Martha Cooper

Varios | Por hace 6 años.
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La Señora de las fotos

Por Rodolfo Garcia

No hay ninguna razón por la cual el arte no pueda ser también vandalismo. No son mutuamente exclusivos


Martha Cooper es una figura emblemática de la fotografía gracias a su vocación por capturar el graffiti y la cultura hip hop desde finales de los años ’70 hasta ahora. Con 50 años de carrera en el cuerpo, esta norteamericana ya cabe en la categoría de leyenda, respetada en el mundo entero por haber sido la primera en interesarse en retratar esta tribu urbana y publicar sus fotos, tanto en sus libros como en diversos medios de comunicación.

Nacida el año 1942 en Baltimore y radicada en Nueva York desde hace décadas, Martha Cooper es un mito viviente. Su trabajo más conocido es el haber capturado la naciente escena hip hop y el mundo del graffiti norteamericano en los 70 y 80, pero su biografía no se agota en eso. Salió del colegio a los 16 años y a los 19 ya tenía un diploma en arte. Tras enseñar inglés en las fuerzas de paz en Tailandia como voluntaria, se embarcó en un viaje en motocicleta desde Bangkok hasta Londres, para terminar graduándose en Antropología en Oxford. Luego, de regreso en Estados Unidos, comenzaría su labor como fotógrafa en distintos periódicos, hasta que al trabajar para el New York Post descubrió el mundo del graffiti, una cultura suburbana en sus inicios. Sus pasos la llevarían hasta conocer al rey de este arte.

Desde entonces, el graffiti y el hip hop serían una parte predominante en su obra, la que hoy en día se puede encontrar expuesta en muestras específicas unipersonales y en retrospectivas de sus 50 años de carrera. Ello, aparte de los distintos libros que ha publicado, entre los que destacan The Hip hop files: 1979-1984, un imprescindible de la historia de la estética hiphopera y Subway art (1984), una intensa mirada a la escena graffitera neoyorkina, que se desarrollaba esencialmente en las estaciones del metro.

Martha Cooper es considerada una de las grandes responsables de darle a esta tribu el carácter de cultura, y a sus colores y letras el carácter de arte. Responsabilidad para nada desdeñable. En esta ocasión, desde algún lugar de Estados Unidos, nos responde algunas preguntas sobre su pasión y su trayectoria.



¿Cómo llegaste a involucrarte con el graffiti y la cultura hip hop?

Entre 1977 y 1980, pertenecí al staff de fotógrafos del New York Post, un diario grande. Entre las tareas normales asignadas, los fotógrafos debíamos buscar fotos de crónica. Yo solía conducir por el Lower East Side de Manhattan para ver si algo interesante estaba ocurriendo en las calles. Empecé a fotografiar niños jugando de manera creativa mientras sus padres no estaban mirando. Un día, un niño me mostró su block de dibujos y me explicó que estaba practicando para pintar su nombre en un muro. Él se ofreció para presentarme al rey, quien resultó ser Dondi. Después de conocer a Dondi, enganché y quise descubrir más.

¿Qué viste en el graffiti en primera instancia?

Me sorprendió que chicos jóvenes estuvieran tan interesados en el arte y que fueran capaces de inventar un sistema que los adultos no podían entender.

Descubrir todo esto, sentir que estabas frente a algo realmente nuevo, debe haber sido una experiencia emocionante…

El graffiti se convirtió para mí en una fascinación, tanto así que dejé mi trabajo en el diario para poder pasar más tiempo tomándole fotos a las pinturas en las estaciones y los carros del metro.

¿Siempre te has dedicado a la fotografía?

Desde 1968 trabajo como fotógrafa profesional, capturando toda clase de historias para libros, diarios y revistas. Siempre estuve sacando de toda clase de fotos, con el fin de asegurarme un buen pasar. Por ejemplo, durante el tiempo que estuve dedicada a lo del graffiti, nunca dejé de capturar imágenes por encargo para la revista National Geographic.

Trenes, arte y barrios peligrosos



Martha Cooper es una fotógrafa todoterreno, siempre alerta a lo que puede capturar en su errar urbano. Así, mientras persigue y reinventa sus objetivos, muchas veces le ha tocado verse en lo más profundo de vecindarios donde las balas, la droga y la prostitución son el pan de cada día. Para esas ocasiones, ella prefiere limitar el equipo y pasar desapercibida, como una más del lugar, mimetizándose con lo que encuentra.

¿Cómo ha sido tu experiencia de ir a sacar fotos en barrios peligrosos?

Intento ser cuidadosa y no llevar mucho equipo. Hasta ahora, he tenido suficiente suerte y no me ha pasado nada malo.

¿En qué momento comenzaste a considerar el graffiti como una expresión artística?

Simplemente parto del supuesto de que lo es. Creo que es mejor preguntarse qué obras de graffiti son buen arte, y cuáles no lo son. Como en todas las artes, algunos artistas son mejores que otros. No hay ninguna razón por la cual el arte no pueda ser también vandalismo. No son mutuamente exclusivos.

