Theo Jansen

Varios | Por hace 6 años.
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Theo Jansen
“Sacar al animal que llevamos dentro”

Texto: Juan Pablo Andrade

“Quería observar el fenómeno de la evolución con mis propios ojos”

“Puede ser que la gente alejada de la naturaleza se sienta más cerca de ella con mis obras”

“Las ideas reales, como nos muestra la evolución, se producen por pura casualidad”


1948
The Hague, Holanda
www.strandbeest.com

Ya lo dijo el escritor británico de ciencia ficción J.G. Ballard: “Constantemente estamos redescubriendo en nuestras vidas el pasado histórico en el que se movieron nuestros ancestros”. La frase citada ha sido extraída de una entrevista realizada por el periodista Alfredo Rosso para hablar –entre otras cosas– de una tendencia mundial conocida como “turismo aventura”. Allí el objetivo buscado pasa por experimentar en carne propia algunos de los peligros que ofrece la naturaleza salvaje. Sin dudas se trata de un viaje inusual con alta dosis de adrenalina, en donde la estabilidad, el confort y cierto aburrimiento (por no decir vacío de nuestra vida material) lo hace extremadamente excitante.

Algo de esto hay en el trabajo del artista y escultor cinético Theo Jansen. Su premiada obra Strandbeest (Bestias de playa) es un canto a la vida. Se trata de una serie de insectos gigantes que se mueven con el soplar del viento. Según sus palabras, se trata del redescubrimiento de un nuevo tipo de naturaleza hecha a base de ingenio, tubos de pvc y muchísimos años de trabajo.

Vida y naturaleza son dos conceptos claves en la obra de Jansen; por eso, cuando nos contactamos con este inquietante personaje mitad artista mitad ingeniero, le preguntamos si era posible evolucionar hacia formas de vidas más simples, a lo que nos respondió con un rotundo no. Y hay que tomar en serio la opinión de este holandés, que ha dedicado buena parte de sus 62 años a la reflexión y creación de formas inteligentes de vida. Prueba de ello son sus numerosas investigaciones en torno a la evolución biológica, sus columnas dedicadas a la especulación imaginativa (por ejemplo, el libro The Great Pretender [2008], recopila su experiencias como inventor) y su trayectoria en el trabajo de campo. Es, entonces, desde esta vasta experiencia que Jansen contesta a nuestra primera pregunta, y la negativa da cuenta de su sobriedad científica.

Pero, sea posible o no evolucionar hacia estilos de vidas más simples, lo que sí sabemos es que Strandbeest invita a reflexionar en torno a ello; ya que frente a esas inmensas bestias de la playa, resulta fácil largarse a soñar con un futuro en donde las pesadas maquinarias industriales puedan ser efectivas para la conservación del medio ambiente; en donde los medios de locomoción puedan funcionar a base de una energía limpia como el viento, y en donde, finalmente, los materiales consumidos para las estructuras de viviendas y edificios puedan ser libremente reutilizados.

Y es que, cuando uno se detiene en el placer de mirar a los Strandbeest caminar por la playa, hay una pregunta que rápidamente trepa a la cabeza: ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo es posible, que en un contexto de acelerados cambios tecnológicos, en donde se invierte alto dinero y prestigio en experiencias producidas por y para las computadoras (incluyendo realidades simuladas, interactividad, imágenes generadas por software en tiempo real, etc.), él pueda crear una obra de vida artificial con materiales tan simples como tubos de pvc, cinta adhesiva y la ayuda del viento?

La respuesta, obviamente, se encuentra en la creatividad de este multifacético artista. Pero también en su personalidad, que se moldeó en la paz de la playa. De niño creció en una ciudad tranquila, cerca de la arena y del mar, lejos de los vertiginosos ritmos de toda metrópolis. Puede que este hecho lo haya motivado a disfrutar de las cosas simples que tienen los días, como mirar las nubes o disfrutar de un atardecer imaginando posibles realidades detrás de un horizonte no tan lejano.

En la actualidad, Theo se concentra en una casa/taller a las afueras de La Haya, en el medio del campo, a treinta kilómetros de la playa Ypenburg. Allí continúa perfeccionando las razas de sus Strandbeest, trabajando duro para que en el mañana puedan andar sin su ayuda, sobreviviendo por su propia cuenta a las lluvias y las tormentas. Mientras tanto, se contenta con repararlos cada vez que sea necesario. Y cuando uno de sus animales pierde la batalla a manos del viento o el mar, le hace un sutil homenaje y deposita sus restos en un arenal, donde los huesos amarillos van decolorándose bajo los rayos del sol, hasta mimetizarse con la arena blanca.

Si bien Theo todavía se queja de que sus animales no logran resistir demasiado (no tanto como él quisiera), lo cierto es que han evolucionado bastante. La popularidad que han tenido en los últimos años los han llevado a protagonizar exhibiciones en destacadas galerías y museos de diversas ciudades del mundo. Igualmente, han generado que miles de fans –de forma espontánea– compartan videos y fotografías en redes sociales como flickr y youtube. Y es que su obra, además de ser conmovedora, resulta intensamente poética: animales prehistóricamente modernos que amenazan a un progreso conservador.

A continuación, en entrevista exclusiva para JOIA, Theo Jansen, el cerebro y corazón detrás de las bestias. Escucharlo hablar les puede producir un efecto extraño… Sin más, los dejamos con sus palabras. Que lo disfruten.



¿Cómo nació el proyecto Strandbeest?

