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ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”
ENTREVISTA al fotógrafo Javier Álvarez: “Nunca quise vivir en Estados Unidos”

Javier Álvarez nació en Santiago de Chile hace unos 29 años, pero reside actualmente en Boulder, Colorado, una ciudad famosa por un oscuro caso sin resolver: el asesinato en su propia casa de la pequeña JonBenét Ramsey. Se nota que a Javier no le importa salir de su zona de confort para dedicarse a lo que más le gusta, la fotografía, cosa que ya le ha hecho merecedor del premio al mejor portafolio en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso. Su trabajo documenta y denuncia diversas situaciones en el ámbito social de diversos países, siempre con un claro enfoque en el concepto de la identidad. Pasa largas temporadas en los lugares que van a ser escenario de sus imágenes y se involucra con sus protagonistas. Uno de sus últimos proyectos es Predio, una serie realizada en la ocupación Marconi, en São Paulo. Hablamos con él para que nos cuente sobre su trabajo, sus proyectos y su visión del mundo.

Háblanos de tu trayectoria como fotógrafo, ¿cómo llegaste hasta aquí? ¿cuándo te diste cuenta de que esto iba a ser tu trabajo?

En la época de colegio fue donde empecé a hacer fotos más en serio. Tuve una polola que me prestaba la cámara de su mamá con la que salía de noche a hacer fotos, después volvía y descargaba los 20 archivos que podía hacer. Así empecé, con cámaras prestadas o bien básicas, haciendo fotos a mis amigos o mi familia. Hasta que un día, mi mamá me regaló la primera réflex análoga, donde fui aprendiendo con el manual en españolísimo. Puro ensayo y error. Así, me empecé a meter en los concursos, donde me iba bien o ganaba, pero nunca supe bien que quería hacer. Para mi era más callejear y meterme en lugares, que un trabajo. Cuando decidí estudiar, ya sabía que solo quería hacer fotos pero no conocía nada ni a nadie. Con el tiempo y después de muchas frustraciones dije: “Ya, acá me quedo“.

¿Cuáles han sido tus referentes e influencias principales durante tu carrera o en tu trabajo?

Mucho de fotógrafos americanos, mucho Magnum o National Geographic. Robert Frank, Jim Goldberg, Nan Goldin, Walker Evans, Eggleston, la AFI en Chile… ¡muchos! En la escuela como que uno prueba de todo porque te obligan a ver y copiar es fácil. Pero al final, tu propio mundo es tu influencia; es en lo que te metes, las películas que ves y vuelves a ver, los amigos que se mueren, la música, lo que lees y las cosas que te pasan o sufres. Eso también ha marcado mi trabajo.

¿Vives de la fotografía o lo combinas con otras labores?

Vivo de ella. Detrás de la cámara o en producciones, donde está el oficio. He hecho casi de todo: cine, moda, publicidad, prensa, docencia o cultura. De eso uno escoge al final lo que más le gusta, para enfocarse. Así, se aprende a cuidar el trabajo que te permite vivir de la foto.

Parece que viajas mucho para desarrollar tu fotografía, ¿cómo sobrellevas el estar tanto tiempo viajando y como te organizas y financias?

En general autofinancio mis proyectos. Nunca he postulado a un Fondart con mi propio trabajo, pero si con otros proyectos colectivos. En Chile, son muy pocas las plataformas que te van a pagar por un tema o un reportaje auto-gestionado, entonces me veo un mes sacando portada de revista con una moda o un famoso de rutina, pero un par de meses más uso esos recursos, por ejemplo, para irme a Brasil a estar metido en lo que más me interesa. Ser freelance tiene ese “flagelo”, ser libre en cuanto organización y decisión de lo que uno quiere hacer, pero si no te mueves, mueres.

Varias de tus series fotográficas son en el extranjero, ¿cómo crees que afecta a tu trabajo el ser un extranjero u “observador objetivo” de tu sujeto o la temática que fotografías?

