Ross McDonnell

Varios | Por hace 5 años.
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Joyrider: El ardor de la Decadencia

“Poniendo atención a los contenidos de mis distintos trabajos, podemos decir que el tema que tienen en común es el de la identidad”

“Para mí no son imágenes activistas ni periodísticas. Se trata de una historia sin trasfondos morales”

El método de McDonnell consiste en mantenerse investigando acerca de toda clase de temas; cuando encuentra algo que toca sus sentimientos y que puede ser comunicado de un modo interesante y novedoso, evalúa las posibilidades de publicar el proyecto y, luego, sin más, toma su cámara y emprende viaje al lugar de los hechos. Saca fotos o filma, según sea el caso. Así es como trabaja, y así es como vive: con su vieja Canon FTB en una mano, su cámara de video digital en la otra, y el mundo frente a sus narices.

De Túnez partió a Egipto, de Egipto a Libia, de Libia a México. Antes estuvo en Afganistán, y quiere volver allá, pero no sin antes pasar por Irlanda, su tierra natal. ¿Qué hace en México? ¿Qué hacía en África y en el Medio Oriente? Lo mismo que en Irlanda y cualquier otro lugar: fotos, películas, reportajes, historias. En síntesis: imagen.

Ross McDonnell viaja, pero lo central en su obra no es el viaje. Se dedica a la fotografía porque le permite ser libre, pero lo central no es la libertad. El gran tema de McDonnell es aquello que se fija, lo que se instala; más precisamente, la identidad. Su propia identidad, la identidad de un pueblo, la de una mujer, la de una pandilla. Una vez que hay identidad, todo puede girar a su alrededor; sin ella, no puede haber movimiento. Y ese movimiento, esa libertad, es –al mismo tiempo– condición de posibilidad de la identidad. Dialéctica consumada en ambos lentes: el de la cámara de fotos y el de la cámara de video.

Su trabajo fotográfico ha sido publicado en varias revistas, entre las cuales destacan The New York Times, Art in America, The Observer, Juxtapose, The Washington Post, The Irish Times y Fader Magazine. Ha recibido becas y premios de The Simon Cumbers Foundation, The Irish Film Board y The Jerome Foundation. Dos veces nominado a los Irish Film and Television Award, su trabajo cinematográfico se ha proyectado en festivales de todo el mundo, consiguiendo varios premios. En este ámbito, destaca el reportaje “Colony”, codirigido con su amigo Carter Gunn. Con apenas 32 años, se puede decir que le ha ido bastante bien.

En definitiva, se trata de un hombre que ha sabido arreglárselas para vivir de acuerdo a su pasión múltiple. Una pasión que tiene mucho que ver consigo mismo, pero que está vertida en el mundo que lo rodea; dicho en sus propias palabras, Ross McDonnell es “un hombre orquesta… y un maestro de nada.”

A continuación, presentamos su serie titulada “Joyrider”, que cuenta la historia de una pandilla de jóvenes irlandeses que vive en tierra de nadie, bajo su propia ley; niños que se hacen adultos en un mundo ajeno, apropiándoselo de un modo radical. Junto a la serie, una entrevista en exclusiva para Joia Magazine, en la que nos cuenta de su vida como fotógrafo, de Joyrider, y de su forma de ver el mundo.?



Cuéntanos cómo llegaste a las artes visuales. ¿Siempre supiste que te dedicarías a esto?

Toda mi vida me ha fascinado el cine y las películas. Esto es lo que me cautivó desde que era niño. Durante algún tiempo quise dedicarme a la escritura, pero descubrí que no soy un narrador natural, sino una persona visualmente impulsada. Más tarde estudié Comunicaciones en la universidad; ahí mis ojos se abrieron a la posibilidad de ser un creador de imágenes en lugar de un fotógrafo, un comunicador más que un director. Ese fue un paso importante para salir adelante. Después de la universidad estuve más interesado en la fotografía, por libertad que me daba. Me enamoré de ella y tuve que esforzarme mucho para no caer en el sistema laboral tradicional. Desde entonces he estado trabajando también en cine, como director de fotografía.

