Roa

Varios | Por hace 5 años.
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On the Road(d)

por Juan Pablo Andrade

Lugar de nacimiento: Ghent, Bélgica
Lugar de residencia actual: Ninguno (es nómade)
Web: flickr.com/photos/roagraffiti

La interrelación entre los seres humanos y animales hoy en día es tan confusa como lejana al origen de ambos

Desde que tengo memoria, he recogido esqueletos de aves y roedores para dibujarlos

En 1995, el director de cine y ex Monty Python Terry Gilliam dio a conocer un extraño film con aires de ciencia ficción en donde –entre otras cosas– se disputaba el fin de los tiempos para la humanidad. Interpretada por Bruce Willis, Brad Pitt, Madeleine Stowe y con la música del enigmático Astor Piazzolla, el largometraje Doce Monos (película inspirada en el mediometraje francés La Jeteé, de 1968) dejó buenas críticas y una imagen que a muchas personas les cuesta olvidar: un montón animales salvajes sueltos por las calles de Philadelphia, liberados por un grupo de activistas clandestinos.

Alguien que parece comprender el impacto visual de la escena citada es Roa, un graffitero belga que desde niño viene indagando en el street art, y que en los últimos años se ha hecho conocido por retratar (a enormes escalas) diversas especies de animales en diversos rincones del planeta. Londres, París, Ciudad de México, Los Ángeles, NYC, Moscú, Madrid, Ghent, son sólo algunas de las ciudades que han sido invadidas por su pandilla animal.

Como si fuera un actor de su propia película, Roa interpreta el papel de un artista urbano en eterno viaje, que se aventura en callejones y fábricas abandonadas para liberar una extraña (e innumerable) fauna oprimida por los hábitos de nuestra cultura. Y además, como buen actor, viene dejando grupos de fans por las ciudades que visita, convirtiéndose en una especie de celebridad underground, pese a sus esfuerzos por conservar el anonimato.

Con estilo propio, buen dominio de la técnica y una envidiable lectura de los espacios públicos y privados, Roa vive ansioso por conocer el mundo entero. Desespera por recorrer los alegres pasajes sudamericanos, las soleadas calles africanas y las inmensas urbes asiáticas. En la mayoría de sus destinos aparece como un absoluto desconocido, pero no en todos. Además de callejones y fábricas, Roa visita galerías, en las que ha pintado paredes en un marco más formal, marco que le sirve de resorte para ganar no sólo el respeto de la gente, sino también el de sus pares y los críticos.



Tus pinturas tienen un estilo muy marcado. El conjunto siempre parece hecho a mano alzada, pero luego uno puede notar que hay mucho detalle en las líneas. ¿Cómo llegaste a concebir esa técnica?

Cuando niño dibujaba bastante, y siempre me gustó usar muchas líneas sin borrarlas. Hace unos años, mientras estaba haciendo un graffiti, empecé a transferir esa técnica del dibujo a la pared… fue así como descubrí una nueva forma de acercar la pintura en aerosol a las paredes, y con eso se me abrió un nuevo mundo de posibilidades. Asimismo, las superficies de las paredes también me ofrecieron un montón de nuevas formas de manipular el aerosol. Porque cada pared es distinta. Es por eso que prefiero las paredes con texturas, en lugar de las lisas. Eso es lo maravilloso de pintar en las paredes: cada textura te ofrece nuevos retos. Cada pintada requiere una nueva estructura.

Siendo que hoy en día hay tantos colores y tonalidades disponibles, ¿por qué la mayoría de tus animales no pasan del blanco y negro?

Cuando pinto, trato de integrar el color de la superficie del muro… así que no lo considerarlo sólo como blanco y negro. Pero uso más a menudo el blanco y el negro porque me gusta pintar con bosquejos que me permitan utilizar una paleta primitiva y sencilla. Uso las líneas para hacer sombras en lugar de diferentes tonalidades. Pero no excluyo el color y nunca sé cómo se va a ver mi próximo cuadro.


¿Por qué la fauna?

Porque la fauna es maravillosa, genial. Los leones, los elefantes, los rinocerontes. Eso por un lado. Por otra parte, creo que es muy interesante lo que ha ocurrido con los animales con los que convivimos. El cómo los roedores fueron adaptando sus hábitos de supervivencia a nuestra sociedad de consumo y cómo la humanidad utiliza otros animales en la industria alimentaria sin ninguna conciencia respecto a la situación en la que se encuentra el planeta. La interrelación entre los seres humanos y animales hoy en día es tan confusa como lejana al origen de ambos, y estas extrañas tendencias no dejan de llamarme la atención. De ahí que no sólo me interesen los animales exóticos… el ratón doméstico, el pájaro que canta, las ardillas de las plazas, todos ellos también representan la vida.

