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La paradoja que proponen las pinturas de Karel Funk es el punto fundamental desde el que parte la atracción que genera su obra. Casi con ironía, utiliza la técnica hiperrealista que domina para ocultar la identidad de los protagonistas de sus cuadros. Al mismo tiempo, les otorga una impronta como del “tipo del metro” o “el tipo del paradero”; una persona cualquiera, que se capta y se recuerda sólo parcialmente.

Persona que, en el lienzo de este artista canadiense, adquiere su carácter estando de lado o incluso de espaldas al espectador, a través de algún rasgo que apenas se nota, ya sea por la ropa que viste, o por el ángulo escogido por el autor, llegando incluso a casos en que el retratado queda caracterizado únicamente por su indumentaria.

Karel Funk nació en Winnipeg, en 1971, y se formó en la University of Manitoba y en la Columbia University. Su trabajo ha sido exhibido en la 303 Gallery de Nueva York, en el Rocherster Art Center y en Musee d’Art Contemporain de Montreal, además de otros espacios de Canadá, Europa y Estados Unidos.

Interesado hasta el extremo por el concepto del anonimato del ser humano en el entorno impersonal de la gran ciudad, este pintor asegura estar “fascinado por el modo en que el espacio individual desaparece completamente en el metro… Allí puedes reparar en detalles de alguien, como una oreja o el cuello, que nunca te detendrías a observar en el trato familiar con los amigos, por ejemplo”.

En este video del año 2007, el propio pintor canadiense habla sobre su trabajo.

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