Quinto

Varios | Por hace 6 años.
Este contenido viene de la versión anterior de nuestro sitio. Puede que no se vea 100% correcto ;)

Por un plus de adrenalina
1988. Valparaiso, Chile.
quintoenfoque.com

“Estos cabros están todos locos, y me incluyo”

“Es como robar un banco”



“Estaba en clases, en laboratorio de fotografía, y en mis apuntes había anotado cuatro tipos distintos de enfoque. Entonces le pregunté al profe si es que había un quinto…. y me dijo que no. De ahí viene la chapa.” Y esto no ocurrió hace mucho tiempo; Quinto, en tanto tal, existe hace un par de años, no más. Todo empezó con un curso de fotografía que tomó en la universidad, donde aún estudia diseño. Su profesor y maestro, Carlos Opazo, fue quien le abrió las puertas de este nuevo mundo. Y fue también en la universidad donde se hizo amigo de algunos de los miembros de 21+ (o 21plus), la crew que lo adoptó y que le abrió las puertas de otro mundo desconocido, uno lleno de adrenalina y riesgo: los trenes, el metal. Se han disfrazado de guardias, han traspasado toda clase de alambra-dos, han descendido por los respiraderos del metro, y todo para lograr rayar, de todos colores y en todas las formas, las gigantescas letras que los identifican. Y suelen lograr su objetivo: “conquistar los diferentes sistemas ferroviarios”, porque logran la mixtura perfecta entre temeri-dad, organización y fiato. Trabajan como un sólo cerebro y como un solo cuerpo de varios brazos. Todos tienen sus diseños, de manera que se van turnando para que todo el equipo trabaje en uno solo a la vez. El autor de turno define los colores y entre todos se reparten el trabajo. A veces cada uno se hace cargo de una letra distinta; otras veces unos trazan, otros rellenan y otros hacen los brillos. Pero la organización no se remite sólo al momento de pintar; suelen programar sus ataques con tiempo, calculando el lugar y el momento adecuado. La noche anterior visitan el lugar para hacer los agujeros en las rejas y dejar todo listo. Son, digamos, bastante profesionales en lo que hacen. Y Quinto no se queda atrás; está siempre atento al teléfono para no perderse la posibilidad de asistir a una nueva sesión. La cantidad y la calidad del material acumulado nos dan fe de ello. Según nos comentó en una entrevista –a la que también asistió un miembro de 21plus–, este trabajo de reportaje le demanda muchísimo tiempo y le exige una disponibilidad absoluta. Pero jamás ha pensado en dejarlo: la experiencia es tan única que el sólo hecho de participar en los ataques le sirve de paga. Hace dos años que lo hace, y espera no detenerse más.



Pero no todo es alegría para Quinto. Se lamenta de formar parte de una cultura que no es capaz de ver el valor de trabajos como el suyo. “Si mi mamá ve que salgo publicado en una revista así, en un formato la raja y toda la cosa, no se va a alegrar por mí, no me va a felicitar. Todo lo contrario. Me reprocharía, porque para ella todo esto no es más que delincuencia.”

Los miembros de 21+ son más de doce, y están repartidos entre Santiago y Valparaíso. También suelen unírseles escritores extranjeros, europeos, gringos, argentinos, que vienen a pintar y que por las redes sociales se han enterado de que existe este grupo. Cuando llegan a Valparaíso, los porteños los reciben en sus casas y los tratan como a hermanos. Y así van creciendo las redes, y también se van abriendo nuevas posibilidades de alojamiento en otros países, pues en la familia de los escritores es muy común abrirle las puertas de tu casa a un compañero, lo conozcas o no.

Un backjump fallido para el recuerdo



Ocho encapuchados esperan escondidos entre la maleza que crece al borde de la línea del tren. Están justo bajo el poste acordado y cada uno sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Se acerca el tren. En uno de los últimos asientos va sentado el noveno miembro del equipo, que no quita la mirada de la ventana, buscando el poste indicado. Lo ve. Se acerca. Va pasando por el lado… y el tren se detiene violentamente. El infiltrado ha activado el freno de emergencia. El conductor, que aún no sabe lo que ha pasado, debe ir atrás a ver de qué emergencia se trata. Mientras camina por el tren revisando las palancas, un grupo de adolescentes se apiña dificultándole el paso. En promedio, tarda un minuto y medio en llegar al final del tren, subir la palanca y devolverse a la cabina. A mitad de camino, los pasajeros le advierten que hay unos vándalos rayando el tren. Las señoras no saben de qué se trata todo eso. ¿Es una acción política? ¿Son protestas estudiantiles? ¿Es un atentado? ¡Oh, son encapuchados! Por casualidad, en el segundo vagón va un grupo de amigos deportistas, correctos ciudadanos. ¡Están destruyendo las instalaciones públicas, que pertenecen a todos los chilenos!, exclama uno. Y los sujetos, dejando sus bolsos encargados a un par de señoras, salen al andén, avanzan hasta la nariz del tren, salta a la línea y corren para atacar a los ocho encapuchados. El noveno elemento se suma a la trifulca. Las letras de colores han quedado inconclusas. Parte de los que estaban rayando son mujeres, pero no dudan en tirar unas patadas. Son una familia, y si uno pelea, todos pelean. La trifulca dura menos de un minuto. Todo se disuelve rápidamente; la policía está en camino, y es mucho lo que se arriesga. No hay heridos. El backjump ha fallado, pero una vez a salvo toda la 21plus crew ríe de buena gana. Acaban de descargar más de la adrenalina que esperaban, que ya era mucha. Un año después, el único que se lamenta es Quinto, por no contar con imágenes del suceso. Pero no es tan grave. Hay otras muy buenas, y de seguro habrá más en el futuro.