Charles Peterson

Varios | Por hace 7 años.
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Texto/ Juan Pablo Colin

Eddie Vedder, vocalista de la siempre vigente y ya legendaria banda de Seattle, Pearl Jam, describe de la siguiente forma el registro fotográfico de Charles Peterson: “Si las bandas fueran animales y los clubes fueran sus hábitats naturales, Charles Peterson sería el National Geographic” (1964, Longview, Washington). Y es que el afamado retratista norteamericano estuvo presente en el epicentro de un movimiento social que trascendería sus límites geográficos, sociales e incluso temáticos, al dar forma a una nueva era musical que tomó por sorpresa a un mundo encandilado por los colores del video clip y las luces de las estrellas del pop. El grunge, sinónimo de suciedad, ruido, insolencia, catarsis, rebeldía, tomaba a los hijos bastardos del punk y los fusionaba con los riffs saturados que se consumieron bajo melenas enlacadas durante los ’80.

La revolución tuvo un lugar de origen definido y un nombre que la hizo reconocible, además de un batallón de embajadores que pasaron a la historia con relatos de actitud y crudeza. Y frente al lente de Peterson desfilaron todos ellos, desnudos de cualquier majestuosidad mediática o concesión épica.

Peterson fue testigo, protagonista, amigo de toda esa generación. Como fotógrafo no oficial de la compañía discográfica SubPop, la misma que agrupó en primera instancia a los propulsores del grunge, Charles se transformó en el documentalista por excelencia que pudo registrar con mayor fidelidad la experiencia del show en vivo de bandas como Nirvana o Mudhoney, cuyo tema Touch Me I’m Sick titula el último libro recopilatorio del fotógrafo norteamericano.
En él, cada una de las fotografías captura la energía cruda y auténtica que se expresa a través de la común expresión evidente en los shows en vivo, en la ropa y las actitudes corporales. Protagonistas no son únicamente los músicos que pronto alcanzarían fama mundial, sino también el público como eje fundamental, receptor y repetidor de las energías que se suscitan en los conciertos.

Las escenas registradas cumplen en todo sentido con la categoría de ritual. Se configura un acto catártico emplazado en un templo definido, con devotos ansiosos por aplacar (no necesariamente resolver) el estado perpetuo de aburrimiento y alienación en el que están sumergidos. Se rompen las guitarras, se toma cerveza, se transpira, se golpea, se grita, se cabecea. Y todo eso se congela en papel a través del gran angular de Peterson, generando un momento íntimo en medio del caos.

Son imágenes eternas, artísticas y documentales a la vez que habitan en libros, publicaciones especializadas, carátulas de discos y galerías de arte. A propósito de, “Touch Me I’m Sick” (Powerhouse Books, 2003), de su reciente interés por la cultura alrededor del breakdance y de cuáles son sus impresiones ya digeridas de los primeros años de los 90s, conversamos en exclusiva con este testigo ocular de un momento suspendido en el tiempo que define a los herederos de esa generación.



Háblanos de tus inicios en la fotografía. ?Cómo empezaste y cuáles fueron los primeros pasos?

La primera fascinación la experimenté alrededor de los 7 años cuando vivía con mi abuela, después del divorcio de mi madre. Mi tío era aún adolescente, y solía revelar sus fotografías de boy scout en el lavadero de la casa. Ahí me pasaba horas enteras mirando el proceso por sobre su hombro, escuchando al mismo tiempo el rock and roll que transmitía la radio local.

?De qué forma entraste a la escena musical underground?

Empecé a interesarme por el punk rock en el colegio, cuando tenía 16 años. Nosotros vivíamos en los suburbios y debíamos viajar a la ciudad para ver pequeños shows, comprar discos, etc. Después entré a la universidad UW, en Seattle, así es que me mudé para allá en 1982. Me hice amigo de Mark Arm, Kim Thayil, Bruce Pavitt y otros tantos en esa época. La escena era tan pequeña que todos se conocían con todos.

