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Steve Powers
AMOR + GRAFITI = LOVE LETTER

Texto: Juan Pablo Colin.

“Me gustan los chicos de la calle que ni siquiera le toman fotografías a lo que hacen… ellos dominan el mundo”

“Así son los Estados Unidos. Dejan que cualquiera se reinvente, siempre y cuando sea una buena historia para publicar”

“Cuando veo un buen grafiti, siento que hay esperanza para la humanidad”



En diciembre de 1999, la policía ingresó violentamente a un apartamento en Soho, Nueva York, y junto con confiscar materiales de pintura, fotografías y evidencias varias, arrestó a Stephen Powers (Philadelphia, 1965) bajo el cargo de vandalismo.

El acusado no sólo llevaba varios años pintando muros bajo el seudónimo de ESPO (Exterior Surface Painting Operation), sino que además había sido editor de una influyente revista llamada On the Go y autor del libro The Art of Getting Over, entre otras actividades consideradas “subversivas” por la administración del alcalde Rudolph Giuliani.

El despliegue se llevó a cabo luego de la protesta convocada por el artista multimedia Joey Skaggs (que consistía en arrojar mierda artificial al retrato del político), a raíz del intento de censura a una exposición llamada “Sensations”. Diferentes medios de prensa se preocuparon por el caso, y hubo un consenso tanto en lo referente a la gravedad del asunto, como en los esfuerzos por deslegitimar el trabajo de Powers en las calles, considerándolo autorreferente y prescindible.

Casi 10 años más tarde, sin embargo, los mismos periódicos se encargarían de aplaudir una obra que trascendía la marginalidad del escritor callejero para convertirse en una acción social: El proyecto Love Letter cubrió con mensajes de amor 50 muros entre las calles 63 y 45 de la Avenida Market Street de Philadelphia, y contó con la participación de más de 40 artistas locales e internacionales, además de talleres y 2 libros.

Powers, quien ya había experimentado el arte como reactor social en las calles de Belfast, Irlanda, intentaba no sólo hacer una contribución a su ciudad natal, sino también rendir homenaje a Cornbread, un legendario grafitero de los años 60’s que se dedicó a escribir mensajes de amor en las calles para impresionar a su novia.

Con un estilo que rescata la antigua confección de avisos publicitarios artesanales, ESPO parece sumergirse en un universo plagado de trazos anacrónicos que se agrupan para construir un relato abierto a la comunidad. Es la reivindicación de la palabra, la obsesión por sacudir al gris del cemento o el anhelo de tomar posesión de aquello que nos debería pertenecer a todos.



Hablemos de tus orígenes. ?Cómo describirías la familia en la que naciste?

Soy el quinto de seis hijos, con padres que trabajaban demasiado, en un barrio (Overbrook, Philadelphia) lleno de niños y una escuela católica con demasiados estudiantes. Todos ellos eran sinónimo de competencia y el arte fue una forma de destacar.

?Y cómo fue que descubriste el arte?

Yo ya era un artista a los 3 años, el día que dibujé un auto sólo por dibujar un auto. Luego me distraje por todos los aplausos que recibí y me dediqué a hacer dibujos únicamente para que me felicitaran. EL grafiti me devolvió el gozo de hacer arte porque sí, pero luego la fama de ser conocido me estuvo confundiendo por algunos años.

Ahora he vuelto a sentir esa sensación de placer que tuve a los 3 años, usando el color y la línea para explorar el mundo.

?Cuándo y cómo empezaste a dibujar en las calles?

Vivía en un bloque de 99 casas con más de 200 niños. Todos ellos empezaron a hacer grafiti y yo lo hice también, pensando que podría dominarlo en un par de meses… la verdad es que me tomó años.

?Qué me puedes decir de la escena de Philadelphia en esa época?

La escena en 1984 estaba muerta; todos los buenos grafiteros de Philly renunciaron, así es que fueron solo unos pocos chicos y chicas los que continuaron trabajando hasta que la escena se volvió sana otra vez. Creo que en 1985 había 50 o 100; ahora hay cientos, quizás miles.



Ya que eran unos pocos, ?fue más fácil destacarse?

Sí, era bien fácil hacerse conocido, pero también más peligroso. En los 80’s habían personas que atacaban y golpeaban a los grafiteros casi por deporte. Hoy los chicos que están en las calles están todos armados, y la gente sabe que no puede meterse con ellos.

?Cuándo empezaste a utilizar el pseudónimo ESPO?


