El artista de lettering chileno Bryan Yonki (Puente Alto, 1989) ahora afincado en Los Angeles con su proyecto Well Done Signs con el que realiza encargos para videoclips, locales o publicidad, empezó pintando graffitis en las paredes de Santiago, pero se decantó rápidamente por pintar letras y palabras inventando, en el proceso, tipografías de colores llamativos. No podemos evitar que su trabajo nos recuerde a los letreros y carteles de las micros amarillas, sin negarle una clara y seguramente inevitable -por contexto- evolución hacia el estilo norteamericano de sus rótulos. Hace unas semanas estuvo de visita en Santiago realizando algunos proyectos y aprovechamos para hacerle unas preguntas.

Empezaste pintando graffitis hace más de 10 años, cuéntanos como fueron esos tiempos. ¿Tu nombre viene de esa época?

Así es, cuando estaba en el colegio conocí a algunos compañeros que escribían sus nombres en todos lados; en los baños, en los buses, en la calle… Me pareció un juego divertido y quise jugar también. Mis inicios fueron haciendo stencil pero cuando estuve expuesto a la adrenalina del tag y del bombing nocturno, lo dejé de lado casi inmediatamente.

El nombre Yonki (jerga españolizada de la palabra Junkie) lo adopté por el año 2010, cuando ya aburrido de escribir siempre lo mismo, decidí pintar palabras relacionadas a la adicción. Aunque mi rollo iba más por ser un “type junkie”. Esa nueva etapa fue un poco para remover el ego de la ecuación, como también para desarrollar una nueva estética que no estuviera relacionada con mis años haciendo stencil y bombing, un poco más hacia el diseño gráfico (a pesar de que por esos años estaba estudiando Psicología). El resultado de eso fue una serie de coloridos graffitis con una gráfica más limpia y fácil de leer, estas piezas leían “Acido”, “Pasta”, “Angustia”, etc.


Finalmente volví a escribir solo “YONKI” y acepté que mi misión no era cambiar las reglas del juego sino jugar y pasarlo bien, eso es lo que hago ahora con el graffiti.

¿Cuándo, cómo y por qué empiezas a hacer e interesarte por el lettering? ¿Recuerdas tus primeros proyectos?

Creo que mi gusto por las letras antecede a mi conocimiento del lettering como tal. Me di cuenta tempranamente que al no venir desde la escuela del hip hop, mi imaginario era más cercano a las tipografías que a las clásicas piezas de graffiti. Cuando empecé a pintar en la calle ya llevaba muchos años metido en la escena punk y hardcore local, creo que ese imaginario fue siempre mi mayor influencia en cuanto a estética. Logos de bandas, carátulas de discos, etc. Aún recuerdo cuando se instalaron los primeros cibercafés en mi barrio, me gustaba ir con un montón de disquetes y llenarlos de logos de mis bandas favoritas, creo que en ese tiempo me hice un poco más consciente de mi afición por las letras. El resto se dio como una continuación natural de este gusto. Comencé a investigar de manera autodidacta sobre letras, a copiarlas para aprender como dibujarlas y entender las reglas fundamentales antes de sentirme listo para comenzar a hacer trabajos más custom. Mis primeras piezas de lettering como tal eran una mezcla de caligrafía y letras dibujadas con frases de Hatebreed, una de mis bandas favoritas.

En Chile existe una tradición de señalética y lettering en autobuses, tiendas, etc., muy característica que, aún ahora, se aprecia en tu trabajo. ¿De qué manera te ha influido esa estética?

Me parece interesante la palabra señalética. Creo que el cartel pintado a mano, al ser una disciplina que ha decaído mucho en los últimos años, genera discrepancias en torno al lenguaje que se utiliza para referirse al oficio. De hecho aún tengo que explicar más ampliamente cuando le gente me pregunta a qué me dedico. “¿Pintor de letreros? ¿Cómo eso?”


El letrero cumple una función similar al de la señalética como sistema de comunicación visual, pero menos sintetizada y menos cargada al simbolismo. Si hablamos del clásico letrero de micro amarilla es algo que se instaló en el inconsciente colectivo de todos los que las usamos por años, definitivamente es un referente visual que respeto mucho y que ha influido en la manera en que desarrollo mi práctica hoy en día. Al mismo tiempo soy muy cuidadoso de no copiarlo, primero por respeto a quienes la construyeron con años de oficio y luego porque es una estética muy específica que alude a la nostalgia del observador como parte de su mensaje, por lo tanto limita las posibilidades de lo que uno puede comunicar con un letrero.

Te fuiste a vivir a Estados Unidos, ¿cuándo, por qué? ¿Qué feedback has obtenido de la gente de ahí respecto a tu estilo que quizá ahí no es tan común?