En una primera instancia, ?qué fue lo que te atrajo de la música grunge? ?De qué forma esas características se reflejan en tu fotografía?

Creo que lo primero que me atrajo fue que eran mis amigos los que comenzaron a tocar esa música. Por supuesto que eso se sumaba al hecho de que la música era ruidosa, rebelde y reflejaba muchas de las frustraciones que uno siente al crecer. Parecía ser una extensión natural de nuestros primeros intereses en el punk, combinado con nuestro amor por la música más pesada.



?Qué recuerdas de esos primeros conciertos? ?Cómo lograste capturar esa energía reprimida que explotaba con la música?

Honestamente, lo que más recuerdo es lo divertidas, anárquicas y borrachas que eran aquellas tocatas. Para mí, la única forma de capturar todo eso fue con un gran angular, un flash y estando parado justo al frente del escenario. Tampoco había que dejar de involucrar al público, que tenía tanto que ver con la energía como las bandas que tocaban. Y por supuesto el blanco y negro, no solo porque es el estilo clásico de la fotografía documental, sino porque era lo único que podía pagar en esos tiempos. Era un proceso absolutamente DIY (do it yourself): fotografiaba a las bandas en bares pequeños y luego revelaba la película e imprimía las imágenes en la cocina, baño, closet o lo que fuera a la mañana siguiente.

?Puedes describirnos la relación entre el fotógrafo y el músico?

Bueno… tiene que haber confianza entre ellos. Y estar en la misma onda. Debido a que crecí con muchos de estos personajes, la relación fue de mutua beneficencia. Ellos sabían que yo era bueno y que me podían confiar sus imágenes.

?Cómo era la actitud que se respiraba en esos días?

Era como si hubieran encendido un interruptor y luego nadie podía encontrarlo (o nadie quería encontrarlo) para apagarlo. Por supuesto que a ratos se tornaba muy poco saludable. Algunos sobrevivieron y otros no. Pero era muy divertido también. ¡Fueron muchas noches largas!

?Cómo fue la evolución del movimiento grunge, desde las primeras tocatas hasta los grandes conciertos? ?Se podría decir que tu crecimiento como fotógrafo siguió esa misma línea temporal?

Al principio me sentí un poco rezagado. Las bandas comenzaron a tener cada vez más restricciones (les gustara o no), y yo no tenía dinero como para irme de gira con ellos. Comenzaron además a trabajar con otros fotógrafos, ya que suscitaron la atención de la prensa de Nueva York, Los Ángeles y Londres. Pero algunos permanecieron leales. Pearl Jam, con los cuales nunca trabajé en los primeros años, me llevaron de gira a mediados de los 90 por Europa, ¡en un avión privado y hoteles de 4 estrellas! Pero siempre estuve involucrado con lo que pasaba en los pequeños locales y muchos de mis clientes nunca saltaron a la fama.

?Recuerdas alguna anécdota de esos años?

Siempre pienso en las fotografías que se me escaparon. Como una vez que me topé con Kurt (Cobain) y Krist (Novoselic) quienes estaban arreglando un montón de guitarras tiradas en el suelo antes de una prueba de sonido. Yo estaba apurado (los fotógrafos jamás debieran estar apurados) y esa escena no capturada todavía me persigue por lo fotogénica que era.

?Cuál era el personaje más atractivo desde el punto de vista del fotógrafo? ?Kurt Cobain quizás?

Sí, definitivamente Kurt. Él era sorprendentemente fotogénico. Pero también me gustaba mucho fotografiar a Mudhoney en vivo. Ellos siempre montaban los shows más rockeros y radicales.



?Podrías contarnos acerca de tu relación con los integrantes de Nirvana? ?Qué cosas vivieron juntos y qué aspectos de Kurt lo convirtieron en el ícono que hoy es?