De alguna forma en las cosas que me he metido a fondo han sido por una conexión con mi vida personal. Viajes con historias de amor que hablan de aventura, personas que no tienen donde vivir o un amigo que se te muere. Esas historias, se parecen a cosas que me han pasado a mi o mi familia, por eso conecto o me meto. Tengo claro que nunca seré parte de ese entorno, pero sí soy para las personas que conozco en esos viajes cuando me involucro más allá de la foto; y eso al final hace sentido. Ir y volver.

Me vine hace poco por amor. Siendo honesto, nunca quise venir a EEUU. No soy fanático de su cultura o política actual, pero en los últimos dos años he venido varias veces de visita, teniendo conflictos de ego o choques culturales, pero a la larga son las cosas que te expanden. Ahora estoy encontrando mi lugar acá, entre Denver y NYC. Donde hay trabajo e historias por hacer.

En tu estilo documental, en la serie Predio por ejemplo, llegas a involucrarte mucho con los protagonistas de tus fotos, ¿cómo consigues esa cercanía y que te dejen meterte en sus casas y en sus vidas?

Es verdad que hay que fluir y ser honesto, pero también hay que pensar en que debes hacer la foto. Por eso, fue importante viajar varias veces y pasar tiempo sin cámara. En el caso de PREDIO, viví en ese edificio por periodos de meses, durante cuatro años. Para mi era importante estar ahí y con el tiempo, uno va entendiendo todo y las cosas se arman en tu cabeza. Las mismas personas te dan la confianza y el permiso para hablar de sus vidas y estar ahí. Eso es lo más difícil, crear el acceso. Las fotos vienen después.

Predio es tu último trabajo con el que ganaste el premio al mejor portafolio en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso. ¿De qué trata esa serie? ¿Cómo viviste la recepción de ese premio?

Trata de las historias de vida de personas que lo han perdido todo menos la vida, en un contexto social muy duro, similar a cosas que pasan en Chile, pero magnificado por cómo es demográficamente Brasil. Creo que el premio fue más importante porque tus mismos pares te reconocen, lo que te da la confianza, visibilidad y apoyo para seguir haciendo cosas. De hecho, ese trabajo lo fui puliendo a través de las instancias que el mismo festival da todos los años con sus talleres y editores.


¿Cómo ves el futuro de la fotografía, y del género documental en específico, en Chile? ¿Sigues el trabajo de fotógrafos nacionales que nos puedas descubrir?

¡Creo que no hay futuro! Solo promesas. Creo que hay muchos buenos fotógrafos, haciendo temas pertinentes como la migración y lo que pasa fuera de Santiago. Pero me preocupan más las políticas de educación o las instituciones donde se te enseña a VER y criticar. En ese contexto, mi generación o la lejana, también somos responsables de acercar la fotografía a la gente y viceversa. Creo que eso es clave para hacer un futuro, a través de la educación del valor de la fotografía o la imagen en general en la sociedad. Sin eso ¿quien va a tener idea de que se está documentando y porqué es necesario?

Por supuesto hay proyectos que están en eso y hace rato. Nuevos festivales de fotografía en el Norte, la Patagonia o el mismo de Valparaíso que ya lleva 7 años. Editoriales de foto casi auto gestionadas, colectivos de fotografía o los mismos autores que llevan sus trabajos a los colegios o se dedican a hacer talleres. Afortunadamente soy muy amigo antes que colega de fotógrafos que admiro por lo mismo: Patricio Miranda, Manu Castillo, Cristóbal y Ale Olivares, Nico Wormull. Jose Moraga, Nain Maslun, Pato Mardones, dejando a varios. Si bien no todos son documentales, están metidos en el micro mundo de la foto y aportando con proyectos personales. Son con los que hemos trabajado, viajado o emborrachado.


Algún proyecto futuro del que nos puedas hablar?

Ahora mismo estoy viajando por el estado de Colorado, junto a mi novia que es periodista, documentando comunidades de jóvenes entre 17 y 20 años, en un proyecto que busca poner en tensión la voz y realidad en la que viven la próxima gran generación de votantes que recibirá Estados Unidos. Y estamos en eso, escuchándolos y viajando por el viejo oeste.