Graffiti | Por hace 1 mes.

Concitando atención nivel rockstar, pero conservando la sencillez de los maestros a los que no les gusta que les digan maestro, Inti anduvo por Santiago durante el Festival Urbano Barrio Arte, del que JOIA fue parte, para pintar un mural y presentar un libro que comprende su trabajo en las calles del mundo durante los últimos 7 años.

Desde Alemania en 2011, hasta Australia en 2017, el libro incluye fotos de 37 obras hechas por él en edificios de una veintena de países, incluyendo China, Marruecos, Noruega, India y, por supuesto, Chile. Se trata de una edición a la que la manoseada expresión “de lujo” le hace total justicia.

“Hicimos este libro con una editorial (Albin Michel) que trabaja con gente muy conocida, sacando libros de Picasso y cosas así que son siempre best sellers y todo eso. Ellos se están queriendo meter en el mundo del street art y apareció la posibilidad de hacer un libro mío. Lo que pasa es que, obviamente, los locos no iban a vender la cantidad como pa’ cubrir la producción. ¿Por qué? Porque no soy suficientemente conocido como pa’ estar en todas las librerías de Francia y en todo el mundo. Es una línea de libros que se saca allá en la que son todos completamente diferentes uno del otro, el material se trabaja al detalle y no se estiman gastos al momento de hacerlos, se hace una pieza, una obra, el libro mismo por sí solo es un objeto”.

El problema que suponía el alto costo de producción del libro fue sorteado con ingenio y trabajo.

“Llegamos a algunos acuerdos económicos para que fuera rentable para la empresa, o sea un piso básico de dinero que ellos iban a ganar. Lo hicimos a través de una serie de edición limitada del libro que venía con 2 prints adentro, terminados a mano. Esos se venden a coleccionistas. Funcionó súper bien, allá ese tipo de cosas funcionan, se vendió y les dio pa’ trabajar con un piso económico pa’ poder hacer la edición”.


Pero una cosa fue solventar la producción de un libro de la más alta factura en Europa. Otra cosa era poder traerlo a Chile a un valor accesible.

“Empezamos a hacer los cálculos, hablamos con la editorial de acá, el tema de los envíos y cuánto salía todo, y el libro llegaba a 100 lucas aquí en las librerías. Imposible. Y ahí la única editorial que se la jugó por esta idea fue Ocholibros. Y a través de Horacio Silva también, que gestionó movidas, la editorial de allá se rebajó a un precio ridículo, casi el precio de producción, solo por hacerme casi el favor de que el libro llegara a mi país. Y también se hicieron otras movidas de envío y logramos traer el libro acá, estuvo a la venta a 35 mil pesos en el lanzamiento, y estará alrededor de 50 lucas en las librerías”.

Inti en la calle

Aunque sigue pintando cuadros, y desde hace un tiempo también hace esculturas (el libro incluye ejemplos de ambas cosas en su páginas finales), los murales siguen siendo la referencia por la que es seguido por miles de personas en todo el mundo.

En el marco del Festival Urbano Barrio Arte, realizado entre el 9 y 15 de abril, Inti cubrió uno de los 2 murales que había hecho a la salida del metro Bellas Artes en 2013. El otro quedó a cargo del Mono González, que por problemas de salud tuvo que contar con ayuda para completar la obra. La conversación con Inti ocurrió cuando se encontraba a medio camino de terminar su trabajo en la esquina de Monjitas con Mosqueto.

“Si te fijai, los murales son una base estructural y después tienen elementos que empiezan a jugar entre sí. Obviamente hay un discurso general, pero después ese discurso se va modificando a través de los elementos, así que ahí es donde empiezo a jugar. Por ejemplo, en este caso, está el problema de salud del Mono González, que empapa todo lo que está aconteciendo aquí, todo el proceso creativo que estamos teniendo, la forma en que estamos enfrentando el mural. Y eso está afectando aquí y de seguro va hacer que terminemos cambiando hartos detalles y el mural se empiece a ir en el sentido de lo que está ocurriendo”.

(Nota del autor: el Mono González estuvo en el hospital atendido de urgencia, pero al momento de publicar esta entrevista se encuentra recuperándose en su hogar.)

Así como la sensibilidad de Inti está atravesada por lo que ocurre con sus cercanos, su trabajo en la calle lo ha hecho ampliar cada vez más su círculo de vinculación social. Ya sea respondiendo preguntas a la gente que se le acerca mientras pinta, o recibiendo la buena onda de los que quisieron que les firmara una copia de su nuevo libro, Inti se abre a la gente que disfruta su trabajo.

“A mi me gusta la tranquilad, preferiría evitarlo a veces, pero también cuando estai en el momento te dai cuenta de que lo único que quieren es contarte una historia, una experiencia que tuvieron, la gente empieza a tener historias con tu trabajo en la calle. Tampoco es que me pase en todos lados, hay lugares donde voy y no me conoce nadie y también es súper rico poder estar así en completo anonimato. Y llegar acá y que hartas personas te conozcan también es medio loco. Cuando se te acercan y te cuentan algo, te dai cuenta de que están transmitiéndote una emoción, y muchas veces, la mayoría de las veces, súper positiva. Y obviamente te enriquece, te da energía”.

Aunque es cada vez más aceptado, el street art sigue generando polémicas en algunos lugares. Inti lo vivió hace unos años, con su obra “El Quijote de la Marcha”, que hizo en España. La experiencia motivó una profunda reflexión.


“Siempre hay tensión, ¿cachai? Hay una tensión hasta cierto punto que es positiva. Tú podís tensionar un poco las cosas, dejar en duda, molestar a cierta cantidad de personas… Pero yo sentí que hay un límite muy, muy delicado, en que si pasai un pie al otro lado de ‘lo que corresponde’ generai preguntas; si pasai los 2 pies estai como agrediendo”.

Antes de volver a la grúa, Inti comparte su pensamiento sobre la aceptación del arte callejero antes mencionada, que involucra ciertos peligros debido al poder del dinero.

“Pasa en todos lados. La cosa es que hay lugares donde pasa ya descaradamente y otros lugares donde la gente tiende a resistir un poco más. Y cuando tienden a resistir se generan diferentes corrientes, como lo que está ocurriendo ahora. O sea, te encontrai un lugar donde la gente sigue manteniendo y entendiendo el street art como una herramienta de resistencia, de contracultura, aprovechándose un poco del sistema para lograr funcionar, pero tratando de mantenerse al margen de la institucionalidad. Y están los otros que simplemente entran y sacan el provecho económico que se puede y adaptan su trabajo a lo que se espera de ellos. Y ahí está lo delicado. Pero dudo que pase eso en Chile, porque aquí nos gusta la contracultura desde siempre, por mucho que aparezcan un montón de artistas que sí van a responder a las necesidades de las instituciones que tienen ahora que se abren al street art para colocar lucas… Va a ocurrir. Pero aquí dudo que se venda todo el street art, el arte urbano. Va a mantenerse. No va a pasar lo que pasa en Miami. Ese es el ejemplo de todo lo contrario, ahí todo es vendido”.

Fotos de los murales por Braulio GampuyAliona Rud