No es casualidad que gran parte del trabajo de Zack Hackman (Colorado, Estados Unidos, 1995) ilustrador, ocurra en una intersección entre naturaleza y tecnología. Sus personajes son exploradores, disecan bichos, cuidan sus plantas y se maravillan ante pequeñas formas de vida, pero contrastan con otros más citadinos que juegan en el computador, van a eventos deportivos y toman jugos naturales en puestos callejeros.
Ello coincide también con su propio tránsito por el mundo. Creció en Colorado, rodeado de grandes montañas. “Pasé gran parte de mi infancia en la naturaleza. Casi todos los fines de semana iba de camping o hiking y pasaba mucho tiempo al aire libre. Es una parte importante de quién soy. Amo la naturaleza y me hace sentir muy conectado conmigo mismo”, comenta.
En esa época el dibujo estuvo muy presente. Recuerda ser el niño que se sentaba al fondo de la clase y dibujaba sin parar. También menciona a su abuelo Sidney como una figura clave: era pintor e ilustrador como pasatiempo y fue quien, con dedicación, le enseñó por primera vez a dibujar el perfil de un rostro. “Definitivamente es un recuerdo fundamental para mí, me voló la cabeza. Yo también quería poder hacer eso”.
Con este ímpetu creativo entró a la Universidad Estatal de Colorado para estudiar Media Production, una carrera que cruza tanto artes tradicionales como digitales y que se enfoca en documental, sonido, performance y tecnologías emergentes como VR e inteligencia artificial. Sin un camino muy claro, tras salir de la universidad comenzó a compartir sus dibujos, apoyado por sus amigos; poco a poco empezó a hacerse conocido y a aceptar distintas comisiones.
Fue entonces cuando decidió mudarse a Nueva York. Desde ahí, sus ilustraciones comenzaron a mezclarse con la estética y el ritmo de la vida urbana, sin perder el verdor ni la presencia constante de la flora y fauna de Colorado.
Para Zack, uno de los ejes de su trabajo es la accesibilidad y el carácter público que la ilustración puede adquirir al aparecer en panfletos, festivales o programas culturales, como ocurrió en proyectos para Live Nation o el Walker Art Center. Sobre ese soporte comenta:
“Me gusta lo directa y accesible que puede ser la ilustración. Se siente muy humana y muy natural. Para mí es muy significativo que una línea sobre una página, dibujada de cierta manera, pueda evocar algo instantáneamente. Un dibujo puede ser gracioso o triste. Puede ser silencioso o ruidoso. Me emociona pensar que algo tan simple pueda decir tanto. Por eso me gusta dibujar, porque realmente me ayuda a regular mis emociones”.
“Para mí es muy significativo que una línea sobre una página, dibujada de cierta manera, pueda evocar algo instantáneamente”
Describe su estilo como gráfico y juguetón, aunque al mismo tiempo presta mucha atención al trazo y a las líneas, elementos que conviven directamente con cómo se va sintiendo mientras dibuja. “Soy muy consciente de las composiciones y de cómo todo encaja dentro de la página. Aunque, al final, todo vuelve a dejarse llevar por la intuición: observar cómo se ven las cosas y jugar con el dibujo hasta que finalmente hace click”.
En paralelo a sus trabajos para eventos, Zack comenta que también ha realizado distintas obras para el New York Times. Una de ellas fue para un artículo sobre casas resistentes al fuego y otra para Times Insider, específicamente para una herramienta de recomendaciones de libros. Cuenta que todo comenzó por iniciativa propia, enviando largas cadenas de correos hasta que finalmente Vinnie Neuberg (diseñadora y directora de arte de la sección) vio su trabajo y decidió prestarle atención. Zack destaca especialmente el interés de Vinnie por abrir espacio a ilustradores emergentes dentro del diario. Además, menciona que ella también es ilustradora, algo que probablemente influye en su sensibilidad al momento de descubrir nuevos artistas.
Finalmente, Zack comenta que cada vez que disfruta o se emociona con una pieza tiene relación con la forma en que las personas logran resonar con ella. “No siempre es fácil y, cuando empiezo a pensar demasiado en cómo una audiencia podría percibir mi trabajo, puedo volverme inseguro. Lo que intento recordar es esto: al final del día, simplemente me gusta dibujar, y el hecho de que alguien más, aparte de mí, encuentre valor en mis dibujos es un honor increíble por el que estoy muy agradecido. Pero el acto de dibujar es la verdadera recompensa; todo lo demás es un bonus”.
Conoce más de su trabajo en @zackhacman_



