En un país que tiene un ojo mecánico que todo lo mira, grafiteros de Hørr Crew esperan en las vías con la cara cubierta para intervenir. Su lienzo va en movimiento, son los trenes suizos. Detrás del rayado, son registrados por Mark Madness (Barcelona, España, 1980) fotógrafo documental español especializado.
Füu di frei es el nombre de su segundo fotolibro. “Ya eres libre” es la traducción que nos da Madness del título, que firma como Blood & Madness. Las páginas que nos adelanta muestran no solo las piezas sino la atmósfera de una práctica que choca con la higiene urbana que se registra en el fondo de las acciones.
“La vida en Suiza es fácil, viven muy bien, Como nadie está a contracorriente, estás muy jodido” afirma, por la persecución de los grafiteros en aquel país. “No pueden tener fotos en el móvil, las fotos de este proyecto son las que he hecho yo, ellos no tienen nada”.
Esas fotos fueron tomadas de forma analógica, mientras que también registraba en video, para dos soportes distintos. Todo inició como proyecto de cortometraje del trainwriting, y las fotos iban a complementarlo. Pero al colocarlas impresas una detrás de otra, se dio cuenta que eran mucho más de lo que imaginaba, al punto de terminar armando un contundente libro de 300 páginas en el que también utilizó fotogramas del material registrado.
Fuera de lo grueso del volumen, el libro estira sus posibilidades, con encuadernación a la vista, ocupando las posibilidades del color en la base de las páginas y varios tipos de papel, jugando con algunas que solo se pueden ver con luz ultravioleta. La impresión fue realizada con tinta UV. El libro está acompañado de textos de RosyOne y Still Alive.
Luego del libro vendrá el video. Para ir y volver a España, descargaba los videos y los mandaba por We Transfer, pero los rollos iban consigo.
“De las últimas veces que bajé del avión estaba muy emparanoiado, me decía ‘me van a venir a buscar’, ‘me van a venir a detener’, porque en función que se ha ido creando este proyecto y se ha ido mostrando en redes sociales también la seguridad se ha ido incrementando en los trenes de Suiza. Ahora hay micro cámaras escondidas, sensores volumétricos escondidos dentro de piedras, una locura”.
El miedo no es solo de Madness. “En Suiza cuando pintas tienes que desaparecer del mapa. Primero que todo deben eliminar las pruebas, es decir, su ropa, no puede ser la misma. Toda la ropa, han tenido que revisar el libro, igual que los videos, para ver qué ropa usaban. Yo algo de ropa me llevé, no soy rico, algunas chaquetas, decía ‘no las tiréis’, ‘no las queméis’”.
El riesgo es esencial a la práctica no permitida, ahí la importancia también del registro del momento. “Al final la pieza es algo efímero. Yo coincido con el grafiti, he pintado muchísimos años y tu pieza puede estar muy bien, pero el grafiti cuando mejor se siente es cuando consigue vulnerar el sistema, consigue vivir paralelamente a su realidad, evadirse a todo eso”.
“El grafiti cuando mejor se siente es cuando consigue vulnerar el sistema, consigue vivir paralelamente a su realidad, evadirse a todo eso”
Füu di frei exhibe esa realidad desde la portada, con la ilustración de la señalética de la cámara de una de las dos compañías de tren suizas. Abrir el libro implica entrar a todos los puntos ciegos de la fantasía del gran hermano. Es la cámara de Madness la única que llega donde las otras, mecánicas, no pueden hacerlo. Allí donde encapuchados marcan la piel de los trenes, los esperan en cruces, mientras que en las redes sociales del fotógrafo se muestran facetas íntimas de los cuerpos que se colocan en acción, cubiertos o enfocados para mantener su anonimato.
En el fotolibro hay descansos con pares de imágenes que muestran el orden del hombre y los parajes bucólicos de la naturaleza. También en otros pares las tensiones se trabajan en contradicción, en una misma hora, un día lunes, desde lo obediente de los buenos ciudadanos en los pasillos que los hacen avanzar plácidamente, versus un encapuchado en el declive de tierra frente a un tren en movimiento, otorgando caos al orden imaginado por el hombre.
Madness lleva décadas en el tema. “A los 12, 13 años empecé a entender la cultura del hip-hop, la cultura del graffiti, me inquietaba muchísimo el ver piezas en las paredes. Tengo una estación de tren al lado de casa de mi madre y me iba ahí a registrar los grafitis”.
“La cultura del graffiti me inquietaba muchísimo, el ver piezas en las paredes. Tengo una estación de tren al lado de casa de mi madre y me iba ahí a registrar los grafitis”
“No había redes sociales, no conocía gente de graffiti, no tenía acceso a que dieran magazines. Pintar bajo puentes, también era el mundo. Yo me sentía un poco como Zé Pequeño en la Ciudad de Dios. Documentaba a tope, no con la idea de llegar a algo”.
Entonces los grafiteros comenzaron a pedirle imágenes de su trabajo, pero, más que las piezas, querían los retratos de la atmósfera alrededor de sus obras. Así Madness fue abriendo el plano hasta registrar tanto la obra cómo su hechura, en un doble juego porque él también grafitea desde los 11 años.
Su memoria la convirtió en investigación en su primer libro Barcelona Showdown, dedicado a la historia del grafiti en la ciudad condal, desde 1984 hasta 2021, año de su publicación. Para Füu di frei viajó durante dos años a Suiza. El tiempo es importante, porque desea vincularse con quien va a trabajar, al final, es un asunto de confianza el registro de lo ilegal. Si el primer fotolibro era histórico, el segundo se refiere a lo efímero.
“Es todo al aire libre, que por los paisajes tiene todo un rollo cinematográfico. Nunca se me dio bien escribir, la cámara es mi lápiz, por así decirlo. Yo tomé fotografías que ya me las imaginaba, este escenario, está cara, pero para eso tengo que tener muchas referencias de libros, de películas. Y yo intento recrear todo lo que tengo en mi cabeza y plasmarlo en el papel en este caso”.
Momentos de intensidad peligrosa se imprimen en Füu di frei. Madness se entrega a ellos casi habiéndolos adivinado, desde el día que tomó consigo las primeras latas, de spray y de rollos de fotos. Hoy atraviesa fronteras porque el grafiti no tiene lengua. Deja las huellas tanto de su forma rebelde y también de sus artistas. Es la obra de una obra, la primera destinada a desaparecer, la segunda existiendo por ello.
Conoce más de su trabajo en @blood_and_madness