Caminando mucho por la playa y por las calles de Scheveningen, en busca de inspiración para mis columnas. Desde 1986 he estado escribiendo piezas para el diario nacional de Volkskrant sobre asuntos que me interesan. Por lo general se trata de cosas técnicas, fantasías o reflexiones… pero en aquel momento no me imaginé que una de estas columnas definiría el resto de mi vida. Los Strandbeest nacieron como un elemento para una nota del periódico.

De todas formas, no hice nada hasta unos meses después. Entonces, en un cálido día de septiembre, fui a la tienda Gamma DIY para comprar algunos de esos tubos de pvc amarillo, y estuve un rato jugado con ellos. Parecía que uno podía hacer todo tipo de cosas. Ese mismo día decidí dedicar un año de mi vida a los tubos. Eso fue veinte años atrás.

¿De dónde vienen esas imágenes prehistóricas?

Quiero hacer todo con las tuberías plásticas. Quiero hacer mis propias formas de vida con este material único. La tubería es flexible, pero extremadamente rígida cuando se utiliza en una construcción triangular. Puedes correr pistones a través de ella, almacenar aire en ella, cosas de todo tipo. Yo sólo descubrí algunos de sus cintos de usos. Dadas las restricciones de este material, me vi obligado a buscar rutas de escape que no eran ni lógicas ni obvias. La estrategia que seguí para diseñar a los animales es, de hecho, todo lo contrario a la que hubiera adoptado un ingeniero.

Es posible comparar el método de trabajo del ingeniero con una autopista. Ambas te llevan a donde quieres ir, y rápido. Sin embargo, todo el mundo viaja en la misma dirección. En el otro enfoque, que voy a llamar el método del artista, tu destino todavía no se ha decidido. Puedes estacionar el auto a lo largo del arcén y caminar por la orilla; luego, machete en mano, puedes ir avanzando a través de la maleza, creando así tu propio camino. Es probable que nunca llegues a un destino en el correcto sentido de la palabra, pero es muy probable que llegues a lugares en los que nadie ha estado antes.

La idea de los animales de la playa fue un accidente. Sucedió después de haber estado jugando un buen rato con los tubos plásticos. Fueron los animales de la playa los que me dejaron hacerlos. Y los tubos de plásticos me enseñaron cómo. Por lo tanto, fueron los tubos de plástico los que pusieron la idea de una nueva naturaleza en mi cabeza.

Siendo que has estudiado ingeniería, ¿por qué abordas tu obra con una lógica contraria?

Supongamos que a un grupo de ingenieros de una universidad le encargan “hacer algo” que pueda moverse por su propia voluntad a lo largo de la playa. ¿Qué esperarías que hicieran? Puedes apostar tu vida que lo harían en tres meses y que también armarían dispositivos tipo robots de acero inoxidable armados con sensores, cámaras y luz. Dispositivos que fueron pensados primero y armados a continuación. Así es como trabajan los ingenieros. Tienen ideas y luego hacen estas ideas realidad. Primero estudian minuciosamente los libros, y a continuación abren todos los cajones en su lugar de trabajo para sacar lo que necesitan. Es un método de trabajo que da resultados rápidos y fiables.

Sin embargo, también es un hecho de que los distintos dispositivos de ingeniería desarrollados en las universidades se parecen mucho los unos a los otros. Esto se debe a que nuestros cerebros se parecen mucho. Todo lo que pensamos puede, en principio, ser pensado por alguien más. Ahora, las ideas reales, como nos muestra la evolución, se producen por pura casualidad.

Sorprendentemente, el azar influye. Y es más probable que el azar juegue un papel cuando haya restricciones. Las restricciones financieras, por ejemplo, pueden significar que los cajones en el lugar de trabajo se mantengan cerrados. Esto provoca la necesidad de buscar otras posibilidades en otros lugares. Durante esta búsqueda surgen de forma automática ideas que a menudo son mejores que las que tuviste al principio. Una vez más, las restricciones de la tubería de plástico fue lo que me obligo a buscar soluciones técnicas que son menos obvias.

¿Y de dónde viene esta fascinación por el pvc amarillo?

Es un material típicamente holandés; estos tubos definen el aspecto de las calles en Holanda. En 1947 se aprobó una ley que decretó que este tubo amarillo se utilizara para conducir los cables de electricidad de las casas. Luego, en la década de 1980, los fabricantes cambiaron la tonalidad del amarillo, quedando definitivamente el color con el que he estado trabajado yo. En los últimos años se han producido alrededor de seis millones de kilómetros de tubería, y esto es una estimación conservadora… los trozos de tubo están en todos lados: por las calles, en las casas, entre los escombros de los contenedores. De hecho, antes de mis bestias, yo ya había experimentado con los tubos de pvc: el año 1979 elaboré un platillo volador que sobrevoló la ciudad de Delft.



¿Cuántas personas trabajan detrás de cada animal, y cuántas especies se han creado hasta el día de hoy?

Sólo yo, aparte de mis agentes, fotógrafos y asistentes para trasladarlos. En total he creado 26 ejemplares de diferentes especies.

¿Nos puedes explicar cómo es tu relación con ellos? ¿Se comunican?

Es diferente a la comunicación con personas o animales reales. Mis creaciones no son más que máquinas, aunque por supuesto que sueño con ellas en la noche. Y las amo, pero no del mismo modo que amo a una persona.

Y la gente, ¿cómo reacciona?

La gente siempre comienza a sonreír. Parece que los reconocen.

¿Cuál es el lugar que ocupa la naturaleza en tu obra?

Amo la naturaleza, pero no la quiero copiar. Quiero olvidar lo que sé y hacer una nueva naturaleza.

Por último, ¿será que la simpleza en la vida nos hace más felices?

Por supuesto.