Gregory Crewdson

Varios | Por hace 5 años.
Este contenido viene de la versión anterior de nuestro sitio. Puede que no se vea 100% correcto ;)



Por Melanie Cross

Si alguno de ustedes fue a la exposición de Edward Hopper en el Museo de Bellas Artes el 2005, comprenderá de dónde nace la mirada de Gregory Crewdson. Él, a través de la fotografía, ha recreado los mismos rincones representativos que el maestro norteamericano logró mediante la pintura. Situaciones inconclusas que por medio del uso de la luz revelan la ansiedad psicológica del artista, atmósfera normalmente situada en paisajes que representan el corazón de la tradición estadounidense. Pueblos y personas comunes y corrientes son bellamente iluminadas para crear un momento sin respuesta, un escenario inquietante.

Armado de un completo equipo de producción, como si se tratase de un trabajo cinematográfico, Crewdson organiza la realidad que observa e inventa, con el fin de alcanzar esa angustia ante lo no revelado. La obsesión le nació durante la infancia. Su padre, psicoanalista, trabajaba en el sótano de su casa, forzando la imaginación del joven Gregory Crewdson, que creía escuchar las conversaciones analíticas pegando el oído al suelo. Y es que hoy el mundo parece cobrar sentido para el fotógrafo norteamericano cuando éste logra incendiar una casa mientras en primer plano una mujer compra zapallos. Es por esto que, además de ser calificado muchas veces como un “realista americano”, sus trabajos han sido calificados como “uncanny”, un concepto freudiano que vendría a ser lo que nosotros conocemos como lo “ominoso” o lo “siniestro”. Se trata de cosas familiares que se nos presentan como no-familiares, con cierto contenido desconocido y, por lo tanto, aterrador: algo conocido y desconocido a la vez. Lo ominoso es todo lo que estando destinado a permanecer oculto, secreto, ha salido a la luz. Se trata de experiencias vividas por sujetos, cuyas historias de vida presentan contenidos que han querido ser olvidados, reprimidos, pero que por alguna razón reaparecen en la escena cotidiana. Esa sensación ominosa es la que, para muchos, Crewdson logra hacer sentir a quienes observan sus fotografías.

Hoy, a sus 49 años, Gregory Crewdson, además de sus proyectos personales y sus giras, trabaja en la facultad del Departamento de Fotografía en la Universidad de Yale, y vive en New York City, donde, recién llegado de una gira por Europa, nos concede una entrevista telefónica mientras cruzamos la Gran Manzana en tren. Así, en estado de tránsito, conversamos sobre su vida y su admirado trabajo fotográfico.


-?Podrías explicar tu arte a nuestro público?

No sé si puedo explicarlo, pero diré que soy un fotógrafo y que estoy muy interesado en usar la luz en el color de una forma muy específica, para crear ese tipo de mundo específico, que es muy distintivo. Básicamente es una mirada del mundo. Creo.

-Dices que el mundo cobra sentido cuando creas estas fotografías. ?Es ese un modo de relacionarse con la realidad?

Primero tengo que decir que trabajo con un gran equipo de producción, razón por la cual mis fotografías guardan estrecha relación con el cine, y ese aspecto es sumamente importante en cuanto a lo estético de mi trabajo. Respecto al sentido que cobra el mundo, creo que en mi trabajo estoy más que nada interesado en la tensión entre mis propias verdades, el uso de artificios y la realidad. Me gusta cuando todo eso se reúne en las fotografías.

-Dices que cuando lo logras, has llegado a llorar. ?Es este el momento en que sientes cierta conexión a algo?

Sí. Exactamente. Creo que mucho de la vida se pasa en tránsito. Como tú en este momento. Entonces siempre hay mucho de la vida que es caótico de una manera u otra. Vas de un lugar a otro; son las banalidades básicas de la vida. En mis fotografías, debido a la naturaleza del proyecto, mucho se va en hacer la fotografía, en producirla y en el estrés que produce buscar las posibilidades reales para que el proyecto se realice. Cuando todo sale bien, y logramos habitar ese momento en el que pareciera que el tiempo se detiene, todo cobra sentido… para mí ese es el momento más hermoso de todo el proceso, porque se siente como si se hubiese logrado una conexión. Para mí significa algo, una conexión conmigo, supongo.


-Mencionas que todo artista tiene una historia que contar…

Claro, creo que todo artista tiene una historia que contar, y creo que al final esa historia queda como un misterio o como una pregunta, porque me parece que parte del ‘trabajo en progreso’ es tratar continuamente de redefinir lo que esa historia es. En otras palabras: la razón por las que hacemos fotografía es para tratar de saber lo que esa historia es…

-?Y qué has resuelto hasta el momento?

Mmm… Bueno, buena pregunta. Realmente no lo sé. Pero puedo decir que lo que un artista hace es una suerte de doblamiento continuo de sus fascinaciones y sus centros de interés. Yo, por ejemplo, estoy muy interesado en tratar de encontrar una sensación inesperada de belleza, o un extrañamiento dentro de vidas ordinarias.

