Zhang Xiao

Varios | Por hace 3 años.
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Plácida Pesadilla China
1981. Yantai, China
zhangxiaophoto.com

Por Camilo Rojas.

“Estoy obsesionado con la gente que va como pasando por un sueño, como caminando por nubes, desafiando los rigores de la realidad”



Aunque parezca difícil, EEUU, Brasil y China tienen algo muy importante en común. Vistos desde dentro, cada uno de esos países puede perfectamente convertirse en el mundo entero para sus habitantes. Extraen su propio petróleo, diseñan y construyen sus propios automóviles, y desarrollan su arte, sus deportes y su cultura popular de un modo tan exitoso, que les basta y sobra (pues también exportan bastante de su cultura popular) para olvidar la existencia del resto de los países del mundo. Así es como Brasil, EEUU y China –por poner los ejemplos más paradigmáticos– se han convertido en mundos con estéticas propias, con aliento propio, con vida propia. Pero también es evidente que si bien comparten esa cualidad de ser “mundos únicos”, los modos en que expresan esa cualidad son totalmente distintos. La vida de EEUU, la de Brasil y la de China son completamente distintas, se organizan de distinta manera, huelen distinto, brillan, avanzan y retroceden distinto.

Ahora, emprender la inmensa misión de retratar estos mundos, de mostrar esa vida que los caracteriza, su esencia, es una misión prácticamente imposible. Resulta inevitable caer en estereotipos y clichés de lo que se supone que es lo brasilero, lo gringo o lo chino. ¿Cómo llegar a esa especie de naturaleza propia de una cultura, aquello que va más allá de las banderas, de los personajes típicos, de las postales o las construcciones históricas? He aquí nuestra tesis: sólo se puede dar con esa esencia sin intentarlo. Sin forzarlo. Sin siquiera proponérselo. Haciéndolo sin darse ni cuenta, por mera casualidad. Que se logre o no, eso nadie puede definirlo, ni el que ha iniciado el proyecto, ni los oriundos retratados, ni los críticos, ni nadie.

Todo lo anterior nos sirve de introducción para presentar al fotógrafo chino Zhang Xiao. Aclaremos desde ya que nada podemos decir respecto de si Xiao logra o no dar con la esencia de China. Eso, insistimos, nadie puede saberlo. Remitámonos a decir que hay algo en sus fotos que nos lleva a una atmósfera distinta, a un mundo único y peculiar que toma lugar en algunas ciudades chinas y sus alrededores.

Un corto camino al infinito



Xiao estudió arquitectura, pero nunca ejerció, pues apenas salió de la universidad se fue a trabajar como reportero a un periódico en la provincia de Sichuan, donde vive actualmente. Pasó cuatro años oficiándola de periodista, sacando cada vez más fotos, hasta que la experiencia le permitió lanzarse freelance. Todo lo que sabe de fotografía lo aprendió con la cámara en la mano y leyendo en internet.

Desde que decidió lanzarse han pasado apenas un par de años, pero ha sido suficiente para lograr exposiciones en Inglaterra, Alemania, Francia y Japón, además de muchas provincias en China. Nunca ha trabajado como fotógrafo para marcas o empresas: “desde que me retire del periódico, soy íntegramente fotógrafo de arte”.

Y como artista, ¿hay otros fotógrafos que hayan inspirado tu obra?

Soy admirador de varios fotógrafos: Diane Arbus, Boris Mikhailov, Robert Frank, Josef Koudelka, Martin Parr, Araki y así sucesivamente… y también el director de cine chino Jia Zhangke. Todos ellos de alguna manera han inspirado y guiado mi trabajo.

Cuando alguien se pasa la vida tomando fotos por ahí, suele ir acumulando anécdotas… ¿tienes alguna sabrosa para compartir con nosotros?

Pues sí. Lo que más me ha impresionado a lo largo de mi carrera fue una vez que iba tomando fotos por la playa de Chongqing, cuando un hombre mayor, de más de 70 años, se me acercó preguntando por sexo oral. ¡Me sorprendió mucho! Lo fotografié, pero no hubo sexo oral.

Por otro lado, ¿qué opinión tienes del importante cambio que ha tenido lugar en China durante estas últimas tres décadas, desde que se implementó la reforma económica?

Hay grandes cambios en China desde que se inició la apertura económica, hace 30 años. Las grandes ciudades son constantes obras en construcción… la idea es ponerse al día con el resto del mundo. Y por otro lado está la industria de utensilios: todo el mundo se va de sus ciudades natales para ir a trabajar en alguna industria, generalmente en las zonas costeras. Se impulsa el crecimiento, pero la vida espiritual de las personas va quedándose atrás.

Este cambio económico que se proyecta en lo urbano y lo social, seguramente también ha tenido repercusiones estéticas…

¡Claro! Por ejemplo, toda esa gente que se va a las zonas costeras suele ir a visitar a sus familiares a su ciudad natal, para celebrar con ellos la Fiesta de la Primavera. Son cientos de millones de personas que vienen de todas partes y van a todas partes en un tiempo muy corto. ¡El país se transforma en una gran escena inimaginable!

Muchas de tus fotos parecen imágenes oníricas, composiciones que muestran sueños… pero todo indica que se trata de imágenes de la vida real.?

Mis fotos revelan un mundo de fantasía. Estoy obsesionado con la gente que va como pasando por un sueño, desafiando los rigores de la realidad. Y lo que intento es, con ese simple clic del obturador, retratarlos antes de que puedan despertar… ese sueño es la belleza, y la fotografía para mí es un viaje en busca de la belleza.