Yo solo quería un nombre que nadie más tuviera. En ese momento firmaba como SP, pero esas iniciales también podían significar “South Philly”. Mi amigo Tom me sugirió ESPO… tenía buenas letras.

?Qué tipo de influencia recibiste en esos primero años?


Mayores y mejores grafiteros… y un montón de artistas que estarían horrorizados de saber que me inspiraron.

?Cómo seleccionas los espacios que vas a pintar?


¡Es el espacio el que me elige!

Cuéntame cómo fue la experiencia de trabajar en una revista como On the Go.

Fue una excelente forma de introducirnos en el funcionamiento del mundo. Fue una revista que Ari Forman, Max Glazer, Jimmy Wentz, AJ Woodson y yo hicimos solo por diversión, no para obtener ganancias.

Sentíamos la obligación de ser originales y buenos… ¡Inventamos el marketing de nicho! Nadie se preocupó de ello hasta 5 años después que cerramos.

?Y por qué lo hicieron?

Nos quedamos sin dinero y nos arruinaron las grandes corporaciones que sacaron sus propias revistas en respuesta a la nuestra. Renunciamos el día en que la editorial que nos ofreció comprarnos nos dijo que debíamos aceptar el hecho de que él era el proxeneta y nosotros sus prostitutas. Fue el momento perfecto para decir “no”. Y así lo hicimos.

?Por qué crees que han salido (y siguen saliendo) tantos artistas de la escena callejera?

Porque no hay reglas, no hay filtros.

Pero el arte callejero, a tu parecer, ?sigue siendo el mismo de antes?

El arte callejero está compuesto por un montón de personas a las que no les interesa hacer grafiti, pero quieren sentir el encanto de ser “malos” sin ser odiados… Ahora es todo acerca de murales y escuelas, alias y manifiestos pretenciosos acerca de “interactuar con el espacio” y “hacer que la gente piense”. Es como la diferencia entre rock progresivo y punk.

Sin embargo tú ahora estás haciendo cosas de forma legal, con el permiso de las autoridades.

Me encanta no tener que pedir permiso para hacer algo bueno. Si tuviera siempre que mostrar propuestas y bosquejos, la vitalidad de los proyectos se perdería. Pero como estaba allí afuera arriesgando mi libertad, intenté hacer un buen trabajo que pudiera conectar con la gente.

Ya que vivía en la clandestinidad, incluso una tonta etiqueta tenía poder; pero cuando empecé a trabajar en algo que trascendía el ego del grafiti y contaba una historia, cosas realmente grandes empezaron a pasar.



?Por ejemplo?

Un tipo me dijo hace algunas semanas que mi grafiti hizo que le dieran ganas de aprender a leer. Ese es el poder que tiene cuando está hecho con pasión y precisión.

?Quiénes son los que están detrás de ese arte que tú llamas “pretencioso”?

Solo es una campaña de marketing más. Es utilizado para vender políticos, músicos, ropa, bebidas, grandes tiendas y estilos de vida. Los artistas que más dinero tienen, son aquellos que son buenos para esto. La gente que lo aprecia y también la que lo produce es aquella que le gusta el arte sencillo para la vista y para la mente. SI es muy difícil de ver o complicado para pensarlo, tienden a rechazarlo.

Es como la publicidad pura, no existe un componente social inherente a ella…


Sí, y eso es lo que nos inspiró para crear The Love Letter en Philadelphia.


Cuéntame de dónde salió la idea de ese proyecto.

Philadelphia es el hogar del primer programa gubernamental en contra del grafiti: el Philadelphia Anti Graffiti Network (PAGN), que se inició el mismo año que empecé a trabajar (1984). Por 25 años, han borrado las obras y culpado a sus autores por cada delito imaginable.

Con una vigilancia constante, casi todo el grafiti de la ciudad fue eliminado, pero los índices de crimen seguían siendo una locura. Siempre he pensado que el grafiti –a pesar de ser molesto en algunas ocasiones—es una alternativa bastante mejor a las drogas, el robo o la violencia, y que mantiene a los chicos (como yo) alejados del crimen.

En algún momento del 2003, empecé a plantearme la idea de trabajar los techos de los edificios en la parte occidental de la ciudad. Antes de que la PAGN los repintara, había muy buenos grafitis en ellos, pues a nadie parecía importarle y resultó ser un excelente laboratorio para experimentar.

?Y el mensaje?

Aquello universal que nos conecta a todos es el amor. Entonces, amor más grafiti es igual a Love Letter.

