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ENTREVISTA a la fotógrafa Gita Buga
ENTREVISTA a la fotógrafa Gita Buga
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Hasta hace poco no conocíamos a la fotógrafa británica Gita Buga. El día que lanzamos la colección JOIA 3650, se nos acercó para mostrarnos Mercy, una serie de fotografías que realizó durante sus incursiones en el mundo del sadomasoquismo, también conocido como BDSM (Bondage y Disciplina, Sadismo y Masoquismo). La revisamos y descubrimos un gran talento tanto estético como de concepto, por eso decidimos tener una charla más larga con ella sobre su trabajo.

Por lo que leímos en tu web, has tenido una vida bastante interesante, con una educación alternativa. ¿Puedes contarnos un poco acerca de esa etapa de crecimiento/formación y de cómo te empezaste a interesar en la fotografía?

Me educaron en casa hasta los 16 años. Mi madre, que es de Croacia, creía que los niños no debían ir a la escuela tan jóvenes en Inglaterra y que debían tener más tiempo para desarrollarse y jugar.


Empecé a tomar fotografías cuando tenía 11 años después de que comencé a hacer ropa con otros amigos educados en casa. Nos vestíamos con la ropa que habíamos hecho nosotros mismos y tomábamos fotos de cada uno. Poco a poco y a lo largo de los años se transformó en moda. Finalmente, en la universidad me di cuenta de que lo que realmente me interesaba era la gente en lugar de la moda, y así empecé a enfocarme más en el desarrollo de proyectos de retrato y documentales.

¿Crees que este tipo de educación influyó en que te decantaras por una disciplina artística como es la fotografía? ¿De qué manera?

La educación alternativa me expuso a muchos tipos diferentes de personas, y diferentes maneras de pensar y vivir, me permitió abordar mis proyectos desde una perspectiva más abierta. Me criaron para no tener miedo, de una forma distinta a lo que generalmente se ve como “normal”, mi educación, mi religión (me crié como Hare Krishna), mi nombre, mi estilo, la combinación de todo esto no es muy normal en cualquier parte el mundo. Por eso creo que me fascina lo que significa “diferente” para las personas que juzgan a los demás por sus opciones alternativas. Esto me ha impulsado a explorar cosas que habitualmente ve como distintas o no entiende, para que podamos aprender juntos sobre ello. Eso es la principal fuerza impulsora de mi trabajo.

Tu trabajo se divide en foto de moda y proyectos personales. ¿Podrías resumirnos un poco los principales trabajos que has desarrollado en ambas vertientes?

Cuando estaba estudiando me dijeron que debía centrarme en un género fotográfico, que no podía tener éxito en ambos (moda/documental), pero esto nunca tuvo sentido para mí. ¿Por qué no puedo disfrutar de la creatividad y la estética de la moda y la profundidad y el placer en proyectos documentales a largo plazo? En mi trabajo de moda y de retrato se refleja mi forma de tomar fotos, soy muy ordenada – en las líneas y los ángulos – ya sea en la arquitectura interior de mazmorras o en la estructura y la forma de una modelo. Mis proyectos documentales tienden a enfocarse en personas o situaciones ajenas a las “normas” de la sociedad; es mi forma de dar voz a la gente y es mi manera de combatir la discriminación y la injusticia.

La moda es donde puedo liberar mi creatividad, hay un proceso de trabajo completamente diferente detrás en comparación con el trabajo documental. A menudo trabajo con una talentosa estilista llamada Twinks Burnett de Londres, somos como el Yin y el Yang, pero cuando trabajamos juntas nos potenciamos y llevamos nuestros proyectos al siguiente nivel. Ella me ayuda a salirme un poco de mi estilo oscuro, y yo la ayudo a sacar el lado oscuro de su alma color arco iris.


Has estado viajando por Sudamérica, incluyendo Chile. Cuéntanos un poco acerca de este viaje, ¿Por qué decidiste hacerlo?

Era un continente al que la mayoría de la gente parecía tenerle miedo, de hecho mi padre me pidió que no me fuera, pero no podía permitir que los temores de otros me impidieran visitar todo un continente. Siempre he creído que el temor y los límites son más mentales que físicos, por lo que si alguna vez nos sentimos inseguros acerca de nuestras habilidades siempre debemos tratar de darnos cuenta de lo que realmente somos capaces. Me imaginaba que América del Sur era hermosa, pero no sabía lo increíble que era hasta que llegué y comencé mi viaje por Brasil. En 3 meses viajé por selvas húmedas, a las montañas de la Patagonia, y al desierto más seco del mundo – los países y la gente en Sudamérica son increíblemente diversos.

¿Qué proyectos has desarrollado durante tu estancia en Sudamérica y, especialmente, en Chile? ¿Qué impresión te queda de tu estancia acá?

Cuando llegué a Chile empecé a trabajar con el fundador de Green Glass, un proyecto social y ambiental en Chile que crea vasos de botellas recicladas. Fui al centro de reciclaje donde trabajan los recolectores de basura y realicé una serie de fotografías y retratos de las personas que trabajan allí. Podría haber tomado meses tener acceso a un centro de reciclaje y conseguir que la gente confiara en mi para una turista como yo, pero gracias a Óscar pude tomar las fotografías que había imaginado el primer día que fui a visitarles.

Al llegar a Sudamérica viví en São Paulo, y estando allí fui invitada a colaborar con otros fotógrafos de todo el mundo para el Fondo para la Paz. El proyecto se llama The Bottom 100 y se basa en dar voz a 100 personas que se encuentran entre las más pobres del mundo que estén dispuestas a dar la cara y hablarle a los más ricos del mundo.