Tenemos entendido que últimamente has estado exponiendo buena parte de tu trabajo…

Sí, todo. He tenido un par de exposiciones que han sido parte de una retrospectiva de mis 50 años de trabajo. Éstas han incluido fotos desde 1968, acerca de muchos temas… fotos tomadas por todo el mundo.

¿Dónde se realizaron estas muestras?

Tuve una retrospectiva en el Bread & Butter en Barcelona, una muestra unipersonal en la Shepard Fairey’s Subliminal Gallery, y me otorgaron una sala propia en la reciente muestra del Art in the Streets del MoCa (Museum of Contemporary Art) de Los Ángeles. De todas formas, a mí me interesa más el publicar mis fotos que el mostrarlas en exposiciones.

Debe ser un orgullo ser una embajadora tan importante del mundo del graffiti…

Disfruto mucho de formar parte de la escena del graffiti y street art, y de ver cómo evoluciona. Es un sentimiento maravilloso el saber que personas en tantos países están mirando mis fotos.



También eres antropóloga… ¿cómo ves al graffiti desde esta perspectiva?

Siempre trato de fotografiar el arte en el contexto de su propia cultura.

¿Cómo consideras que ha sido la expansión del graffiti desde los 70?

El graffiti ha pasado de ser una pequeña cultura suburbana desconocida en New York a una revolución cultural a través de todo el mundo.

Pero tu trabajo no se remite únicamente al graffiti…

Llevo muchos años trabajando, razón por la cual he documentado muchos temas. Soy la Directora de Fotografía de dos organizaciones folclóricas: City Lore y Tauny. Llevo más de veinte años trabajado con estas dos organizaciones en muchísimos proyectos. El graffiti es tan sólo una de las muchas temáticas que he tratado. Este año publicaré un libro titulado Remembering 9/11, que trata de los memoriales efímeros en la ciudad después de los atentados que ocurrieron en New York hace diez años. También, tengo un nuevo libro llamado Tokyo Tattoo 1970 con fotos de japoneses tatuando, que tomé mientras viví en Japón.

Baltimore



Lo más nuevo de Martha Cooper es una vuelta a sus raíces. Nacida y criada en Baltimore, en el estado de Maryland, ella ha comenzado a retratar la gente de su ciudad de origen, viajando desde su New York de residencia a capturar fotos periódicamente a esta urbe que se encuentra a 4 horas de donde vive. Ahí, en un vecindario modesto donde trabaja recorriendo sus calles, la gente la empezó a llamar ‘la señora de las fotos’.

¿Por qué elegiste Baltimore como el tema para tu trabajo más reciente?

Baltimore es mi ciudad de origen, donde nací y crecí. Mis bisabuelos emigraron a Baltimore desde lo que entonces era el imperio austro-húngaro (ahora Eslovaquia) el año 1860. Por eso, el año 2006 compré una pequeña casa allí, en un vecindario pobre. Por supuesto, durante este tiempo, en el que viajo muy seguido allá, no he dejado de tomar imágenes de graffiti y street art. De hecho, estos últimos dos años he estado trabajando en un proyecto extenso de street art en Miami.

Y más allá de tu relación personal, ¿hay otras razones para elegir Baltimore?

Baltimore es una ciudad histórica que se ubica entre Washington DC y New York. Me dieron ganas de fotografiar un lugar fuera de New York con un harta de vida urbana en las calles y elegí Baltimore a causa de mis asociaciones personales. Baltimore está a cuatro horas de New York City en bus. La ciudad tiene un montón de problemas a causa de las drogas y la violencia, pero mi proyecto está más enfocado en la comunidad.

Los personajes de la comunidad…

Claro, como te decía, compré una casa pequeña en un vecindario antiguo y tan sólo me dediqué a caminar por ahí y fotografiar a cualquier persona que veía. Luego, cada vez que me encontraba con personas que había fotografiado, les regalaba copias de los retratos… La gente me empezó a llamar ‘la señora de las fotos’.

¿Cuánto tiempo llevas en este proyecto?

He hecho cerca de 140 viajes a Baltimore desde el 2006. Se trata de un proyecto en curso… ¡Iré de nuevo para allá mañana por la mañana!

¿Has expuesto algo de ese trabajo?

Tuve una exposición pequeña en Baltimore y han salido un par de notas de prensa al respecto en los diarios locales. Hasta ahora, la reacción de todo el mundo ha sido positiva. A unas cuadras de mi casa se encuentra la olla común más antigua para los sin casa en Baltimore. Estoy planeando hacer una exposición ahí para que todos en el barrio puedan verla.

Y, para terminar, ¿hay nuevos proyectos para el futuro?

Tengo planeado continuar con este proyecto algunos años más. Entre otras cosas, la idea es sacar un libro. Este, supongo, es el último proyecto grande en el que me involucro. No creo que emprenda otros…