Diseño / Ilustración | Por hace 12 meses.

El tatuaje ha evolucionado y si bien, no hay ninguna novedad en esto, gracias a esta natural evolución, los estilos y artistas han comenzado a mutar. Hoy no sólo reconocemos trazos, sino un mestizaje que tiene directa relación con las diferentes búsquedas y estudios a los que se han volcado cada uno de los representantes del tattoo mundial.

Un claro ejemplo de esto es lo que ocurre con el estilo “tradicional americano”, que si bien, a principios de los años 30, tenían una notoria influencia carcelaria, hoy somos capaces de descubrir, en cada línea, la historicidad, crecimiento, cruces y ADN de este género. Desde la simplicidad de las figuras, hasta la tosquedad de algunas ejecuciones, no responden a errores, más bien a un modo de concebir este tipo interpretación artística; haciendo un juego o, lisa y llanamente, buscando traducir la simplicidad, lo básico, alejarse de la presuntuosidad, para acercarse a lo más intrínseco en cuanto a forma de trabajo y realización.

Sailor Jerry es un claro ejemplo de esto. Afincado desde los años 30 en Hawaii, luego de dejar la armada estadounidense, creó su propio estudio en Honolulu, con el fin de poder seguir en guerra pero desde otro lugar: llenando de líneas e historias los torsos, brazos y espaldas de los militares que llegaron hasta él, con el fin de generar, a través de su trabajo, una lucha simbólica contra todos los que imponían un régimen en el que no se admitía la diferencia.

Ed Hardy es otro fiel representante de este movimiento. Su contribución más importante es el mestizaje, logrando unir dos mundos que parecían diametralmente opuestos: lo oriental y lo americano. Gracias a sus estudios, a principios de los 70, con Horihide y Kuronuma, dos maestros del arte clásico del tattoo en Japón, Hardy abrió su estudio Realistic Tattoo en San Francisco, donde masificó este tipo de cruce.

Bert Grimm es quien completa la triada. Con su primer equipo de tatuajes adquirido en 1912, Grimm fue un incansable del tattoo, llegando a realizar cerca de 10 trabajos al día, lo que le ha valido estar en el Salón de la Fama del Tatuaje, gracias a sus búsqueda inagotable y amor a este arte que llevó hasta su retiro en un pequeño pueblo de Oregon de Seaside, bueno “retiro”, así entre comillas, porque hasta el final siguió tatuando en su casa.

Con Jerry, Hardy y Grimm nos damos cuenta que el tatuaje ha evolucionado y los estilos junto a él. Hoy podemos ver trabajos tradicionales, que no sólo se reconocen por el tipo de líneas, que por lo general son más toscas que las actuales, sino también por la simplicidad de las mismas figuras, que invocan lo básico, para mezclarlo con la tradición oriental, lo cual ha servido de inspiración para muchos tatuadores y nuevas escuelas, que han experimentado con volúmenes o con la tridimensionalidad; modernizando la imagen hasta lugares inesperados, sugerentes e interesantes.

Como dijimos, el tatuaje tradicional debe incluir incluso los intentos carcelarios, que hacían de forma artesanal. También incluye la tradición que va desde el hand poked hasta lo más puramente norteamericano, pasando por el black grey en los 80’, con representantes como Paul Booth, Marcus Pacheco, con su idea grafitera y cartoon de la realidad, así como también el tuatuaje más contemporáneo de David Lamb.

Hoy en el mundo hay nombres bastantes recurrentes e increíbles, desde el mismo Marcus Pacheco hasta, Adrian Lee, o Marcio Duarte de Brasil, lo que sólo nos indica una cosa: las escuelas cambian según los países. Cada lugar tiene una tendencia diferente que responde a historias y costumbres enraizadas a su espacio.

En Chile el new school fue muy popular en los 90’, mientras que hoy volvemos al tradicional americano, mezclado con el tradicional japonés. Esto corrobora otro hecho que ya anunciábamos al inicio: las nuevas tendencias son el resultado de la mezcla de estilos, como el trabajo del madrileño Acetates, que funde lo americano con lo oriental, o lo que hace también Claudia de Sabe, en Inglaterra, o Ichibay, que son trabajos realmente buenos y muy bien estudiados.


Nuestro país, al verse nutrido con tanta información, ha creado una escena muy estudiosa y nerd en el mejor sentido del término, ya que no se compite, sino que se comparte y valora el trabajo del otro. Vivimos una escena con mucho compañerismo, con artistas de muchos estilos y de categoría mundial, como David Jorquera, Selso Valenzuela, Yerko Jara, Jacob, Bushi y Freddy Ampuero, solo por nombrar algunos nombres de esta enorme familia del tattoo en Chile.