Elias Santis

Varios | Por hace 2 años.
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Símbolos de la Humanidad
1980. Buenos Aires, Argentina
eliassantis.com

Por Mario Cuche.

“Yo no conozco mucho la totalidad de lo que significan los símbolos de lo que pinto”



Pocas veces se tiene la oportunidad de entrevistar en su propio taller a un artista como este pintor argentino radicado en nuestro país. Y la facilidad para acceder a él no se queda en lo geográfico, porque Elías Santis es muy abierto a compartir su mundo interno, que goza de percepciones profundas sobre la energía de la vida, las cuales se ven reflejadas en su pintura.

“Yo pinto así porque mi alma ya está como transitando sus últimos periodos en la Tierra. Por eso tengo conocimientos que no me hizo falta introducirlos a través de la universidad, porque los tenía de antes”.

Nunca estudió formalmente, en lo que a técnica se refiere.

“Estudié 3 años Teoría del Arte y me salí porque me aburrí. Conocí muchas personas, eso fue lo más valioso, pasaba más tiempo en el café que en el aula. Nunca pensé en una carrera ni nada. Es rara igual la palabra carrera, como estar corriendo contra otros pintores. Para mí fue algo mucho más lento”.

La pintura comenzó a ser una actividad principal en su vida desde hace algunos años, cuando empezó a sentir que tenía una especie de diálogo con lo que podría llamarse “Dios”.

“Yo no conozco mucho la totalidad de lo que significan los símbolos de lo que pinto… por eso es muy importante mostrarlo, porque las personas crean una especie de lazo de oro con la pintura, con la imagen, con el símbolo. El sentido de mi trabajo es el diálogo con mis contemporáneos. Necesito que las personas que ven algo en mi trabajo me lo digan; para mí son muy importantes los comentarios. En lo que hago, si bien hay mucho de libros y teorías e intelecto, detrás del intelecto existen vibraciones que son comunes a todos”.

Esta valoración de los símbolos y arquetipos es esencial en su trabajo.

“De alguna forma, lo que hago yo es transmutar los símbolos que están anclados en el inconsciente colectivo de la humanidad, de una forma que les da un nuevo significado, diferente. Si para toda la humanidad una mujer con pelo rojo significa, no sé, Andrómeda, lo que tengo que tratar de hacer es resignificar esa imagen a través de la pintura, darle una especie de refresh al inconsciente colectivo en ese símbolo”.

Óleo, acrílico, realismo y fantasía



Llegó a vivir a Santiago hace poco. Su papá es chileno, pero se fue a Argentina en 1973. Allá nació Elías y después de casi tres décadas pudo conocer a su familia chilena e introducirse en la cultura de nuestro país. El proceso le trajo experiencias valiosas, partiendo por algo tan esencial como los materiales de sus creaciones.

“Yo pintaba siempre con acrílico y los pintores más grandes de acá de Santiago me decían que tenía que pintar con óleo, porque me iba a resultar más fácil. Yo no les hacía caso. Ahora preparo yo los colores con pigmentos, con aceites, es un proceso mucho más alquímico del color. Por eso empecé a pintar con óleo y la paso increíble. Me drogo un poco con la trementina, me ensucio más y está mucho más abierto al accidente, el óleo se mueve todo el tiempo, te maneja, ¿entendés?”.

Lo que no ha cambiado tanto es el proceso creativo. Elías tiene una inspiración, busca modelos –generalmente amigos–, arma la imagen y saca fotos. Pero de la imagen original a la pintura terminada…

“Yo armo una estructura que por lo general se desintegra en el proceso de pintar. Pienso una cosa, la empiezo a pintar y ahí empieza a desaparecer lo que había pensado. Pero es un camino, es el camino que tengo ahora: pensar, para que después ese pensamiento desaparezca”.

En cuanto a lo formal, al momento de hacer una clasificación, no tiene claridad sobre el estilo que cultiva.

“Traté de definirlo algunas veces, pero nunca logro hacerlo bien. Tiene algo de realismo, no llega a ser hiperrealismo porque me cuesta mucho obedecer a la foto, y tiene algo de fantástico también, pero realismo fantástico sería muy injusto, así que no sé cómo definirlo. Lo que sí: es suave y es lento”.

Para terminar, luego de una conversación tan centrada en la intimidad de su arte, hablamos un poco de la realidad del arte a nivel social.

“Cuando llegué conocí a muchos artistas que se quejaban de que no se podía hacer nada acá, que no había oportunidad. No me parece que sea así. Yo creo que si vos te concentrás en tu trabajo y ponés toda tu atención en lo que estás haciendo, creas cosas que tienen mucha fuerza. Entonces, si lo hacés, y no lo hacés sólo para vos, sino que lo hacés con un pensamiento de especie humana, te vas conectar con la especie humana. En cambio, si vos estás pensando que querés ganar plata, tu trabajo termina siendo mediocre. Esta generación, lo que estamos tratando de hacer es aprender a usar el dinero para causas más decentes”.

El financiamiento de empresas le provoca sentimientos encontrados.

“A veces las marcas tienen muy poco tacto. Depende de cuánto respeten el trabajo. He ido a muestras que están pagadas por una marca y la marca no tiene un poster gigante cuando entrás y no invade. Cuando invaden mucho son un poco desagradables. Si no, está buenísimo, porque permiten ir a ver el trabajo de alguien. El tema es que se ubiquen y no se pongan por delante del artista”.