Robert Yager

Varios | Por hace 6 años.
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ROBERT YAGER
GANG: Las pandillas de LA desde sus propias entrañas


“Veo a la gente sin miedo ni prejuicios. Sólo intento capturar su carácter. Trato de ser honesto y sencillo en mi enfoque y mis composiciones”

“El punk dio lugar a sonidos únicos, un estilo y energía que influyeron fuertemente en el mundo que vivimos hoy en día”
“Algunos de los que han dejado la pandilla me han escrito, expresando lo agradecidos que están por tener una documentación de su vida anterior”

Fecha de nacimiento: 1965
Lugar de nacimiento: Londres, Inglaterra
Lugar de residencia: Los Angeles, CA
Sitio web: www.photoloco.com

Las pandillas de Los Ángeles no se organizan para luchar contra algún poder establecido; no defienden ideales ni tienen la intención de desbaratar organismos represivos. Su lucha no busca justicia ni nada parecido. Se trata de una disputa constante entre grupos semejantes que buscan el control de territorios y el respeto de los otros grupos; una contienda constante que se autoperpetúa y que ya se ha vuelto algo característico de la zona. Abundan las armas y la violencia gratuita, y se ha levantado toda una subcultura en la que el valor de la vida se pesa con una moneda más liviana que el papel. Pero ?por qué? La pobreza, las drogas, los altos índices de abusos sexuales y la falta de expectativas son las respuestas más habituales que ha sabido dar la autoridad. Se trata de un problema que hace algunos años tocó fondo, pero que está lejos de ser solucionado, y que permanece como un fantasma de plomo desparramado sobre la inmensa ciudad. Se ha estudiado el fenómeno, se ha escrito mucho al respecto, y hasta se han grabado películas en las que se refleja este problema, pero hasta hace algunos años no se contaba con documentación real de la cara interna de este submundo. Acá es donde aparece Robert Yager (46), un fotógrafo Inglés que decidió acercarse a las pandillas para retratar la humanidad, la realidad y la estética que se esconde tras el mito. Fueron diez años, entre 1992 y el 2002, observando en primera fila aquello de lo que todos escapan. El resultado: fotografías que nos hablan de una forma de vida, y un conocimiento acabado de lo que allí ocurre.

–Tu serie de las pandillas de LA nos parece impresionante; creemos que logras transmitir muy bien la atmósfera áspera que se respira en ese contexto… Cuéntanos un poco de cómo se vive ahí.

Gracias… La escena de las pandillas en Los Ángeles es una especie de subcultura de los jóvenes de allá, donde la rebeldía y la pobreza son lo que guía los hechos, al igual que el movimiento punk en sus inicios. Pero esta vida de las pandillas es mucho más mortal y peligrosa que la vida punk que se vivió, por ejemplo, en el Reino Unido, donde las armas son más difíciles de conseguir. En este sentido, la vida de pandillas de Los Ángeles está más cercana a la de un soldado extranjero en Irak que a la de un punk en Londres. La muerte forma parte de una lotería que se juega en todas las esquinas.

Hay mucha rivalidad entre las bandas de aquí. Están constantemente luchando entre sí por todo tipo de razones, pero más que nada por poder, territorio y reputación.

Ellos imitan su propia libertad, ya que puede ser difícil para los miembros de una banda moverse por la ciudad. Están constantemente cruzando los territorios de sus rivales e incluso arriesgando sus vidas en zonas neutrales. Es una lucha de supervivencia en una ciudad donde el cielo es el único límite. Pero al mismo tiempo, la vida en una banda es un desafío y una fuente de emociones que enlaza a los del mismo grupo firmemente.

Para los miembros de pandillas, evitar los problemas con las pandillas rivales es bastante difícil…

–?Y con la policía?

