La constante que define el trabajo del artista colombiano Alejandro Annicharico es el cuerpo humano, pero no solamente como fuente de inspiración, sino como lienzo en blanco para todas sus creaciones. Por ese tratamiento, se podría decir que los modelos son un material más que moldea con sus manos y adapta a un mensaje, concepto, idea o puesta en escena. Sin embargo este recurso es inerte, sin vida, y se convierte en un mero punto de partida sobre el que colocar todo aquello necesario para construir la ensoñación onírica que se desprende de la cabeza de Annicharico. Dejemos que él mismo nos lo explique.

El cuerpo humano es tu lienzo, ¿por qué utilizas ese “soporte” y qué crees que aporta a tu obra en contraste a crear, por ejemplo, bodegones o trabajar con objetos y elementos inertes?

El cuerpo humano ha sido un elemento que me ha fijado desde el principio de mi carrera yo creo que por las posibilidades que ofrece más allá de lo que evidentemente podemos considerar. Usamos nuestro propio cuerpo casi de manera sistemática una y otra vez hasta el punto de percibirlo como algo ordinario, para mi eso ha sido un motivo muy importante, el comenzar a entender el cuerpo como materia, como forma voluble que se puede intervenir, transformar y amoldar a cualquier historia.


Tu trabajo oscila o mezcla diversas disciplinas artísticas con el fin de crear una imagen: escenografía, teatro, instalación, performance, escultura, moda, fotografía, cine… ¿qué es lo que tomas de cada una y como trabajas la integración entre ellas?

Estoy agradecido con todas las disciplinas y corrientes que han servido de musas en mi proceso creativo. Sí bien la fotografía es el registro de mi composición, no me considero “fotógrafo”, respeto mucho este lenguaje, pero el hecho de registrar lo que quiero por este medio, nunca ha dependido de algún motivo técnico puramente, ha sido muy orgánico y eso es algo que me satisface de mi proceso. Creo que pasa lo mismo con todas las disciplinas que he involucrado en mi composición, bien sea teatro, instalación, performance o cine siento que han aportado lo que naturalmente se ha podido ajustar a mi obra sin pretender abandonar lo que siento representa mi trabajo en escénica.


El mundo del arte en general corre el riesgo de basarse en el artificio y terminar alejándose del artista, ¿cómo logras ser honesto con tu obra y que te represente realmente?

Creo que una de las claves ha sido dar un paso a la vez, no tomarme las cosas con tanto afán, no me considero una máquina, esa ha sido la forma de poder generar una auto-lectura muy directa y cruda de mi mismo. De ahí viene la honestidad que siempre he pretendido plasmar en lo que hago.

Háblanos un poco de tu serie “Cápsula”.

Cápsula para mí es un paréntesis muy especial que decidí hacer en medio de lo que la gente estaba acostumbrada a ver de mi, digo muy “especial” ya que es un tributo que decidí hacer a la herencia folclórica de mi país Colombia, para mi fue una forma de reconocer con los ojos abiertos mi raiz y saber que todos somos un poco de donde venimos, ese camino significó mucho simbólicamente para mí y para mi proceso como creativo. 


Hay una imagen en tu instagram de un chico que parece accidentado con un auto chocado en su cabeza a modo de tocado. ¿Qué historia hay detrás de esa imagen?

Esa pieza se llama “Motorcade Bonfire” y es el reflejo de un estado de caos interno que estaba viviendo en aquel momento. Es la analogía de un choque mental, esa imagen tiene un toque bélico, que sentí muy necesario, ya que muchas veces somos unos completos terroristas con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, con lo que nos decimos internamente. 


¿En qué estás trabajando actualmente?

Actualmente estoy preparando varios materiales de manera simultánea y algunas muestras. La idea es que la mayoría salgan este año, pienso que estoy en un momento de mutación que ya pronto podrán ver.