Varios | Por hace 1 mes.

Fotos: Ignacio Torrejón, Futuro Berg
Entrevista: Futuro Berg

En el fin del mundo están pasando muchas cosas. A 3.000 kilómetros de Santiago, la capital de Chile, se encuentra una fría y aislada ciudad llamada Punta Arenas, puerta abierta hacia un sin fin de parques nacionales y a las maravillas de la Antártica. Ahí, justo en esta ciudad, está por abrirse un nuevo dispensario de cannabis y herbología urbana, una tienda de la misma ciudad va a apostar por este cambio. Su dueño es Ernesto, un personaje popular en Punta Arenas, quien pretende aportar en la apertura de las mentes de los habitantes de la Patagonia chilena.

Esta apuesta no es al azar, sino que responde a la tendencia cultural que está adoptando Chile desde que la Ley de drogas (Ley 20.000) en el país permite el cultivo de marihuana para uso terapéutico. Desde que se aprobó esta ley existen 26 dispensarios de Cannabis, los cuales funcionan en base a dos cosas: la creación de asociaciones sin fines de lucro para el mejoramiento del bienestar de los participantes; y a recetas médicas apoyadas y validadas por una asociación de médicos en conjunto con la sociedad civil (como la Fundación Daya, RecetaCannabis.cl, y muchas otras.)

Conversamos con Ernesto Sharp Rifo sobre todo este movimiento cultural, y lo significativo que es abrir un dispensario de Cannabis en plena Patagonia. Nos cuenta que su objetivo final es transformar un negocio común, en una experiencia de aprendizaje. Y continúa…


“Le quise dar una evolución al Grow Shop común y corriente creando un centro de jardinería y horticultura donde la gente puede ir a conversar, a aprender, a comunicarse a intercambiar experiencias, a crecer, etc. En todas las tiendas normales de cultivo que se llaman Grow Shops, vas a comprar un producto, tienes un vendedor detrás de un mostrador y eso es todo. Si no sabes lo que quieres en realidad el vendedor tampoco tiene mucha idea de lo que puede ofrecerte o de lo que necesitas, generalmente terminas llevándote un montón de cosas que no te sirven. En el centro de jardinería sucede todo lo contrario”.

La asociación “Dispensario” busca el bienestar en la vida de sus participantes lo cual, según el marco regulador, no puede ser impedido ni negado por el Estado, pues busca la mejora de la calidad de vida de los asociados. Por esto, paralelo a su tienda, Ernesto quiere abrir un dispensario en otro lugar de la ciudad dentro de los próximos meses. Sobre esto nos cuenta que “la gente lo que esta buscando en realidad es poder consumir tranquilo y que no los anden mirando. Muchos de los que hablan mal del consumo de marihuana toman alcohol, pero si llegas a fumar o a vaporizar algo delante de ellos, todos se te quedan mirando como que eres un bicho raro, aunque tengas tu receta medica”.



Acerca de su experiencia personal Ernesto explica: “yo por ejemplo fumo todos los días, todo el día, cada hora del día estoy fumando, y me considero una persona que puedo sacar adelante muchos proyectos: tengo una tienda andando, estoy creando una asociación, estoy enseñándole a la gente, acercándola a un mundo desconocido, y sigo consumiendo todos los días. Tengo 3 hijos y mantengo a mi familia, una familia muy feliz”. 

Ernesto espera armar un equipo de gente educada en la cultura cannábica que pueda administrar la tienda pero también dedicarse a tiempo completo a manejar y administrar el dispensario. Así espera poder ir generando un círculo que le permita a los clientes poder consumir a la misma vez que se informan y construyen bases para compartir experiencias y conocimiento. “Muy buenos amigos me apuntaron con el dedo, me dijeron que no tenia que abrirle las puertas a todas las personas, que era peligroso. Eso ha hecho que me haya quedado sin muchas personas que estuvieron en mi vida, pero son sacrificios que hay que hacer para que esto surja. Si les hubiese hecho caso, hoy día no tendría quien me esté ayudando en la tienda, y la tienda no estaría funcionando. El chico que está aprendiendo y haciéndose cargo en este momento, lo hace por amor al arte, por amor a aprender y por un sueño en común”.

Ernesto ve su tienda como un impulso al crecimiento de la cultura, e incluso nos cuenta sobre su experiencia, la cual está marcada por un pasado que está muy lejos de su actual forma de ver la vida. “Una persona cercana que me está ayudando tiene 22 años y desde los 16 estuvo vendiendo cannabis en el mercado negro. Con todo lo que ha visto en un mes, y con todo lo que ha escuchado, él tomó la decisión de dejar el mercado negro para siempre, y creer en la tienda y el dispensario. Se transformó en un colaborador. Yo llevo dos años y medio sin consumir una gota de alcohol, ni una droga sintética, nada. Antes consumía alcohol, cocaína, ácidos, LSD, éxtasis, hongos, cactus, de todo. No lo hacia todos los días, pero sí consumía de todo. Comencé una terapia con fármacos que duró muy poco tiempo, la cambié por cannabis y acá estoy: llevo dos años y medio sin nunca más haber puesto mi lengua en un vaso de alcohol, y eso es lo que me tiene mas orgulloso en realidad”.



Le preguntamos también sobre su visión acerca del futuro del cannabis en Chile, y cómo los dispensarios pueden ayudar a cambiar una cultura que ha sido estigmatizada por mucho tiempo. “Hay una línea divisoria entre el antes y el después de la ley. Si miramos hacia atrás recordaremos que antes era ilegal, yo creo hay que mirar hacia adelante, y pensar solo en las cosas que vienen. Eso es lo que hago todo el todos los días. De hecho, me preparo para los meses venideros pues se vienen muy difíciles y de mucho trabajo. Espero que la sociedad evolucione en pos de eso, espero que el dispensario no se convierta en una botillera más, porque no es una botillería donde compras alcohol y cigarros para pasarlo bien en la noche”.

El sueño de Ernesto contempla una cultura mucho más avanzada sobre el cannabis que pide a gritos la regulación futura para la total libertad de esta actividad: “espero poder tener un almacén donde poder ofrecer distintas calidades y variedades a la gente. Espero poder pagar mis impuestos por cada venta que haga y no tener que recibir donaciones mínimas establecidas de asociaciones sin fines de lucro creadas para ayudar a la comunidad, las cuales deberían dedicarse solamente a dar charlas y enseñar cómo medicarse con los productos, no a dispensar. Quisiera tener un almacén donde vendas tu cannabis bajo un estándar, como todo cultivo. Debería poder ser así en el futuro, y eso es lo que yo sueño. Siempre voy a apoyar que sea una actividad totalmente regulada y libre”.