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RICARDO VILLAVICENCIO
Texto/ Tamara Meruane

“Las marcas no importan en el book de un diseñador”

“La dificultad que tenemos en Chile, es que somos pobres en propuestas, y acá el problema ya no es de nosotros los creativos: es responsabilidad del sistema económico chileno”



Sitio web: Delrancho.org

“La identidad gráfica de un país se construye haciendo”

Trabajó en una de las más originales agencias de publicidad en Chile, hasta que se fue. Crítico de la escena local de las artes visuales y autocrítico mordaz, Ricardo Villavicencio habla de su experiencia en Estados Unidos y el estado actual del diseño chileno.

Como estudiante, Ricardo Villavicencio descubrió que aprendía mucho más escuchando experiencias en los seminarios de diseño que de cualquier otro modo, razón por la cual asistía a los que más podía. En esa época (año ’98) las charlas se planteaban de una manera muy comercial y estratégica. Consecuencia de ello, terminaba varias veces quedándose dormido en los encuentros.

Un día estaba sentado en la mitad de un auditorio, escuchando cómo varios diseñadores hablaban del mercado, la curva y las exportaciones. Mientras luchaba contra el sueño, vio que atrasado al encuentro llegaba Julián Naranjo, diseñador 20 años mayor que él y con una gran trayectoria en publicidad. Se sentó a su lado y le quitó el sueño gracias a un dibujo que estuvo haciendo en unas hojas de afiche, concentradísimo e ignorando todo lo que los demás hablaban. Para Ricardo ver a este tipo exitoso tan relajado frente al mundo del diseño le produjo un cambio en la perspectiva: “observarlo distendido y sin una chapa de empresario del diseño, creo que me motivó a tomar cierta actitud frente al diseño”.



Antes del diseño querías dedicarte a la música…

Cuando terminé la universidad estaba decidido a dedicarme a la música como primer oficio, pero justo me llamó un amigo diciéndome que necesitaban un diseñador web. Entonces, acepté. Comencé trabajando en diseño corporativo y luego web, pero sólo me tomó un par de meses darme cuenta de que quería hacer algo más dinámico. Encontraba interesante lo que se podía hacer con fotografía y publicidad.

¿Cuáles fueron las dificultades que tuviste que sortear en un principio para dedicarte a esto?

Nunca sentí fuertes complicaciones ni dificultades cuando comencé, sólo cuando quise cambiar de área. De diseño a publicidad masiva. Entré a trabajar a una agencia creativa y era el único sin un background de creatividad publicitaria.

¿Qué te motivó a seguir?

El miedo. Tenía terror a ser despedido. El miedo al fracaso, el miedo a saber que no me la pude, a sentir que no servía o que no era bueno. Básicamente aferrarse al ego.

¿Cómo te convertiste en director de arte de Leche?

Leche fue una segunda agencia que hizo Lowe Porta, pero que vendía un perfil súper creativo conformado sólo por jóvenes. O sea, pura gente de veinte y jefes que no tenían más de 34 años. Yo venía de mis dos años de experiencia laboral, en la cual pasé por muchas áreas de diseño y publicidad no masiva y sentía que si quería dar otro paso, debía ser algo como en ese lugar.

Asistí a una entrevista para entrar y desplegué toda mi experiencia profesional, demostrando que había trabajado con marcas importantes… Pero ahí me di cuenta de que las marcas no importan en el book de un diseñador. Sabía muy bien que mi portafolio comercial era malo, así es que llené la mitad con afiches de música. Salí de la entrevista y me dijeron lo típico: “te llamamos”. Me sentí muy triste porque sabía que me había ido mal, sin embargo, al mes recibí un llamado diciéndome que había quedado, que mi portafolio no era creativo pero que encontraban interesante mi sección de afiches y que querían probar qué tal funcionaba.

¿Y qué pasó ahí?

Entré a trabajar y me di cuenta de que me había metido a un área totalmente distinta a la que estaba acostumbrado. Todos eran unas máquinas pensantes, nos juntábamos sólo a idear y como yo no sabía ni entendía el proceso, me llevaba un libro imagebank y miraba fotos por si se me ocurría algo (ríe). ¡Era terrible!

¿Cómo continuó ese proceso de aprendiz?

Me tomó un año aprender y empezar a hacer mis propios avisos: idea y ejecución, al mismo tiempo. Nunca dejé de ser diseñador y descubrí la ilustración, entonces empecé a complementar todo muy bien. Luego de unos años, me ofrecieron crear un área que fuese más cercana a lo que me gustaba hacer, que era como crear diseño pero utilizando el proceso creativo publicitario.

¿Cómo recuerdas esa época?

Fueron años realmente lindos e irrepetibles. De mucho aprendizaje, éxito, frustraciones, fama, borracheras, cansancio, pero sobre todo, amigos. Fue todo tan intenso que hizo que la agencia acabara.


