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JOIA en Corea del Sur. Parte I: Vecinos de la Tercera Guerra Mundial
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JOIA en Corea del Sur. Parte I: Vecinos de la Tercera Guerra Mundial

Si no en la televisión o en alguna publicación de Facebook, alguien lo comentó; quizás no el nombre, pero la situación suena conocida: desde hace rato un tal Kim Jong-un, el actual dictador -heredero de una larga sucesión- en Corea del Norte, realiza pruebas militares con misiles de largo alcance y asegura que en el cualquier momento puede empezar la Tercera Guerra Mundial o algo parecido.


Justo al lado, una nación que comparte sangre, cultura y, hasta hace poco, incluso territorio con sus vecinos del norte, desarrolla su vida como si toda terrorífica amenaza no fuera más que un invento de la prensa

La sensación de tranquilidad y seguridad que se experimenta en Seúl, Daegu, Jeju y Gyeongju (lugares visitados por un equipo de JOIA), y probablemente en todas las ciudades de Corea del Sur, es mucho mayor que la que se siente en la mayoría de las capitales de Sudamérica, donde la posibilidad de un conflicto armado a gran escala la vemos lejana.


Y no se trata sólo de indiferencia ante el supuesto posible estallido de una guerra. La serenidad con la que viven los surcoreanos se relaciona también con lo que pasa en sus calles, donde los policías aparecen casi que sólo para dirigir el tránsito si falla algún semáforo. No es mucha más la pega de un agente del orden en un país donde si se te pierde una tarjeta de crédito, te la van a dejar a la casa.


De acuerdo a los datos del sitio Numbeo, Corea del Sur fue el país más seguro del mundo en 2016, y compite por repetir su título en 2017. Todo un mérito para una nación que en su sola área metropolitana capitalina supera los 24 millones de habitantes. La cantidad en Corea no afecta la calidad, cuando se trata de algunos valores sociales ensenciales: respeto por la limpieza, respeto por la propiedad ajena, respeto por los niños y ancianos.


Igual se caen en algunas cosas. Por ejemplo, tienen prohibido el porno. Y como no es llegar y cerrar el acceso a todo el porno en su conjunto, hay voluntarios que se dedican a buscar y reportar cada sitio, para que el gobierno los bloquee, uno por uno.

Imposible no relacionar eso con otro hecho sorprendente: en Corea del Sur están prohibidos los teléfonos a los que se les pueda sacar el sonido de la cámara. No los venden. Una política estatal destinada a prevenir la conducta de muchos tipos que gustan de tomar fotos bajo las faldas y que al parecer en algún momento llegaron a ser una plaga…

Texto: Mario Cuche
Fotos de la galería: Wesley Chang / Instagram