Colin Delfosse

Varios | Por hace 3 años.
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Lucha Congo Libre
1981. Bruselas, Bélgica
colindelfosse.blogspot.com

Por Constanza Briones.

“Cuando despiertan, muchos no saben lo que van a comer para la cena de esa noche. Es duro y difícil, pero mantienen su sentido del humor”



De la lucha al espectáculo

Desde los tiempos más remotos del hombre sobre la tierra, existe la lucha. La lucha por la supervivencia, por el alimento, por la tierra, por el amor.

En la Antigua Grecia se practicaba como un deporte, y los romanos le dieron un impulso que dio origen a los gladiadores, el uso de carros y la construcción del coliseo romano. La antigua civilización japonesa tiene una larga tradición de lucha de más de 2.000 años. Las artes marciales, pero sobre todo el sumo, es hasta hoy muy importante en la cultura nipona. Las primeras referencias al sumo sitúan sus orígenes hace 2500 años, cuando los dioses Takemikazuchi y Takeminakata se batieron a duelo cerca de las playas de Izumo. En el Antiguo Testamento se describe la mítica lucha de Jacob durante una noche completa, que lo convertiría en padre de los israelitas. Así, las disputas cuerpo a cuerpo se convirtieron en deporte a través de los años. Los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1896, incluyeron la lucha como disciplina debido a las muchas referencias que poseía en la historia de la humanidad. Hasta ese entonces la lucha era un deporte de hombres fuertes y valientes. Sin embargo, una rama de la lucha tomó un giro inesperado. Del deporte al entretenimiento había un sólo paso.

Los carnavales del siglo XIX ya daban comienzo a las primeras demostraciones físicas combinadas con actuación que se desarrollaron como espectáculo deportivo. Peleas sangrientas y personajes llamativos fueron perfeccionándose durante el resto del siglo, hasta culminar en la creación de la primera liga de lucha libre, que se definió abiertamente como espectáculo y no como deporte. Así empezó a expandirse en el mundo esta mezcla de deporte, espectáculo, actuación y destreza física. Japón, Estados Unidos y México son los países con más luchadores, público y fanatismo. Pero en muchos lugares se puede ver lucha libre. Incluso en países tan lejanos como Chile o El Congo.

Esta es la historia de los luchadores que el fotógrafo Colin Delfosse, por casualidad, descubrió en la República del Congo.

Vudú y pobreza



El 2007 Delfosse volvía a Kinshasa, donde realizaba un reportaje sobre las condiciones laborales de las minas de cobre, cuando una noche vio a un hombre enmascarado en el techo de un auto. Detrás le seguía una procesión de tambores y gente. Así dio por primera vez con un luchador congolés, y la curiosidad fue tanta que, un año más tarde, volvió al país africano para comenzar a trabajar con ellos.

La lucha libre del Congo está inspirada en la norteamericana, pero ha seguido un camino muy distinto. En el imaginario congoleño existe la hechicería, el vudú, las pinturas corporales y la magia negra. Por eso los luchadores tienen personajes mucho más extraños y aterradores que los de otros países.

Existen dos ramas de lucha en la República Democrática del Congo: la WWE, muy parecida a la liga norteamericana, con trajes de spandex, máscaras, una marcada coreografía y el Fetiches, propios de la región, que incluyen cuernos de antílope, machetes, bailes, hechizos y brujería. Usualmente invocan el espíritu de sus ancestros para vencer en las batallas, y los espíritus más fuertes son los que ganan.

Colin quedó impactado con la peculiaridad de la lucha libre congolesa y viajó varias veces a conocer, fotografiar y participar. Así se relacionó con los habitantes de las ciudades, llenos de necesidad pero siempre generosos con la sonrisa.

Los espectáculos se desarrollan en barrios pobres y es principalmente un entretenimiento de las clases bajas y de los creyentes en el vudú y la magia negra. Por eso las clases altas no participan del espectáculo.

La República Popular del Congo fue colonia de Bélgica y propiedad privada del rey. Su abundancia de recursos naturales provocaron una situación de abuso y explotación hacia la población indígena durante casi un siglo. El control de la población se mantuvo mediante un régimen de terror, los asesinatos en masa y un elevado número de víctimas políticas. Recién en 1960 se produjo la independencia, pero pronto vino la dictadura y, con ella, una guerra civil y mucha inestabilidad política que no permitió, hasta el 2006, celebrar las primeras elecciones libres y multipartidistas de su historia. Los vaivenes políticos sitúan a El Congo dentro de los países más pobres del mundo. Hasta hoy existe una situación muy difícil en la minería. Colin Delfosse llegó al país para investigar la situación en las minas de Katanga, donde se extrae cobalto y cobre, quedó impresionado con los problemas sociales. Gran cantidad de mujeres y niños trabajan para las empresas mineras por no más de dos o tres dólares diarios. En esta situación, algunos hombres y mujeres visten trajes de látex o cuero y lanzan hechizos en un ring, legal o improvisado, convirtiéndose en luchadores. Pero es durante el día cuando luchan por conseguir dinero para comer o mantener a sus familias. A través de la lucha libre los más débiles de la cadena capitalista se convierten en guerreros, fuertes e invencibles, capaces de todo, usando su cuerpo para luchar no sólo por su honor, sino por llevar dinero a su familia, salir de la pobreza y sobrevivir.