También hay un conflicto constante con la policía, pero yo no diría que la lucha es entre las pandillas y la policía: la cosa es entre pandillas, y en este juego la policía pasa a ser una banda más, una banda superior, sin duda, una banda con más poder, autoridad, estructura y organización que cualquiera de las bandas callejeras. De hecho, la policía también ha participado corruptamente… cuando yo estuve sacando fotos allá hubo una unidad policíaca destinada a luchar contra las pandillas, la Unidad “RampartCRASH”, que fue descubierta haciendo los mismos negocios: aquellos policías robaron drogas, plantaron pruebas y dispararon a personas, entre otras cosas. Se cree incluso que participaron en el asesinato de Notorious BIG, el rapero.



–Tú entraste a una pandilla en particular. ?Cómo se llama? ?Puedes contarnos un poco de la vida al interior de esa pandilla?

La primera pandilla en la que me dejaron entrar fue la West Side Playboys. Su base está en la mitad de la ciudad de Los Angeles, alrededor de Pico Boulevard, cerca de la Avenida Vermont. Visité muchas otras pandillas, pero me sentí más cómodo con ellos. Se trata de un barrio conocido por, entre otras cosas, sus murales; esos murales han sido pintados por artistas que forman parte de la pandilla, y fueron ellos, precisamente, los que apreciaron la calidad de las fotos que les tomaba. Por eso los elegí, y por eso también ellos me han protegido.

La vida en esa y en casi todas las pandillas comienza muy temprano: los niños son reclutados y son iniciados con un ritual, que suele ser una paliza por tres o más miembros de la misma pandilla. Luego se les informa acerca de las normas que deben seguir y la jerarquía que tienen que respetar. A partir de ahí se pasa a una serie de actividades que los unen: la lucha contra pandillas rivales, la protección de su barrio, los robos a transeúntes, el desvalijamiento de automóviles, la venta de drogas, la extorsión, las fiestas, etc. También, por lo general, la vida de pandillas incluye pasar tiempo en la cárcel, que tiene un conjunto de normas por sí misma.

La vida en la pandilla tiende a unir a todos, pero también ocurren conflictos personales dentro de la pandilla. Las reglas tienen que ser respetadas, de lo contrario se forma un pequeño juzgado interno y se dictan sentencias.

La vida era impredecible y dramática. Los miembros de los Playboys desaparecían por largos períodos, pues eran encarcelados con frecuencia. Algunos miembros lograron no meterse en problemas muy grandes, pero muchos otros terminaron adictos a las drogas, angustiados, paralíticos, o derechamente muertos.

–Para fotografiar el mundo de esas pandillas ellos debieron darte permiso para entrar en sus vidas. Ahora, ?cómo te ven ellos a ti? ?Como un amigo, un aliado, un tipo de quien pueden hacer uso?…

Sí… un par de veces les pregunté justamente eso, y ellos me dijeron que, especialmente al principio, tenían sentimientos encontrados acerca de mí. Algunos de ellos pensaban que yo era una especie de policía, posiblemente del FBI. Pero otros se dieron cuenta de que no era más que un inmigrante que estaba tratando de hacer algo interesante y creativo.

Hoy, algunos me ven como un amigo y han cuidado mi espalda por años, del mismo modo como yo he estado allí para ellos cuando me han necesitado. Otros me han visto como alguien que los ha explotado, pero no son los que me han conocido o han sido fotografiados con regularidad. Otros me ven como el que los pone en el mapa, dándoles reconocimiento. También están aquellos que ven que siempre he sido honesto y abierto acerca de lo que he estado haciendo y reconocen que he mantenido mi integridad.

Me llaman y me invitan a eventos familiares y de la pandilla. Algunos de los que han dejado la pandilla me han escrito, expresando lo agradecidos que están por tener una documentación de su vida anterior.



–?Alguna vez se enojó un pandillero por que le tomaste una foto?

La única vez que me tocó lidiar con un pandillero enojado por estar tomando fotos de ellos, fue durante un disturbio por peleas en el Centro de Los Ángeles, entre el caos de los saqueos, cuando la policía y los miembros de la pandilla estaban tensos y aún no me conocían. ¡Pero yo tenía que tomar esas fotos! Por suerte encontré la manera de salir de allí.

