Satori Gigie (La Paz, 1987) es el nombre artístico de Wilfredo Limachi Mamani, un joven que llegó a la fotografía por casualidad hace unos años y ya no soltó la cámara. Queriendo o no, Satori se ha convertido en un fotodocumentalista destacado en La Paz, donde vive con su familia. Hay pocos como él, que pongan el foco en mostrar los aspectos positivos de la cultura y costumbres indígenas de la capital de Bolivia, y no en retratarlos como una minoría débil que necesita ayuda. Mujeres vestidas con el atuendo tradicional aymará que trabajan duro mientras cargan su bebé a la espalda , niños que juegan en la calle, celebraciones tradicionales inmersas en la modernidad de la ciudad,… Satori fotografía lo que ve a su alrededor y le motiva: un pueblo unido, honesto y esforzado.

¿Cuáles son tus recuerdos de infancia, adolescencia y juventud en La Paz?

Tuve una infancia muy linda, así la recuerdo. Casi siempre mirando hacia la calle, porque me llegaba la curiosidad por descubrir qué es lo que había allí afuera. Siempre me interesó lo verde y lo colorido, también lo gris o celeste. Me refiero a los árboles y la hierba que brota cada enero en el barrio, las montañas que rodean la ciudad y el cielo que aparece y desaparece tras las nubes. Jugaba con tierra, con los perros callejeros, gatos de los techos y gallinas, jugaba con aviones de papel, canicas, trompos, voladores, todo eso que hoy ya no hay mucho o casi no hay nada. En la adolescencia ya jugaba con la pelota, cada noche en la cancha de tierra del barrio, que ahora es de cemento “La Cancha 25”. También fueron tiempos de nuestras primeras andadas en el barrio. Gracias a un amigo, Pablo Ajacopa, que era muy de arranque, nos formamos en un grupo de changos dedicados a hacer actividades de teatro, de deporte y música. Empezamos a charlar sobre los problemas que nos afectaban como jóvenes, adolescentes y niños. Queríamos que se tomara en cuenta nuestra palabra en las asambleas vecinales, y así también que los políticos que visitaban el barrio supieran que estábamos organizados para exigir nuestros derechos. Hasta la juventud y hasta el presente, se dieron experiencias interesantes, luego conformamos un grupo teatral, moviéndonos por toda la ladera (periferia) oeste de la ciudad, actuando con temáticas políticas, de género, culturales y demás. Ya los dirigentes vecinales nos conocían y nos invitaban a los aniversarios de sus barrios, a las escuelas y colegios. Este grupo se llamó Comunidad de Arte Popular Gritos de Insurrección. Nuestra intención era rescatar la identidad de barrio para los jóvenes, la raíz cultural aymara que nuestros padres trajeron desde sus comunidades, traducida en valores como el comunitarismo, la solidaridad, el saludo, el respeto, el no robarás, el no seas flojo ni mentiroso y a la vez apropiarnos de todo lo que el mundo nos ofrecía a partir de nuestra presencia en la ciudad. Es decir, el joven que se enfrenta al mundo moderno, donde los demás le reconocen por tener estos valores. 

¿Y los primeros recuerdos en relación al mundo de la fotografía? ¿Siempre te quisiste dedicar a esto?

Jamás pensé dedicarme a la fotografía, pero algo hubo siempre en mi caso personal, ese reflejo de, como dije antes, la hierba que crece y florece en el barrio, los animales, las personas, las montañas, el cielo, todo siempre se me hizo misterioso, difícil de explicar y algo tenía que llegar a mi vida para tratar de hacerlo, para sacarlo y mostrarlo. Cada planta, o cada flor, por ejemplo, siempre tiene una utilidad médica o espiritual, todo tiene significado. Eso me enseñó mi madre en el barrio. La retama sirve para alejar los malos deseos que surgen en nuestro corazón, la ch’illka para quitar inflamaciones, la malba para equilibrar el calor corporal. El khanapaku para el dolor de estómago y la koa para preparar un plato llamado wallak’e. Así, todo. También las mujeres cargan un aguayo colorido en muchas ocasiones y cuando no llevan una wawa en él, tengo la duda de qué será lo que llevan. Cuando era niño pensaba que cargaban cosas mágicas y que las llevaban a un gran mercado en la ciudad de El Alto, luego me di cuenta que aquello mágico era el alimento que llevan para sus hijos: pan, arroz, leche, verduras.