La verdad es que la decisión de irme a Estados Unidos pasó más por una jugada del destino que por una necesidad o un plan. El año 2013 conocí a una persona que vino a Santiago desde California por un intercambio estudiantil y al año de conocernos yo ya estaba en un avión en camino a visitarla en Los Ángeles. Digo destino porque podría haber sido cualquier otra ciudad, la habría visitado donde fuera que viviese.

Respecto a mi estilo, creo que hoy en día está muy influenciado por el estilo americano de rotulado. Si bien cuando llegué tenía una manera distinta de ejecución a la hora de pintar letras y quizá era más evidente que venía de otro lado; con el tiempo he aprendido mucho de varios maestros locales y esa influencia es mucho más evidente en mi trabajo actual, ya que he adoptado las técnicas mas tradicionales del oficio en Norteamérica.

Háblanos de tu experiencia en California, ¿cómo es tu vida ahí? ¿Cómo te has sentido trabajando en otro país? ¿Cómo ha influido estar allí en tu estética y concepto?

Creo que la cultura en Sudamérica esta bastante influenciada por Estados Unidos así que el cambio cultural no fue tanto, pero definitivamente me impactó pasar a ser parte de una minoría al ser un inmigrante Latino. Es algo que trato de utilizar a mi favor ya que hay mucha población hispana y es un plus saber ambos idiomas cuando se trata de llevar un negocio. 
La estética americana ha sido sin duda una gran influencia en mi trabajo. Al llegar a Los Angeles, inmediatamente comencé a notar la gran cantidad de letreros pintados a mano que se pueden encontrar en la ciudad. Después de investigar un poco descubrí que esta tradición ha existido aquí desde principios del siglo XX, que es parte de su identidad y que es la manera en que muchos negocios combaten la homogeneidad visual que han dejado los letreros impresos en el paisaje urbano. Incluso existe un programa de dos años en el instituto de formación técnica de Los Ángeles, en donde aún se puede aprender el oficio de la manera tradicional, mezclado con algunas técnicas más contemporáneas. Acá he tenido la oportunidad de perfeccionar mis técnicas y aprender de grandes rotulistas, por lo que mi estética y concepto están completamente influenciadas por las variantes del estilo americano.

Ahora que has experimentado otra realidad artística en un país distinto, ¿cuál es tu visión sobre el rubro del arte y la creatividad en general en Chile? ¿Qué ventajas y desventajas puedes apreciar respecto a Chile? ¿Qué queda por hacer aquí y qué obstáculos hay que superar?

Solo podría hablar de Santiago ya que es la ciudad que más conozco, pero cada vez que vuelvo me doy cuenta de lo afortunado que soy al tener amigos creativos que se dedican a lo que aman. A pesar de que no es fácil, más gente se está atreviendo a vivir de algo que les apasiona. Creo que hay gran potencial para ser explotado en la escena local, a veces falta el público pero creo que uno lo puede ir educando; cuando la gente ve que algo se hace con cariño y que hay un largo proceso para llegar al producto final, aprende a valorarlo.
Definitivamente lo que queda por hacer aquí en cuanto al cartelismo, y que es lo que he estado tratando de hacer a través de charlas, talleres y de los trabajos que realizo en cada visita, es quitarle el sesgo de “pintoresco” y “popular” al letrero pintado mano. Mucha gente los piensa como algo “choro” que le da “onda” a un lugar o como algo que es mas de barrio bajo; para el bazar de la esquina. En Estados Unidos este oficio es visto como algo más transversal, que puede servir tanto como para un despacho de abogados como para un carro de comida en la calle. Algo mas moldeable que se adapta al contexto, la superficie, la ubicación e incluso considera para qué tipo de observador está pensado ese letrero. Ese es el nivel de diversificación que me gustaría que existiese en Santiago.

Háblanos un poco de “365 Days of Type”, ¿en qué consistió? ¿qué supuso para ti tener que subir un lettering diario durante tanto tiempo? ¿dónde podemos ver el resultado?

365 Days of Type fue un proyecto que comencé el año 2015 y que fue concebido como un largo estudio de técnicas y estilo. Consistió básicamente en postear en mi cuenta de Instagram una pieza de lettering al día por un año. La idea era desafiar mi creatividad y al mismo tiempo explorar distintos soportes, utilizando técnicas de la caligrafía tradicional y el dibujo, pasando por el graffiti y el rotulado de letras. Ese año lo probé todo, desde herramientas tradicionales como la pluma y el pincel, hasta las más experimentales como el moldeado en cerámica, el tallado y el tatuaje. Sin importar si tenía 5 minutos o dos horas para hacer la pieza, lo único importante era hacer algo y mostrarlo. Esto me ayudó a crear el hábito de siempre estar pensando en ideas para desarrollar un concepto y las distintas formas de llevarlo a la práctica. Por aquel entonces no quería ser catalogado ni de graffitero, ni de calígrafo, ni de rotulista, así que traté de crear piezas bien variadas.