Con las bandas en general, siempre he tratado de estar seguro de que cuento con su permiso para fotografiarlos, especialmente a aquellos que no me conocen. También hay que estar consciente de que a veces es mejor no tomar fotos. Mi comportamiento debía ser muy pasivo, y en general sólo fotografiaba a aquellos que me lo pedían… a menos que viera algo espontáneo que lo mereciera.

–?Qué más puedes contarnos de tu experiencia con las pandillas de LA?

Te podría decir muchas cosas… y hay muchas otras que no puedo decir. Lo que diré es que ha sido el trabajo más gratificante que he hecho, y que he aprendido mucho de la vida allí y que me he hecho más fuerte.

–Y algún otro susto que hayas pasado…

Un susto se produjo una vez que iba caminando por un callejón con un grupo de compinches. De pronto, un miembro más viejo que aún no había fotografiado, puso un revólver en mi estómago. Él estaba drogado, y a eso se sumaba que tiempo atrás había recibido un disparo en la cabeza. “¡Dame tu cámara!”, dijo. Dudé por un momento para ver si estaba bromeando, y los chicos a mi alrededor se encogieron de hombros. Dijo de nuevo “¡Dame tu cámara!” Y, al notar su dedo en el gatillo, se la pasé. Entonces él la tomó y mirándome a los ojos, dijo: “¡Mira! ¡Los Compinches te respetan, no los defraudes!” Entonces me devolvió la cámara y se fue.



Los comienzos de un reportero nato

Cuando ya se ha estado un rato digiriendo las imágenes, surge la pregunta acerca de quién es la persona que ha tenido la osadía de ir con su cámara a reportear algo semejante. Ya hemos tenido los ejemplos de Boogie con las pandillas de New York (Joia_4) y de Alejandro Olivares en las poblaciones de Santiago (Joia_13), entre otros muchos fotógrafos-reporteros que han sido capaces de lanzarnos la realidad en la cara, y nos hemos encontrado con que no hay regla educativa ni traumática que se repita. Al parecer, estos sujetos sólo tienen en común una especie de curiosidad natural, que se manifiesta en una aparentemente contradictoria mezcla de temeridad y sensatez.

El caso de Yager se caracteriza por una búsqueda de movimiento que empezó apenas terminó sus estudios secundarios. En ese momento le pidió prestada una cámara fotográfica a un amigo y se lanzó a recorrer Europa. Hasta entonces había vivido en Londres, su ciudad natal, y cuando emprendió el viaje no tenía idea de qué quería estudiar. A la vuelta decidió partir a Portsmouth a hacer una licenciatura en Estudios Latinoamericanos, y luego, el 85, la Universidad lo envió a México a continuar sus estudios en la UNAM.

–?Y en México también estuviste tomando fotografías?

Claro, viajé por México y América Central. Ahí me dediqué a retratar la vida en la calle, fotografiando a la manera de Henri Cartier-Bresson y Manuel Álvarez Bravo. Después de ese tiempo en México, decidí darle una oportunidad a Los Ángeles para continuar mi educación allí y no volver a Inglaterra. El Reino Unido estaba bastante mal en el momento en que me fui, y además yo estaba buscando algo diferente. He vivido en Los Ángeles desde entonces, pero visito New York y Londres cada vez que se me hace posible.

–Al principio de la entrevista comparaste la situación de las pandillas de LA con los orígenes del punk. Tú eres londinense de origen, y te tocó vivir allá parte de tu juventud rodeado de punk. ?Aquello influyó de algún modo en tu forma de ver las cosas?

