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JOIA en Corea del Sur Parte II: Templos y Rascacielos
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Sacarse los zapatos para entrar a un hogar es un clásico de varios países asiáticos, y Corea no es la excepción. Pero hay muchas cosas que distinguen a los coreanos de su vecindario. La primera y más importante es el Hangul, el alfabeto coreano. Cuenta la historia –porque esto no es leyenda- que en el año 1444 el rey Sejong creó un alfabeto sencillo de dominar, con el que los coreanos pudieran leer y expresarse escribiendo sin recurrir a los caracteres del alfabeto chino.


Como los chinos desarrollaron una forma de escribir mucho antes que la gran mayoría, cuando entraron en contacto con Vietnam, Corea, Singapur y Japón –que sólo conocían la comunicación oral-, traspasaron sus caracteres a esas naciones cercanas, que comenzaron a ocuparlos para tratar de escribir las palabras de sus propios idiomas. Todavía hoy los alfabetos de Singapur y Japón se basan en letras chinas simplificadas.


Pero en Corea no. Porque hace poco más de 500 años el rey Sejong se dio cuenta de que para la mayoría de su pueblo escribir era algo de muy difícil acceso, ya que tratar de adecuar sus palabras a los complejos símbolos chinos les resultaba imposible. Entonces ideó un alfabeto fácil de aprender, que hoy es reconocido como un tesoro de la humanidad, ha posibilitado que Corea sea uno de los países más alfabetizados del mundo, y ha motivado que la UNESCO entregue todos los años el Premio Rey Sejong a quienes más destaquen en su labor por la alfabetización en alguna parte del mundo. Best rey eva.


Imposible quizás de cuantificar científicamente, pero fácil de intuir, es el impacto que una nación alfabetizada –y que cultiva el hábito lector, con librerías que venden a 3 o 4 mil pesos la mayoría de sus ejemplares, y que te dejan leer dentro de ellas como si fueran bibliotecas- puede tener en el desarrollo de un país. Hoy Corea del Sur es un referente en tecnología e industria a nivel mundial.


En organización urbana deben ser un referente también. Metros, buses, taxis, aviones, monorrieles; todos los medios están disponibles y funcionan a la perfección, con hora de llegada y salida que todos pueden chequear en sus celulares. Porque en Corea del Sur con el celular se hace todo: se paga el taxi, se paga el metro, se revisan los horarios de los trenes y el pronóstico del tiempo, se controla el computador de la casa a distancia, se pide comida y otros encargos a domicilio, y se juega. Se juega mucho. Tanto, que se pueden ver tipos en el metro mirando a su personaje pelear en la pantalla de sus teléfonos, pasando etapa tras etapa, mientras ellos se limitan a observar, sin tocar la pantalla ni botón alguno. Es porque lo tiene en automático…


En cuanto a espiritualidad, el budismo tiene un peso histórico en Corea del Sur, y en las últimas décadas el catolicismo también se ha expandido. Pero mientras algunas cosas trascienden, otras son efímeras. En Corea son muy buenos para maravillarse con algo, quererlo mucho, rayarse, que se multipliquen los lugares donde poder encontrar esa novedad, y que luego de unos meses se acabe el entusiasmo. Así van apareciendo y desapareciendo locales de comida mexicana o de churros –que hace poco fueron furor en Seúl-, por ejemplo. Al momento de nuestra visita, lo que la estaba llevando eran los cafés con animales, donde por te puedes tomar un café y acariciar gatos o perros. También había con chanchitos. Y con búhos. Y con ovejas. Así con los coreanos…


Texto: Mario Cuche
Fotos: Wesley Chang