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Alvaro Naddeo: sobre logotipos y descarte

Se parte con una hoja en blanco. Después aparece un carro del correo estadounidense, simplemente porque tiene un logotipo bonito. Luego se suma la cápsula Gemini (la nave espacial que la NASA lanzó en 1961), un cono naranjo de esos que están en cualquier calle y, para que todo se equilibre, se le agrega un megáfono. Así describe el artista Alvaro Naddeo (Brasil, 1972) su «típico» proceso creativo, que da vida a pinturas donde conviven logos globales y simbología local: elementos que dialogan sobre el exitismo y la vulnerabilidad de la sociedad actual.

Alvaro recuerda su infancia con una constante sensación de estar en el medio. Durante los primeros años vivió en una casa de clase media que colindaba con una favela. Para luego mudarse a las afueras de São Paulo, a un barrio de clase alta. Un proceso de acomodo que se suma al hecho de que sus padres fueron parte de la reducida diáspora uruguaya en Brasil, que, según el censo brasileño de 1980, rondaba las 20.000 personas. Condición que convirtió al artista en una excepción dentro de varios círculos cariocas.

«Eso hacía que, cuando estaba en São Paulo, fuera uruguayo, mientras que cuando estaba en Uruguay era brasileño” comenta.

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Sin embargo, en medio de esa sensación de no pertenencia, hubo algo que sí se mantuvo inalterable: su amor por el dibujo, inspirado en su padre, quien trabaja como ilustrador. Un hobby al que se dedicó desde temprana edad hasta los 17 años, cuando llegó el momento de decidir qué carrera estudiaría en la universidad. «En ese momento comparé lo que yo hacía con mi papá y sentí que no tenía el talento suficiente, así que decidí entrar a publicidad«.

Los años pasaron, Naddeo comenzó a trabajar en una agencia y poco a poco ganó renombre en su rubro. Entonces apareció la oferta de mudarse a Perú para asumir un mejor trabajo. «Ahí estuve mucho tiempo, hasta que en 2008 decidí renunciar porque estaba muy agotado». Sería justamente en esa etapa de tiempos muertos, llenados exclusivamente por maratones de PlayStation, cuando se le ocurriría volver a tomar el lápiz. «Lo hice principalmente para no perder el ejercicio creativo. Empecé dibujando en blanco y negro, cosas como un paquete de galletas abierto. De ahí pasé a los colores y fui mejorando poco a poco».

Así pasaron los años. Naddeo volvió a trabajar en publicidad y también se mudó a Estados Unidos, donde descubrió los open calls: convocatorias abiertas de galerías que permiten a cualquier artista postular sus obras para tener la posibilidad de exponer junto a otros creativos. «Quería mostrarle al mundo lo que había hecho todo ese tiempo, así que postulé a estos llamados abiertos». Una curiosidad que fue creciendo hasta que, en 2017, una galería más consolidada de Los Ángeles decidió ofrecerle su primera exposición individual.

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"Quería mostrarle al mundo lo que había hecho todo ese tiempo, así que postulé a estos llamados abiertos"

JOIA: Al ver tu catálogo, claramente existe un rollo con las marcas y la basura desde un principio. ¿Cómo decidiste que ese iba a ser tu tema en el arte?

Alvaro Naddeo: Muchos estudiantes de arte me preguntan cómo encontré mi voz y siempre les respondo que fue sin querer. Desde que retomé la pintura siempre me llamó la atención la basura, el descarte.

JOIA: ¿Tal vez tiene que ver con ese hastío por la publicidad y el consumismo?

Alvaro Naddeo: Nunca lo había pensado, pero creo que tiene mucho sentido (se ríe). En publicidad siempre se trabaja con una imagen muy pulida y perfecta, mientras que mi deseo de pintar la basura era justamente resaltar todo lo contrario.

Y es que en las pinturas de Naddeo conviven dos mundos que, a simple vista, parecieran no tener nada que ver: logotipos de marcas reconocidas en cualquier rincón del planeta y elementos propios del paisaje urbano latinoamericano. Pero, al reunirse en un mismo cuadro, ponen en tensión el imaginario del éxito, el consumo y el estatus con la vulnerabilidad cotidiana. Una forma de mirar el mundo que nació justamente de haber vivido entre distintas realidades socioeconómicas y países, permitiéndole distinguir qué elementos son universales y cuáles son locales.

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Un ejemplo de ello es una serie de pinturas de zapatillas de marcas conocidas enredadas en cables de luz. «Cuando la gente de otras partes las veía me decían: ‘Sí, justo como pasa en Los Ángeles’, o en Nueva York, o en Lima. Ahí me di cuenta de que hay cosas que uno piensa que son locales, pero en verdad son universales. No obstante, nunca me ha preocupado que mi obra sea comprendida por todos o que un gran público se identifique. Yo pinto lo que me gusta y listo».

Esa es, según el pintor, otra decisión consciente con la que se revela justamente contra la publicidad, disciplina que tiene como regla la mayor universalidad posible en sus imágenes y mensajes. «Mi trabajo no es muy planeado. Es un gusto individual que va tomando forma y eso, de alguna manera, lo hace interesante para el resto. Cuanto más honesto soy conmigo mismo y con lo que me interesa, más parece conectar con la gente».

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"Mi trabajo no es muy planeado. Es un gusto individual que va tomando forma y eso, de alguna manera, lo hace interesante para el resto”

JOIA: Es interesante cómo, a través de tus obras, que parecen collages accidentales, logras siempre generar una crítica a las desigualdades sociales.

Alvaro Naddeo: Creo que es un tema que me toca bastante y que naturalmente reflejo en mi arte. Es algo que siempre me molestó, por vivir justamente en ese lugar intermedio entre personas que tenían mucho y personas que tenían poco. Me gusta tomar íconos de estatus y ponerlos en la basura, degradarlos, preguntarle a las personas que ven mi obra por qué les incomoda ver cosas de valor en mal estado.

 

JOIA: En ese sentido, ¿crees que el arte solo refleja lo que está sucediendo o tiene el poder de cambiar la realidad?

Alvaro Naddeo: Creo que ambas, porque efectivamente es un registro de lo que el artista está viviendo en ese momento. Pero también ese reflejo está sometido a un filtro personal, que puede estar intencionado para incomodar o provocar un cuestionamiento sobre cómo está viviendo el observador.

JOIA: ¿Qué te gustaría que dijeran o sintieran las personas del futuro respecto a tu trabajo?

Alvaro Naddeo: Nunca me habían hecho esa pregunta… pero espero que las personas del futuro estén viviendo en un mundo mejor. Me gustaría que vieran mis obras como algo raro, como algo que ya no pasa y que pertenecía a un contexto que lograron superar como humanidad. Tal vez pensarán que, gracias a que distintos artistas hicieron obras como las mías, quejándose de cómo está la sociedad hoy, ellos están viviendo mejor.

Conoce más de su trabajo en @alvaro_naddeo

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