Creo que ese proyecto fue muy útil a la hora de construir mi portafolio y mostrar la variedad de posibilidades que ofrece el oficio de las letras. Me sirvió mucho tener esta variedad de aplicaciones a la hora de presentar ideas para proyectos que realicé en los años siguientes, incluso el logo que utilizo actualmente salió de aquí. El resultado se puede encontrar buscando el hashtag #YONKI365PROJECT en Instagram.



Tiendes a transmitir mensajes positivos en tu trabajo, ¿cómo es el proceso creativo que te lleva a esos textos? ¿qué concepto/s principales dirías que hay detrás de tus proyectos?

Supongo que soy muy consciente del peso que conllevan las palabras. Una palabra puede provocar una reacción física o ayudarte a superar un momento triste. Es lo que me pasa con la música o con los libros, de hecho mucho de lo que escribo proviene de esas fuentes. Si puedo elegir entre un impacto negativo y uno positivo para quienes miran mi trabajo, creo que siempre elegiré uno positivo. A veces, detrás de estas palabras, aparentemente pintadas al azar, hay una historia personal o algo que escuché por ahí y me pareció interesante.
Algo que también trato de hacer bastante es jugar con palabras para alterar su significado, especialmente con palabras en inglés, al no ser un hablante nativo me permito analizar el lenguaje con una perspectiva menos contaminada por el peso de la historia.

¿Qué proyectos destacarías de tu carrera hasta el momento (que hayan sido especiales y supuesto un logro para ti)?

Me gusta pensar que mi mejor proyecto es el próximo que haré, porque sé que al acumular práctica mis resultados van mejorando. He tenido la suerte de trabajar en la industria del entretenimiento en paralelo a mi carrera como pintor de letreros. Hace unos años hice un comercial de televisión para Brita, una marca de botellas que filtran agua y el director de arte quería que todo el lettering del comercial fuera hecho de manera análoga, fue muy entretenido contar la confianza y los recursos a la hora de encontrar la mejor forma de ejecutar esos proyectos. Lo mismo me pasó con lo que hice hace poco para el festival de música Boston Calling 2018, creo que para que un proyecto me suponga un logro debe existir confianza en mis habilidades y libertad para ejecutarlas a mi manera. Lamentablemente no siempre es el caso, una vez hice el arte para un video de Taylor Swift pero la dirección era tan estricta que el resultado final no lo sentí como mío, por lo que a pesar de ser una gran artista no considero un logro haber trabajado para ella. Es algo un poco difícil de controlar, por lo general en ese tipo de proyectos uno nunca sabe que tanto se puede apreciar tu trabajo en el producto final. Una grata sopresa me llevé por ejemplo al ver el video de Daddy Yankee “Dura”, para el cual tuve la oportunidad de pintar un graffiti, y que de hecho se puede ver de manera protagónica en la edición final. Sin embargo mis proyectos favoritos creo que siempre serán los menos desechables, esos letreros que pinto para la pequeña tienda de la esquina pero que puedo mirar todos los días cuando paso y saber que estoy aportando a embellecer la comunidad.


Ya que tu trabajas con las palabras, ¿qué opinas de la expresión “una imagen vale más que mil palabras”?

No sé si podría estar completamente de acuerdo o en desacuerdo con la frase. Creo que mi trabajo puede ser ambas o ninguna a la vez. Trato de utilizar las letras tanto para formar palabras como para crear imágenes. Algunas palabras solo pueden poner una imagen en tu cabeza, otras tienen un arco comunicativo más amplio y pueden poner muchas. Me gusta pensar en el lenguaje como constructor de realidades, en este sentido las palabras nos ayudan, no tan solo a comprender y hablar sobre los fenómenos humanos sino que también hacen que sucedan. La realidad no siempre precede al lenguaje, este también precede a la realidad. Desde este punto de vista me supone una interrogante como la del huevo y la gallina.

¿Proyectos en el futuro de los que puedas hablarnos?

Por el momento solo tengo agendados algunos proyectos de letreros con mi empresa Well Done Signs en Los Angeles. Acabo de regresar de un viaje a Santiago que estuvo muy trabajado. Tuve la oportunidad de realizar por primera vez un taller de pintado de letreros y me gustaría seguir haciéndolo en el futuro para mis próximas visitas. Para estar al tanto de mis proyectos a futuro les recomiendo seguir redes en Instagram @bryan.yonki y @welldonesigns