Muchos de los pintores que trabajaron en el proyecto eran grafiteros y todos tenían buenas historias y experiencias para contar. Quizás el resultado no es grafiti propiamente tal, pero es un sustituto bastante bueno, porque al final lo que siempre me ha interesado es contar historias.

?Qué otros elementos, además del graffiti, rescataste para este proyecto?

Me dediqué mucho al sign painting una vez que dejé el grafiti, así es que el proyecto fue una especie de matrimonio entre ambas disciplinas.

De lo que no me di cuenta hasta que volví al lugar donde crecí es de cuántos buenos símbolos y avisos aún sobreviven. Al construir sobre la historia que había allí, recreamos un relato que abarcaba 50 u 80 años atrás. Al final, el vecindario tomó posesión de los muros de una forma en que nunca lo había hecho.

?Los mensajes que escribes siempre han sido positivos?

Sí, porque tengo una actitud mental positiva. Cuando veo un buen grafiti, siento que hay esperanza para la humanidad. Sé que hay que gente que ve lo mismo en mi trabajo. Incluso cuando pinto mi nombre real con pintura negra, hay cuidado y preocupación por lo que hago.

Una de tus características más reconocibles es tu capacidad para decir mucho en pocas palabras. ?Cómo desarrollaste esta habilidad?

Es quizás la pereza la que me condujo a eso. Si pudiera decir más con más palabras, probablemente estaría escribiendo novelas y ganando un montón de dinero.

?Qué tipografía es la que más te gusta?

Elijo la que es más fácil de pintar: la sans serif. Me gusta todo lo que parece hecho a mano en un segundo vistazo.

Luego de tu detención dejaste el grafiti para dedicarte de lleno al arte ?Por qué decidiste entrar en esa escena?

Tenía hambre y sed, y en las galerías siempre hay queso y vino gratis. Dejé de hacer grafiti y comencé a hacer arte en la misma oficina en la que hacía la revista. Tuve la suerte de conocer a Barry McGee y Todd James. Con amigos como ellos puedes llegar lejos en el arte.

Muchos artistas que tienen un pasado en el grafiti, han trasladado su trabajo desde la calle hacia la galería para emularlo, ya sea al interior de las mismas salas, o pintándolo sobre lienzos. Tú, por otra parte, has sido capaz de alejarte de lo que hiciste en el pasado para crear un lenguaje diferente…

Como te dije antes, hay que pensar que el grafiti es una cosa, y el arte otra. Pero no todo está determinado. Cuando Todd (James), Bryan (McGee) y yo hicimos el Street Market (exhibición que recrea una locación urbana y que fue presentada en la Bienal de Venecia en 2001), las ideas que tenía acerca del grafiti y de las marcas comenzaron a mezclarse.

De igual forma, cuando volví a Philly pude incorporar 10 años de experiencia en el mundo del arte al proyecto Love Letter. Entonces, a pesar de que no es obvio, hay mucho intercambio entre las fronteras de la calle y la galería.



?Cuán extraño es que recibas ahora críticas positivas de parte de medios importantes como el New York Times o el Wall Street Journal, cuando fueron ellos mismos los que escribieron duramente sobre ti cuando te arrestaron el 99?

Así son los Estados Unidos. Dejan que cualquiera se reinvente, siempre y cuando sea una buena historia para publicar.

El año 2007 te adjudicaste una beca Fullbright y partiste a desarrollar un proyecto social con jóvenes en Belfast, Irlanda. ?Cómo fue esa experiencia?

Irlanda es realmente un gran lugar para hacer arte, porque entienden la necesidad de hacerlo. Incluso en las ex fuerzas paramilitares de Belfast estaba lleno de poetas. Todos en la isla son románticos, incluso el taxista que te trata de engañar.

En el libro “Art of Getting Over”, haces un repaso por la historia del grafiti desde un punto de vista muy personal, incluyendo entrevistas e historias de amigos y conocidos. ?Qué te motivó a publicarlo?

Fue una oportunidad única en la vida de tomar mi infancia “descarriada” y sacar algo positivo de ella, de modo que otros chicos puedan aprender. No todo lo que escribí es rigurosamente exacto, pero sí es verdad. Todavía quedan copias impresas; consíguelo a través de Amazon. Si no te gusta, te lo compro de vuelta.

?Todavía te interesa el grafiti? Si es así, ?quiénes son tus autores favoritos?

Me gustan los chicos de la calle que ni siquiera le toman fotografías a lo que hacen… ellos dominan el mundo.