Cuéntanos de tu trayectoria profesional.

Mi “trayectoria profesional” ha sido muy interesante, con muchos puestos de trabajo en bares, restaurantes, sesiones de vídeo corporativo y noches en sofás de amigos…

Pero te ha ido bastante bien…

¡Gracias! Es que creo que estamos viviendo tiempos excelentes para quienes están interesados en cosas como el cine, el vídeo, la fotografía o la escritura: nunca ha habido tantas plataformas para la comunicación de ideas, y ahora se están convirtiendo en instancias verdaderamente democráticas. Cualquier joven fotógrafo o cineasta que lea este artículo, creo que estará de acuerdo conmigo en que lo más importante es estar trabajando tanto como sea posible. Siempre estar tomando imágenes. Siempre estar comprometido con tus ideas, contigo mismo y con tu audiencia.

Tu trabajo fotográfico y audiovisual es muy diverso; tratas temas muy disímiles, y con estéticas diversas también. ¿Hay algo común que cruce toda tu obra?

Siempre me inclino sobre todo por el sentimiento y la curiosidad personal. Algunos proyectos suceden por casualidad y otros por encargo, pero todo pasa porque hay algo interesante o fascinante acerca de un lugar, un tema o una persona. Ahora, poniendo atención a los contenidos de mis distintos trabajos, podemos decir que el tema que tienen en común es el de la identidad. Para empezar, el de mi propia identidad, pues la fotografía, para mí, es una manera de existir en el mundo, una manera de ser libre, activo y comprometido. Luego, en segundo lugar, está la identidad de naciones, culturas o personas que aparecen en los distintos trabajos que he realizado; es en esos contextos en los que he estado siempre enfocado.



¿Admiras a otros fotógrafos?

Mis favoritos son Bruce Davison, Shomei Tomatsu, Roger Ballen y William Eggleston. También, entre los que están trabajando muy bien hoy en día, tenemos a Taryn Simon, Broomberg & Chanarin y Todd Hido (Joia_02). Grandes fotógrafos con grandes producciones.

Esta serie: una realidad con su propia ficción

Joyrider muestra la vida de una pandilla de adolescentes irlandeses que vive en los márgenes del mundo, en un barrio de viviendas sociales que por mala planificación finalmente quedó abandonado. McDonnell entró al mundo de estos jóvenes, a sus departamentos y a sus vidas, para retratar el momento en que dejaron de ser niños. La violencia respira en las imágenes, igual que la soledad. Pero no hay tristeza: la decadencia arde.

Cuéntanos un poco más de la historia que se desarrolla en torno a estas fotos.

Joyrider, en esencia, es la historia de un grupo de jóvenes que pasa de la juventud a la edad adulta. Es un documental en torno a esa transición, que se da en esa especie de mundo distócico. Yo conocí a esta banda en Dublín, en una celebración de Halloween; los chicos estaban de fiesta y todo era muy caótico, el fuego se apoderaba de todo. Me llamó especialmente la atención ver automóviles ardiendo. Una semana después, volví con algunas imágenes para mostrárselas, y así empecé a pasar más tiempo en la zona con ellos, tomando fotos… y la historia fue desarrollándose naturalmente a partir de ahí.

¿Hay en Joyrider algo de crítica social?

Creo que es muy difícil de clasificar estas imágenes como crítica social, pues no ilustran las consecuencias negativas del estilo de vida que muestran. Están, a mi parecer, muy abiertas a distintas interpretaciones: no hay, necesariamente, un punto de vista crítico. Creo que la serie es cinematográfica y llena de energía. Hay gente que ha ido muy lejos en la dirección opuesta, suponiendo que yo estoy glorificando la vida de esos jóvenes, pero para mí no es lo uno ni lo otro: son fotografías muy subjetivas que intentan de hacer una ficción de la realidad.

