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Amén

Por Alvaro Puentes

En África el fútbol no es una religión, pero es todo lo que una religión debería ser



Amen es un proyecto documental que nace con la idea de hacer brillar a todos aquellos que estaban quedando en las sombras del campeonato mundial de fútbol organizado en Sudáfrica el año 2010. Es, también, una manera de observar la realidad más pura y desnuda de este deporte en el contexto barrial africano. Mientras millones de personas se concentraban en los duelos internacionales que se jugaban en las ciudades, Jessica Hilltout ponía su atención en los duelos barriales que se jugaban, como de costumbre, en las zonas rurales.

Jessica Hilltout es una fotógrafa Belga que hace dos meses cumplió 34, vive actualmente en Bruselas y hace dos años inició un magnífico proyecto fotográfico/editorial junto a su padre. Mientras ella fue la responsable de las fotografías de la serie, su padre se encargó de armar el libro y darle vida como un objeto palpable.

Amén se planificó muy poco: funcionó en base al instinto de Jessica, que cogió un auto y lo manejó durante seis meses a través de ocho países y veinte mil kilómetros. En el camino iba haciendo detenciones dependiendo de la energía de los pueblos que iba encontrando; si éstos despedían un buen ambiente, permanecía en el lugar de tres días hasta una semana. Una vez instalada en un pueblo, lo primero que hacía era recorrer y conversar con la gente para encontrar a alguien que quisiera ser guía, asistente y traductor, un personaje clave sin el cual hubiese sido muy difícil lograr diálogos amistosos con los locales. Para ganarse la confianza de la gente y lograr que se interesasen en formar parte de las fotografías, Jessica siempre llevaba consigo una carnada genial: un libro de registro, es decir, una libreta de notas llena de apuntes y –lo más importante– fotografías que iba recolectando en su paso por los distintos poblados africanos. Para esto se servía de una mini impresora digital que le permitía llevar al papel los momentos más especiales e íntimos de su viaje, las anécdotas y las muchísimas personas que iba conociendo. Al mostrar este libro improvisado, la gente se tornaba mucho más inquieta y colaboradora. El hecho de ver las fotografías, de verse ahí, concretamente, formando parte del libro de registro, fue lo que marcó la diferencia en su disposición, lo que finalmente fue animando a muchísima gente a formar parte del proyecto.

Pero en la mente de esta fotógrafa hay muy poco de fútbol. Su interés por este tema va más por el lado de mostrar el ingenio y el esfuerzo de una población que vive absolutamente a la sombra de todo lo que puede ocurrir durante el “carnaval corporativo” que representa un campeonato mundial de fútbol. Jessica nos comenta que el hecho de hacerse parte de una temática del momento ayuda mucho a captar la atención de la prensa; así, camuflar una experiencia documental de este tipo en el marco de una instancia que millones de personas están observando fue una estrategia de guerra esencial para lograr llamar la atención.



Volviendo al tema de las intenciones del proyecto, la idea principal de Jessica es destacar el orgullo y la pasión de toda una población; mostrar que hay mucha gente que con los recursos mínimos vive a diario a través del fútbol, en una instancia que traspasa los límites del deporte oficial. En palabras de Jessica: “en África el fútbol no es una religión, pero es todo lo que una religión debería ser”. Una práctica absolutamente liberadora que tiene más que ver con compartir que con competir; un minuto especial del día en el que se irradia toda la energía de un pueblo rico en alegría, pese a la miseria económica que los embarga. Justamente eso es lo que la fotógrafa trata de destacar en dos de las series más provocadoras de Amén: “boots” (botines) y “balls” (pelotas), en las que retrata la precariedad de los implementos utilizados para rendir culto al fútbol. Zapatos especialmente adaptados y adornados, y unas pelotas que no son otra cosa que verdaderas joyas: cada una es única.

Cuando Jessica quiso explicarle a la gente que retrataba el porqué de estas fotografías, les dijo que lo que quería mostrar era que ellos eran fuertes y orgullosos y que nada les impediría jugar, que su pasión por el fútbol era tan grande que su talento venía de ellos y no de sus equipos. En ese minuto la gente comprendió y corrió a sus casas para traer sus botines y sus pelotas, y Jessica se acostó en el suelo, cargó su Hasselblad con un Kodak Portra 400 y fotografió uno a uno los implementos con los que los lugareños empezaron a sentirse los reyes del deporte más popular del mundo.

Actualmente Jessica Hilltout cuida a su hijo que acaba de nacer y trata de hacer compatible la vida de fotógrafa documental con la crianza. Nos cuenta que sus próximos proyectos posiblemente se lleven a cabo en Bélgica, pero que de ella no nos liberamos porque la fotografía es su pasión y sin ella ni si quiera puede concebir su existencia en este planeta.

Amén.