En Japón existe la filosofía del respeto (keii) por aquello que es viejo, las nuevas generaciones no consideran que lo antiguo deba desaparecer ni ser menospreciado, sino todo lo contrario. De hecho, la Satori Sedai (Generación Iluminada), prefiere lo vintage a los diseños innovadores. La fotógrafa mauritana-australiana Carine Thévenau explora ese fenómeno a través de las estructuras que aún resisten, intactas, el paso del tiempo en los parques infantiles de la cada vez más envejecida sociedad japonesa.

Aunque estos juegos estén un poco oxidados, resisten invictos ante los graffitis y la destrucción a la que serían sometidos si estuvieran en un parque de un país occidental. Sus colores envejecidos por el paso del tiempo destacan en contraste con el blanco de la nieve que les rodea, pero no les hace perder a estas construcciones su dignidad y la diversión anterior que un día proporcionaron. Hoy quedan como una especie de estatuas callejeras que muestran lo que algún día fueron.