¿Algo más bien narrativo?

Sin duda. Eso fue lo que me pareció interesante de este proyecto: tratar de darle toda la fuerza dramática que tenía en potencia. Contar la historia en su mejor versión.

Son fotografías subjetivas, una historia en rodajas puestas juntas para capturar este caos de la juventud en un ambiente que fomenta la destructividad. Para mí no son imágenes activistas ni periodísticas. Se trata de una historia sin trasfondos morales.

Una historia que hoy también se narra en varios otros lugares del mundo…

Claro, hoy en día desde Caracas a Kabul es posible encontrar jóvenes marginados participando en actividades antisociales, escuchando hip-hop, haciendo carrera en el negocio de la droga. Se trata de una cultura global y, como tal, es una historia conocida.
Tal vez nadie espera ver este tipo de cultura en un lugar tan pequeño como Irlanda, sin embargo, en este contexto podemos ver las imágenes de Joyrider como una historia acerca de la hegemonía cultural de las pandillas juveniles y la identidad de las pandillas en general.?



Hay otros fotógrafos que han hecho un trabajo similar al tuyo, conviviendo con pandillas y fotografiando su vida. Acá hemos entrevistado a algunos de ellos y nos han contado que la experiencia siempre ha sido de largo aliento, ya que deben ganarse la confianza de las pandillas, cosa para nada fácil. Respecto a esto, ¿cómo fue tu experiencia con los jóvenes de Joyrider?

Es cierto. Hay que tener buena suerte y mucha paciencia. Y sin duda se trata de una historia larga. Estos chicos de Joyrider siguen siendo mis amigos; de hecho, todavía hago trabajos con ellos. Uno se ve inmerso personalmente en un lugar y siente el deber de continuar la labor que está haciendo. Hoy, esta historia sigue siendo muy interesante para mí, tanto como lo fue hace cinco años, cuando los conocí.

Las abejas

El año 2009 McDonnell por fin vio en la pantalla grande el documental que lo tuvo ocupado por casi dos años. Esta vez los personajes centrales fueron abejas y un grupo humano que vive, cada vez con mayor dificultad, en torno a ellas. El resultado fue un film potente a nivel estético y narrativo, y, para más, un éxito.

Tu reportaje “Colony”, del 2009, fue muy bien recibido en todo el mundo. ¿Puedes contarnos un poco más de esa experiencia?

Colony fue la primera película que hice, y fue una experiencia fantástica. La codirigí con mi amigo y colega cineasta Carter Gunn. Trabajamos juntos durante casi dos años entre la filmación y la edición. Es un documental sobre la desaparición de las abejas; una especie de novela de misterio sobre el medio ambiente. La película es, sin duda, muy distinta al resto de las cosas que salen hoy en día, y estamos muy orgullosos de ello.

Nuevos horizontes, viejos horizontes



Sabemos que actualmente estás instalado en Ciudad de México. ¿Estás trabando en algo nuevo?

Sí, ahora mismo estoy viviendo en la Ciudad de México, tratando de hacer un documental y un proyecto de fotografía con cosas de acá. La mayor parte del trabajo está relacionado con historias de ficción barata y películas de crímenes de la década de los 40s. Todo va muy bien por ahora…

?Para terminar, queríamos comentarte que somos fans de Swift. Como irlandés, debes conocerlo muy bien. ¿Crees que su ironía inteligente ayudó a forjar el carácter de los irlandeses? Y a ti, ¿te ha marcado de alguna manera??

Sí. Amo a Swift. Especialmente el texto “Una modesta proposición…”. Creo que es justo decir que su sátira y sentido del humor tiene un legado duradero en nuestro carácter nacional. Las cosas han cambiado desde el siglo XVIII en Irlanda… pero no tanto.