Me asocié con Óscar (de Green Glass) y regresé a Chile para hacer el proyecto. Con él pudimos ir a las zonas más pobres de Santiago como a cárcel Colina II o centros de reciclaje, para escuchar las historias de la gente. Nos contaron sus historias de vida y definiciones de lo que realmente significa la felicidad. Me pareció surrealista terminar el proyecto y caminar por la ciudad después, me hizo reflexionar y ser consciente de mi propia vida y de la realidad de lo que está justo fuera de nuestra vista.


Uno de los proyectos más recientes, Mercy, gira entorno a las prácticas sadomasoquistas. ¿Cómo surgió este proyecto? ¿Cómo lograste acceder a este mundo? ¿Ya lo conocías?

No conocía a nadie dentro del mundo BDSM antes de comenzar Mercy y sentía (con un poco de vergüenza) miedo de esos calabozos del sexo y de las Dominatrix. Cuando comencé mi investigación me di cuenta de que era por ese desconocimiento por lo que debía llevar a cabo este proyecto. Tenía una idea equivocada sobre la cultura del sadomasoquismo así como muchas personas a mi alrededor, por eso era necesario hacerlo, para aprender y enseñar a los demás sobre el BDSM. Al principio me contacté con mucha gente que encontré por internet que tenían calabozos privados y les ofrecí intercambiar mis fotos profesionales por dejarme entrar en su mundo y fotografiarles. Después de la primera sesión de fotos, el resto confiaron en mí más rápidamente y todo fue más fácil.

¿Cómo lograste que algunos de los que posan en las fotos dieran la cara?

Para algunas personas su práctica BDSM es un tema privado, pero para otros es un estilo de vida y algo de lo que están orgullosos. A las personas que fotografié les gustaba mi estilo de retratos porque les mostraba tal y como eran, no les convertía en objetos sexualidades. Me gusta pensar que en Inglaterra somos muy liberales y que alguien juzgue a otro basándose en su sexualidad sin saber mucho más sobre el tema, es mucho peor que la propia persona que está siendo juzgada.


A pesar de ser un mundo que no suele exponerse a los medios, un poco “oscuro” y desconocido, tú lo muestras de forma nítida, explícita y natural. ¿Cuál era tu idea a la hora de plantear cómo iban a ser las fotos?

En mi enfoque me influyeron mucho otros fotógrafos como Gareth McConnel y Lucinda Rivers. El proyecto de Rivers The Omega Suit me mostró cómo nosotros, como espectadores, nos relacionamos con una fotografía de un espacio vacío ocupándolo nosotros mismos. El contraste de ver una bella fotografía sobre un tema mórbido es algo que sucede en el espectador cuando ve las imágenes de Mercy.

Después de realizar este proyecto, ¿cambió la idea que tenías sobre estas prácticas?

Me hizo entender muchas cosas. En primer lugar que las personas que practican el sadomasoquismo no buscan dolor sino las endorfinas que libera nuestro cuerpo cuando experimentamos dolor. Estas endorfinas producen una sensación parecida al que sientes al tomar algunas drogas, pero como cualquier droga cuanto más tomas más alta es la dosis que necesitas. Por eso el BDSM puede llegar a niveles más hardcore.

También me di cuenta que hay muchas personas en puestos de poder en su trabajo que practican el sadomasoquismo. Políticos, jueces,… gente que puede sentir algún tipo de culpa debido a su trabajo a veces quieren invertir ese papel y sentir que les quitan el poder. Para ellos es como una experiencia terapéutica.

Sin duda, este proyecto ha hecho que sienta curiosidad por experimentar yo misma esta descarga de endorfinas, es algo de lo que la mayoría de gente huye y muchos no experimentarán nunca.

¿Qué reacción has obtenido de las fotos por parte de los protagonistas y quienes te guiaron durante el proyecto?

La respuesta fue muy positiva, los protagonistas y la gente que me ayudó cree que he retratado el mundo del BDSM de una forma muy honesta y muchas de las imágenes han sido usadas en algunas galerías de arte y exposiciones en Londres. Nunca quise provocar a la gente con este proyecto, aunque algunos lo podrían considerar muy provocador. Creo que Mercy refleja una parte de la comunidad BSDM en Inglaterra de una forma auténtica y bonita y nos permite aprender sobre el tema desde dentro.


Tu trabajo parece querer mostrar las cosas tal y como son, darle importancia a los protagonistas reales de cada “historia” que cuentas. ¿Cuál dirías que es tu concepto principal al trabajar o tu objetivo principal cuando fotografías algo o alguien?

Trato de contar la historia lo más honestamente posible a través de mi cámara hasta el espectador sin interferir en las imágenes a través de mi estilo o mi enfoque. Quizá ese es “mi estilo”, contar las cosas de forma directa y clara, sin interferencias.

Y ahora, ¿dónde vives y cuáles áson tus proyectos de futuro?

Actualmente vivo en Santiago y estoy entrevistando emprendedores para una compañía que co-fundé con Óscar (www.haciendola.com) después de terminar el proyecto “The Bottom 100”. En el futuro me gustaría explorar la comunidad gay de Santiago, así como a los católicos conservadores. Viviendo en Chile, un país muy conservador, me he encontrado situaciones bastante fascinantes, así que me gustaría explorar ambos mundos con una serie de retratos. Me interesa mucho el uso de mi cámara como herramienta para mostrar ideas y educar a los demás.