Eso definitivamente afectó mi percepción respecto al poder de la música y el valor de la rebelión. Me llevó a no estar de acuerdo con la autoridad y a cuestionar las reglas que se aplican sobre nosotros. Estábamos en medio de todo: fui perseguido por la policía y por grupos skinhead… También me tocó ir a ver grandes bandas de la época, como The Clash, Ramones, The Jam, Specials, Talking Heads y Joy Division, por ejemplo. Los conciertos emanaban una energía increíble, una energía que no creo que pueda manifestarse en el marco de algo legal. Era algo político y tribal. El punk dio lugar a sonidos únicos, un estilo y energía que influyeron fuertemente en el mundo que vivimos hoy en día.
Casualmente, la semana pasada tuve una misión que se relaciona con esto: fotografiar a Johnny Rotten en Los Ángeles, para la portada de The Independent Magazine, de Londres… Creo que fue Steve Jones quien dijo: “Los viejos punks de Londres no mueren. Se trasladan a Los Ángeles”.

–?Estudiaste formalmente fotografía?

Cuando finalmente me mudé a Los Ángeles, tomé algunos cursos de fotografía: Fotoperiodismo, Técnicas de Cuarto Oscuro en Blanco y Negro e Iluminación de Estudio. También trabajé como asistente por algunos años, y recientemente estudié Photoshop. No tuve mucha educación formal en fotografía, pero me dediqué arduamente a aprender por mi cuenta.


Los gajes del oficio

Pero la calle no es el único contexto en el que se ha desenvuelto Robert Yager. También ha realizado retratos de importantes personajes del mundo de la música, el cine, la política y la literatura. Salvo el caso de las fotos tomadas para el regreso de David Lee Roth (el vocalista de Van Halen, que lo contactó directamente después de ver su trabajo), todos estos retratos han sido encargados por editoriales de fotografía.

–Entre las personas que has retratado hay muchos multimillonarios. Vemos, por ejemplo, a Nico Golfar, uno de los grandes cerebros de la industria del entretenimiento… ?Cómo vives la experiencia de pasearte por los extremos sociales? ?Qué te llama la atención de este gran contraste?

Estoy acostumbrado a ver grandes contrastes en los círculos que me rodean. Esa es una parte de cómo me crié en Londres. Y no me causa problema: soy muy fácil llevar, no me impresiono fácilmente y me tomo las cosas con calma. Pero recuerdo una vez que fue especialmente interesante y desconcertante: a fines del 2000 la New York Times Magazine me envió a una reunión en la que George W. Bush estaba definiendo su gabinete. Ahí estaban el presidente electo, Dick Cheney, John Ashcroft, Condoleezza Rice, Karen Hughes y Andy Card… en ese momento tuve que mantener estoico mi profesionalismo.

–Pero, por otro lado, has estado con personas muy interesantes.

Sí, me considero muy afortunado de haber tenido que fotografiar a personas que respeto y admiro, como Hunter S. Thompson, Dennis Hopper, Chuck Palahniuk, Warren Beatty, Tom Waits, Donald Sutherland y Jeff Bridges, por nombrar algunos. Pero sin duda no respeto a todas las personas que he sido asignado a fotografiar. Me gusta pensar que me dan esos encargos porque veo a la gente sin miedo ni prejuicios. Sólo intento capturar su carácter. Trato de ser honesto y sencillo en mi enfoque y mis composiciones, sin deberle nada a los propios sujetos.

–También has trabajado en publicidad: ?qué piensas de la fotografía publicitaria? Ciertamente es un trabajo muy diferente al que realizaste, por ejemplo, con las pandillas.

En realidad he hecho muy poca publicidad hasta ahora. Lo único ha sido la campaña “Trendsetter” para Variety, el periódico enfocado en la industria del cine. Fotografié a diferentes celebridades del cine, en blanco y negro, con una copia de Variety en alguna parte a mano, de una manera muy natural. Fue sencillo para mí, y creo que no era falsa… tampoco creo haber caído en esa simbiosis entre la empresa y el fotógrafo, que finalmente viene de la mano de una ética publicitaria y un mar de billetes… no me hice millonario ni nada parecido, y tampoco apunto a eso.

?En qué andas hoy por hoy?

Recientemente he estado trabajando sobre todo en tareas editoriales, fotografiando para el New York Times… también acabo de publicar un artículo sobre los grafiteros locales en Los Ángeles Magazine. También sigo tomando fotos de algunos de los miembros de la misma banda que conozco desde 1992.