Cuando terminé la secundaria, busqué trabajo para poder pagar los estudios en la universidad. Y buscando encontré laburo en una empresa donde me pidieron tomar fotos de automóviles y maquinaria industrial para hacer avalúos. Allí aproveché la cámara que me dieron para también tomar fotos a las personas que marchaban en la ciudad de La Paz, a quienes hacían arte callejero en plaza San Francisco, o La Ceja de El Alto. También, cuando se podía, tomaba fotos de las calles de mi barrio, los paisajes y la gente.

¿De dónde viene el nombre Satori Gigie?

Satori es un término japonés, del budismo Zen, significa comprensión. Cuando era adolescente leí algunos libros sobre esta espiritualidad y encontré ese término y me lo quise poner como apodo, pero nadie lo sabía. Gigie es otro apodo que también me puse, porque es una pronunciación que hizo mi entonces pequeña sobrina Araceli porque no podía decir Willi (de Wilfredo, mi verdadero nombre).

La foto que te “hizo famoso” fue la que le sacaste a tu mamá “sosteniendo” el Illimani en una carretilla. Cuéntanos un poco, ¿cómo sacaste esa foto? ¿Cómo se dio a conocer la imagen? ¿Cómo viviste ese proceso de hacerte “conocido”?

La foto la tomé un domingo de octubre de 2014. Mi mamá trabajó mucho ese día que se supone se debe descansar. Me acuerdo que lavamos ropa y recogimos la casa. Terminamos como a las 6 de la tarde, pero mi mamá seguía trabajando podando un rosal que teníamos en el patio. En la tarde yo aproveché que estaba cargando las flores de rosa en su carretilla para ponerlas entre los árboles y al volver tomé esa foto. Me encontraba tirado en el piso esperando a que mi mamá pasara justo por el Illimani, pero no resultó porque la montaña era más pequeña que la carretilla. Un perrito me ladró y retrocedí y luego intenté otra vez ya más arriba en el camino y resultó. Ahí aprendí que mientras más lejos, el objeto se vuelve más grande y mientras más cerca, el objeto se vuelve más pequeño.

Al día siguiente publiqué esa foto en mi muro de Facebook antes de irme a almorzar y al volver ya noté que estaba en muchas páginas. Me molesté un poco de que no citaran la autoría y luego aclaré en otros post que podrían robarme esa foto pero jamás a mi mamá que la protagonizaba. Después llamó la prensa y acudí aclarando que mi intención fue mostrar esa fuerza y voluntad que hace a la mujer trabajadora, pero que para nosotros parece ser una decoración más del paisaje y no le damos la importancia merecida o no tratamos de cambiar esa situación.   

Haces fotos, en su mayoría, documentando gente humilde que viven aparentemente en condiciones de vida duras, pero todos sonríen. ¿Qué mensaje hay detrás de esos retratos?

Es gente decidida a ser. Es quizá por mi forma de pensar respecto al término indígena, que no necesita iluminados o salvadores, sino decisión para ser uno mismo y que es capaz en el plano individual y colectivo de forjarse un porvenir en este mundo. Por ello trato de rescatar su sonrisa, el “a pesar de”. Mucho tiempo se nos ha retratado con mirada brillante pero boca caída, como queriendo mostrar a gentes que necesitan de alguien, ya sea donantes, políticos o intelectuales y activistas. En mis fotos trato de mostrar esa decisión, voluntad y fuerza. Los protagonistas siempre están haciendo algo y si están mirando, lo hacen con una mirada decidida, hacia una dirección que indique esperanza. 