¿Cómo eliges qué animal pintar en cada ciudad?

Generalmente me inspiran los animales locales que viven en cada ciudad en particular. Por ejemplo, las ardillas en Nueva York y Londres, o un armadillo en México, o un zorrillo en Los Ángeles. Me gusta mucho pintar los animales más comunes de un lugar, los animales pequeños que viven junto a los habitantes de cada ciudad específica, animales que a veces son despreciados o considerados inferiores a los animales más domésticos, como gatos y perros, ¡pero que por ningún motivo lo son!



Activismo casual

Abriendo otro capítulo de la saga de aventuras trotamundos de Roa, nos ubicamos en la ciudad de Amberes (situada en la parte septentrional de Bélgica), cuyo puerto es el segundo más grande de toda Europa. Se trata de un puerto con varias anécdotas históricas: a principios del siglo XIX Napoleón quiso convertirlo en zona militar por su privilegiada ubicación geográfica. Un siglo después, el año 1920, Amberes fue sede de los Juegos Olímpicos. Y hace pocos años, con la intención de expandir su actividad comercial, el puerto de Amberes volvió a dar la noticia al anunciar una monumental ampliación de sus instalaciones. Acá es donde Roa inscribe su nombre en la historia de esta ciudad. Para realizar la ampliación, era necesario ocupar las tierras en las que se emplazaba un pequeño pueblo llamado Doel. La mayoría de los pobladores recibió el dinero correspondiente y abandonó sus casas, quedando el pueblo prácticamente vacío. Roa y otros pintores se enteraron de la noticia por los diarios, y sin pensarlo partieron a pintar ese pueblo que constituía una especie de paraíso para el graffiti. Para sorpresa de los artistas, su presencia y sus trabajos llamaron rápidamente la atención de la prensa, de los turistas y de los pocos vecinos que se habían quedado resistiendo. Todo el mundo interpretó aquellos graffitis como una señal de protesta. Los graffiteros, que en un primer momento se encogieron de hombros, pronto se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y decidieron levantar los puños. Así fue como Roa se convirtió también en activista.

Lo de Doel fue radical. ¿Se había producido antes un desalojo similar en Bélgica?

No, fue un caso único. La gente armó grupos de acción para luchar por sus derechos, pero la industria portuaria finalmente ganó. Los pocos que se quedaron en Doel no nos consideraron vándalos, sino que, por el contrario, se alegraron mucho de que llamáramos la atención de Europa respecto a lo que estaba sucediendo allí. Se alegraban, incluso, de que pintáramos sus casas. Sin ser esa nuestra intención inicial, nos convertimos en parte del activismo. Porque cuando fuimos allá, lo hicimos simplemente con intenciones de pintar.

Sueles pintar en espacios abandonados. Sobre todo fábricas…

Así es. La mayoría de estos lugares llevan muchos años inactivos. Se encuentran cubiertos por la maleza y suelen estar habitados por palomas y roedores. Son construcciones en decadencia, en su mayoría abandonadas ya a principios de los ochenta, cuando las empresas más grandes y modernas empezaron a hacerse cargo de la industria.

Sabemos que no vives en un lugar definido. Pero naciste y has vivido mucho tiempo en Bélgica. ¿Cómo es la vida allí?

¡Excelente! Lo principal: ¡chocolate y cerveza!

¿Y cómo es eso de que estuvieron un año sin gobierno?

Aún estamos sin gobierno… pero yo ya no me meto en estas políticas surrealistas… ¡Es una locura!



¿En qué te encuentras trabajando hoy en día?

Ahora, montando una exhibición en Berlín. Después pintaré un gran muro por acá cerca. Asique me encuentro en lo de siempre, pintando, pintando y pintando.

¿Te atrae la idea de publicar un libro?

Sí, me atrae. De hecho, ese proyecto también está andando. Pero quiero algo más personal… no una gran cosa. Lo estoy haciendo con la editorial Mammal Press. Se titulará “ROA: Una Introducción a la Representación Animal”. Este libro no contendrá sólo imágenes, sino que también hablará sobre las aventuras de los últimos meses. Llevará una serigrafía dentro, algunos bocetos a mano, etc.

¿Qué opinas respecto a que el street art esté cada vez más relacionado con la publicidad y las galerías de arte contemporáneo?

Veo que suceden cosas, pero no creo que esto vaya a matar al street art. Las personas que pintan en las paredes lo hicieron antes de que cualquier tipo de interés surgiera y dejarán de pintar cuando esos intereses se hayan desvanecido. La esencia del street art, que es pintar en la calle, es una pasión, es un arte que no se permite a sí mismo ser restringido por algún instituto o ley, es absoluta libertad de expresión.