑERA junto a distintos amigos que, al igual que ella, también trabajan en publicidad (se hace cada vez más palpable el que a las rarezas las continúe financiando la autogestión y la amistad).
Fernanda creó a Stefany inspirada en el sentimiento de la celebración de 15 años que nunca tuvo en Chile. En México, por el contrario, es todo un rito y una gran celebración: los vestidos despampanantes, la búsqueda del chambelán (como bien lo advirtió Colibritany hace 14 años en su video que hoy supera los 60 millones de visualizaciones). Las eternas calles repletas de tiendas de vestidos en México siguen más presentes que nunca, y le dieron la bienvenida a Fernanda, que al encontrarse paseando por ahí, decidió que una quinceañera alien debía ser su nuevo personaje. Esta vez añadió un elemento extra: una prótesis de rostro fabricada por RBFX Prosthetics, una de las marcas más reconocidas de maquillaje para efectos especiales.
En la escena, el centro es una niña alien que deja la infancia atrás, colocándose un vestido rosado pomposo y unos zapatos de plataforma. Toda la celebración ocurre en la sala de estar de una casa, con una gran torta al medio y la familia como invitada. El cortometraje fue grabado con una cámara análoga de 16mm en un set armado por Fernanda, amigos y colaboradores.
A partir del maquillaje, se ha movido hacia áreas como el teatro, colaborando con la artista Orly Anan, quien explora el misticismo en la cotidianidad a través de instalaciones y performances, y la cultura popular barranquillera. A la par, Fernanda también ha participado en producciones como De Dioses y Máquinas, una videoinstalación sobre el muralismo mexicano y la cotidianeidad en la ciudad dirigida por Santiago Sierra Soler.
De cara al futuro, la artista desea seguir explorando el maquillaje de forma auténtica, defendiendo un espacio donde lo extravagante y lo raro tengan lugar. En su Estudio, llamado Filippi, va dejando el registro de sus personajes y realiza dinámicas, por ejemplo, el ¿Qué preferí?, donde a través de encuestas por Instagram da a escoger entre dos opciones de caracterización, maquillándose según la elección más votada.
Al final de la conversación, Fernanda nos comparte una de sus reflexiones más recientes, haciendo hincapié en que el impulso y la materialización de los proyectos conversados dependen puramente de ella y de la colaboración: “La verdad, nadie me va a pedir a mí hacer las cosas que quiero hacer, o sea, es imposible, ¿sabes? Entonces, si no las hago yo, no van a pasar. Pues ya, prefiero… lo que yo ya tengo decidido es que, guau, voy a ganar plata haciendo comerciales, ¿cachai?, y cosas así, para poder crear después mis mundos, mis cuartos y mis personajes”.
Conoce más de su trabajo en @fernanda.acuña