Las mujeres -fuertes, trabajadoras, madres- tienen un papel protagónico en tus fotos así como lo tienen en todas las sociedades. En el contexto actual se habla mucho de los derechos de las mujeres, el feminismo toma fuerza y en todos los espacios de la vida privada y pública las mujeres van recuperando su voz. ¿Cuál es tu opinión acerca de este tema y cómo lo trabajas a través de tus fotos?

No todas las mujeres son iguales. Hay mujeres que sufren la triple discriminación, por mujer, por indígena y por pobre, mujeres que a veces hasta al feminismo se le olvidan. Esa discriminación triple la he visto dirigirse hacia mujeres que visten pollera, por ejemplo y por ello, a pesar de que algunos ya me dijeron que sólo retrato cholitas, en el fondo por ayudar a reivindicar a quienes en mi experiencia he visto sufrir 3 veces más. Por ello trato de mostrarlas fuertes, decididas y si acompaño las fotos con relatos, rescato su sabiduría y experiencia, para que los demás aprendamos a respetarlas. 

Hay un contraste entre lo rural y las tecnologías de la ciudad en tus fotos. ¿Te sientes en un intermedio en ese aspecto? ¿Cuál es tu postura?

Por un lado quiero mantener los valores que nuestros padres han traído desde lo rural y, por otro, apropiarnos de esa tecnología que se nos ofrece en las ciudades, y utilizar como herramientas, esa para mí es la identidad que puede forjarse en los jóvenes que viven en barrios de la periferia.

Tus imágenes son instantes de una historia que bien podría convertirse en un documental entero. ¿Planificas esas narraciones fragmentadas o piensas solamente en la estética y composición? ¿Cómo es tu proceso creativo?

Salgo cada vez que puedo a los miradores naturales que hay en los alrededores de la ciudad y allí espero por horas a que se me presenten personas haciendo algo decidido, como cargando un bulto enorme, llevando a sus hijos, caminando en medio del paisaje, etc. A veces tengo la oportunidad de acercarme a estas personas y conversar sobre todo sobre sus sueños, sobre cómo quisiera que fuera el mundo y qué está haciendo al respecto, y luego convierto eso en una historia corta. Otras veces saco la historia de mis recuerdos y experiencias, también de aquello que me contó la gente mientras no tenía cámara. Es decir, hoy le tomo foto a un obrero y recuerdo lo que otro obrero me contó hace 15 años para armar la historia.

Ahora Chile y Bolivia se encuentra en un conflicto político por el acceso al mar. ¿Cuál es tu opinión o visión sobre este tema?

Me gustó mucho el slogan que salió de las organizaciones sociales chilenas como muralistas, juventudes, estudiantes, obreros y otras, que es Mar Para Los Pueblos, cuestionando la privatización de costa e industria pesquera que hay allá en Chile y la falta de acceso que hay aquí en Bolivia. Tomando en cuenta además el origen histórico de este conflicto, donde se toman elementos como las oligarquías bolivianas y chilenas, junto a empresas inglesas que estuvieron en medio de la guerra (1879) por sus intereses. Yo espero que pronto tengamos un acceso al mar pero que el sentimiento chileno sobre todo no se vea afectado ni tampoco el boliviano, sino que ambas naciones refuercen sus vínculos a partir de todo esto. Veo que puede ser posible también una integración cultural interesante, puesto que antes el territorio y la costa no era ni chilena ni boliviana sino aymara, una cultura que todavía resiste en ambos países, lo cual, repito, puede ser un aspecto para integrar más a ambos pueblos.

¿Cuáles son tus proyectos de futuro?

Todo lo relacionado a la identidad de los barrios, sus costumbres, aspiraciones, e historia. Me encuentro trabajando en ello para ver como sistematizarlo y a través de qué medio difundirlo. Obviamente para que primero nos veamos nosotros a nosotros mismos. Puede ser con fotos, videos o textos. El proceso se encuentra en juntar jóvenes a quienes esto les entusiasme, y ya somos algunos/as. Son en parte los mismos con quienes andamos en años anteriores haciendo teatro.