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El atractivo del trabajo de este artista estadounidense salta a la vista, ¿no? La mezcla de personas pequeñísimas y alimentos como escenario capta la atención del espectador de manera instantánea, en otro de esos ejemplos de que la sencillez de una propuesta puede dar pie a resultados geniales.

Cuando Boffoli tenía ocho años, en el sótano de su casa había una maqueta de trenes a escala. Cuenta que le gustaba observar a las personitas -casi 100 veces más chicas que un humano real- que esperaban sentadas o caminaban por los andenes y negocios de la estación. También era fan de los autos de juguete.

Los seres que retrata tienen que ver con esa admiración de la infancia y combinan la búsqueda de la luz ideal y la composición de escenas que no buscan representar universos completos, sino situaciones particulares suspendidas en el tiempo.

“Hay mucho de trampa cuando se fotografía la comida con un fin comercial. Por ejemplo, el pegamento blanco suele ser un sustituto de la leche porque es más blanco. En mi trabajo todo es real y comestible”, dice Boffoli.

A la serie la título Disparity, y la puedes ver completa en este link.