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Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!
Go Abbey, go!

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Cuenta Abbey Drucker que a día de hoy cierra los ojos y recuerda el momento exacto – en su adolescencia – en el que decidió ser fotógrafa. Tenía 16 años pero las ideas bastante claras sobre qué quería para su futuro. Cambió los deportes por los cuartos oscuros para ampliar su portafolio y a los 18 años hizo las maletas para volar a Nueva York.

Aquella chica de Bellmore (Nueva York) se ha convertido en una gran fotógrafa, como siempre deseó, y a base de trabajo y esfuerzo ha llegado a trabajar con clientes de la talla de Vogue, Vanity Fair o Capitol Records, entre otros.
La mujer es su musa y es algo que queda patente si visitas su página web.

Abbey presenta la cotidianidad detrás del espectáculo, los artistas tras las bambalinas, la moda, los retratos y la publicidad con la sutileza y el saber hacer de alguien que sigue locamente enamorada de su trabajo soñado: la fotografía.