-Que sería lo que hizo Hopper, ?no?

Sí. Y creo que también hay una suerte de soledad en mis fotografías, y también estoy interesado en crear un sentido de belleza a través de la iluminación del color. Esas son partes de la historia, supongo. Pero necesariamente, la historia final se mantiene como un misterio.

-Por eso en lugar de filmar películas haces fotografía…

Sí. Porque creo que siempre he sido un fotógrafo, principalmente porque pienso en contextos de imágenes quietas. Y mi influencia central siempre han sido fotógrafos, entonces me veo saliendo desde esa tradición. A diferencia de los directores, no estoy interesado en qué sucede antes o después de mis imágenes. Sólo quiero la imagen individual. Tratar de hacerla lo más misteriosa y bella posible.

-Tu acercamiento a tus propias fotografías, ?es estético o más bien psicológico?

Ambos. Creo que es difícil separarlos, pero por el hecho de que mi padre sea un psicoanalista, supongo que mi trabajo siempre ha tenido un impacto psicológico. No puedes separar la psicología de una imagen con su estética; estos dos aspectos siempre han ido unidos en mis fotografías.

-Dices que siempre has sido fotógrafo, pero sabemos que también has participado en la banda pop “Speedies”, en los ’80, con la proclamación del ‘power pop’, tocando desde los “Bananas Splits” hasta los “New York Dolls”…

¡Si! ¡Ja, ja, ja!


-?Fue aquél el comienzo de tu amor hacia los colores pop y las luces?

Bueno, ese fue un momento muy importante en mi vda. Obviamente era un adolescente, así es que hay mucho de transicional, fue un tiempo muy agitado… Es divertido, porque en ese tiempo no tenía ninguna ambición de ser fotógrafo, pero nuestro single más conocido es la canción llamada ‘Déjame sacar tu foto’, así es que creo que puedes leer eso como cosa del destino, ¡ja, ja, ja!

-?Cómo pasaste de ser un músico a ser fotógrafo?

Bueno, los Speedies fueron parte de mis años de adolescencia; yo no tenía una ambición a largo plazo con la música. Pero tú sabes, fue una parte muy influyente en mi vida. Los Speedies estaban inmersos en esta idea de imágenes de la cultura popular, creo que me traje eso conmigo. Pero después fui a la Universidad. Y de hecho iba a seguir los pasos de mi padre y tratar de hacer psiquiatría, pero fui desviado. Cuando tomé mi primera clase de fotografía me di cuenta de que era eso lo que quería hacer.

-Tus producciones son inmensas y eso obviamente requiere mucho dinero. ?Te ha afectado la crisis que estamos viviendo hoy?

Bueno, es interesante. La serie de fotografías “Beneath the Roses” fue terminada la primavera pasada. Nos tomó siete u ocho años terminarla. Ese cuerpo de trabajo fue esencialmente finalizado antes de que atacara la crisis. Entonces estamos planeando un nuevo cuerpo de fotografías… Debido a la naturaleza de Beneath the Roses, sentí que tenía que retarme de cierta forma. Así es que va a hacer muy diferente la manera de acercarme ahora. Pero sí creo que las fotos de Beneath the Roses son emblemáticas, creo que representan muy bien esos tiempos. Me parece que en el tono de las fotos hay un cierto aislamiento, cierta tristeza.


-Cuando realizas tus fotos no estás detrás de la cámara; ese lugar lo ocupa tu director de fotografía. ?Eres más bien un director de orquesta?

Ehm… En Beneath the Roses usé entre ocho y diez cámaras, lo que es mucho y muy pesado, y a más de cuarenta asistentes… y lo que hice fue establecer el marco. Una vez que este está establecido, no tiene sentido quedarme en la cámara. Prefiero dirigir lo que veo. Para eso está Richard Sands, un camarógrafo con el que he trabajado por más de diez años; es él quien que saca la verdadera foto, y eso me permite concentrarme completamente en lo que está frente a mí.

-Buscas escenarios relacionados con Estados Unidos, clase media y esa soledad que sólo se da acá. ?Has pensado en nuevos escenarios fuera de Estados Unidos?

?Sabes qué?… Estoy trabajando en este nuevo proyecto del que desafortunadamente no puedo hablar, porque aún no está resuelto completamente, pero sí diré que es dramáticamente diferente a lo que he hecho hasta hoy, en casi todo sentido. Por primera vez estaré sacando fotos fuera de este país… No puedo decir más que eso por ahora, pero cuando llegue el momento te prometo que te hablaré de ello.

-?Crees que tu trabajo se exhibirá en Chile?

¡Eso espero!

-?Tienes planes creativos para estos días?

No. No realmente. Acabo de regresar de un show en París y vienen shows en India y China. Me imagino que mi trabajo será exhibido allá. Me encantaría, porque veo que existe un público interesante…

“A diferencia de los directores, no estoy interesado en qué sucede antes o después de mis imágenes. Sólo quiero la imagen individual. Tratar de hacerla lo más misteriosa y bella posible.”