“Lo más malo de haberme ido es que acá me siento el peor artista”

Luego de que Leche cerró, Ricardo y sus amigos formaron otra agencia, pero esta no consiguió instalarse, y a los dos meses debió cerrar. Después del fracaso, sus compañeros pensaron en retirarse de la publicidad para dedicarse a otra clase de proyectos, como la música, la fotografía, el guión y los viajes. Villavicencio también sintió que era la oportunidad de dejar el área para dedicarle más horas a la docencia y probar suerte como ilustrador. No obstante, dos mails cambiaron su rumbo de manera definitiva.

Cuéntame de esos correos que recibiste…

En ese entonces yo tenía un blog en el cual publicaba mis trabajos. Por esas cosas extrañísimas del destino, al día siguiente de que dejé la última agencia, recibí dos e-mails de ofrecimientos de trabajo. Uno del estudio Stardust y otro de Brand New School. En el primero se aclaraba que yo debía residir en New York, por eso no resultó, y en el segundo me preguntaban de dónde era y si estaba disponible para trabajar de forma remota la siguiente semana.

¿Y qué sucedió?

Imagínate la emoción, no podía creer lo que estaba pasando. Al mismo tiempo estaba súper nervioso de empezar a trabajar con ellos, ya que no sabía inglés y al principio no entendía muy bien el tipo de trabajo que debía hacer.

¿Qué fue lo primero que hiciste para ellos?

Me enviaron los guiones que debía visualizar, y yo le pedía a mi novia y amigos que me los tradujeran. Después de haber hecho varios proyectos, al sexto mes me preguntaron si tenía intenciones de ir a New York. Yo les respondí que sí, pero primero debía aprender inglés (ríe). Y el feedback de ellos fue: “¿Que tal si preparamos todo para que vengas a trabajar con nosotros y aprendes inglés acá en NY?”.

¿Cómo fue llegar a trabajar a otro país?

Luego de esperar varios meses que se tramitara la visa, fui tomando conciencia de cómo sería mi primer año en Estados Unidos. Asumí que mi gran problema sería lidiar con el idioma.

Pero al final hablaste…

Literalmente los primeros cinco meses no abrí la boca. Intentaba conversar algo, pero a los tres minutos me cansaba o aburría. Lo otro es que no conocía a nadie de habla hispana, así que tampoco hablaba español. Para trabajar no tenía inconvenientes ya que los productores enviaban todas las reuniones y notas por escrito.



¿Qué fue lo mejor y lo peor de irse?

El conocer tantas culturas distintas me amplió la percepción sobre las cosas, las verdades que son falsas, el manejo de los medios, el sentido de la vida, la espiritualidad. Y bueno…tengo que decirlo: acá descubrí lo que es el arte. Y si lo mejor de haberme ido fue que esto lo sentía como un premio por creerme buen diseñador, lo más malo de haberme ido es que acá me siento el peor artista.

Chile desde fuera

El estilo gráfico de la obra de Villavicencio está muy influenciada por el Gig Poster, la paráfrasis a la serigrafía o las ilustraciones con trazos fluidos. Él lo define como una fusión que no tiene nada que ver con la identidad chilena.

¿Sientes que tu obra es chilena?

En absoluto. Me gusta creer en las personas, encontrar respuestas en nosotros como seres individuales y no depender de una bandera para definir la identidad. Todos sabemos que las banderas lo único que hacen es crear divisiones.

¿Cómo ves la escena chilena desde afuera?

Mal. Siempre he considerado súper mala la escena de diseño visual en Chile. Creo que no existe una media de calidad, y que los buenos que existen son muy pocos para la cantidad de profesionales que hay. Incluso los puedo nombrar: Naranjo, Larrea, 7 rayas, Salamanca, Gálvez, Smog, Burgos y Daf.

Por alguna razón veo que todos andan súper preocupados del aparecer por sobre el hacer, creando así una pseudo farandulilla de diseño que en realidad no existe. En su mayoría es gente que tiene el discurso de que el diseño latinoamericano debe tener voz y estilo propio (atributo que tiene ganado hace bastante tiempo); pero al mismo tiempo copian cosas de afuera. Al final de cuentas, tendencia es copiar lo suficiente hasta convertirse en masivo. Gui Bonsiepe decía: “La identidad gráfica de un país se construye haciendo”… y acá llevamos más de 20 años buscándola.

¿Qué le falta al actual escenario del diseño chileno para alcanzar una importancia sustantiva dentro del contexto global?

La dificultad que tenemos en Chile, es que somos pobres en propuestas, y acá el problema ya no es de nosotros los creativos: es responsabilidad del sistema económico chileno.

Todos sabemos que Chile es uno de los países con la economía más estable de Latinoamérica, todo gracias a que somos los reyes del retail, el cual nos ha llevado a extinguir las oportunidades creativas de hacer trabajos que se transformen en un referente para el mundo. Es increíble salir a la calle o ver la televisión: todo es un precio, todo lo que vemos visualmente son números, cosa que hace súper difícil proponer otro tipo de comunicación.