Kurt y yo siempre nos respetamos mutuamente por lo que hacíamos. Él estaba consciente de mi fotografía antes de que yo lo estuviera de él y su música. Así es que siempre me concedió el acceso que yo necesitaba, y que fue el mismo que me dio Eddie Vedder y Pearl Jam más tarde. Los otros miembros de Nirvana eran igualmente cool. Desgraciadamente, Kurt no estaba muy presente y luego comenzó a rodearse de todo tipo de personas (buenas y malas) y al final cayó en una gran adicción a las drogas.
Él tenía una combinación de carisma y melancolía que resultaba realmente atractivo. Sentías que sabías todo acerca de él, pero que al mismo tiempo jamás podrías conocerlo de verdad. Creo que fue su complejidad lo que lo hizo más grande que su vida. Desafortunadamente fue eso mismo lo que lo llevó a suicidarse también.

?Qué perseguías con las imágenes que tomaste: un registro histórico, capturar la esencia que subyace al ritual de la música en vivo, revelar la crudeza de esa escena en particular?

Creo que fue una mezcla de todas esas cosas. Me hubiera gustado darme cuenta en esa época de cuán históricos iban a ser esos registros. De ser así, definitivamente hubiera hecho cosas diferentes. Pero más que todo, quería capturar la esencia de lo que era ser al mismo tiempo banda y público, y cómo se manifestaba esa combinación. El sudor, el ruido y la entrega.

Tu fotografía no muestra al músico con esa aura de superioridad con el que se les suele retratar, sino con la crudeza del registro en vivo. ?Qué fue lo que te motivó a tomar esa decisión?

No creo que haya sido una elección de mi parte. Solamente es lo que es porque es el modo en que me gusta tomar fotografías. Hice el intento con todo el asunto del estudio porque sentí que eso era lo que se esperaba de un fotógrafo para que fuera respetado. Pero al final es la toma granulosa en blanco y negro la que me hizo famoso y me sigue dando dinero.



?Cómo es tu relación actual con los músicos de esa época?

Los veo de vez en cuando, especialmente a los tipos de Mudhoney, a Bruce Pavitt y uno que otro amigo que participaba en bandas que no fueron tan famosas. Eddie (Vedder) y yo nos escribimos, pero raramente nos podemos juntar. Todos tenemos vidas ocupadas y nos movemos en círculos diferentes ahora. El mío involucra compañeros fotógrafos.

Tu trabajo es similar al de un fotógrafo de trinchera. ?Cuáles son las variantes técnicas que hay que tomar en cuenta a la hora de registrar un concierto en vivo?

En esos años, lo más importante era tener una tonelada de baterías para el flash. Y un bolso lleno de rollos de película. Usé casi exclusivamente lentes de 24 mm, aunque después usé algunos más grandes en proporción al tamaño del concierto. Realmente lo más importante de todo es encontrar un buen lugar al frente y trabajar con los codos.

A nivel mundial se ha observado un revival de la tocata como rito social. ?Qué diferencias ves entre la generación de principio de los 90s y la actual?

Sabes, no estoy muy seguro, ya que no he asistido a un show en mucho tiempo. Pero una gran diferencia es que el grunge se inició antes de los celulares y de la internet, así es que inicialmente era muchísimo más underground. Realmente tenías que esforzarte por encontrar los discos en las pequeñas tiendas, y luego esperar a que la banda visitara tu ciudad en una van de mierda. Por supuesto que eso ocurre hoy también y siempre será así, pero mucha de la mística se ha perdido ahora que puedes descargar instantáneamente cualquier cosa. Lo mismo ocurre con la fotografía.

?Cuáles son los temas que te atraen hoy?

Recién edité un libro acerca de los exponentes del breakdance. Esa escena es muy divertida y refrescante, y me transporta hacia los primeros días en que me sumergí en el rock and roll. Además, muchos de estos eventos se desarrollan durante el día, ¡así es que no necesito trasnochar! También me gusta hacer fotografía editorial cuando apunta a un tema interesante. También tengo un proyecto en marcha cuya locación es Vietnam. Pero mi tema favorito en estos momentos es mi hijo de 3 meses Félix.

?Te sientes privilegiado por haber sido testigo y también protagonista de una época tan atractiva desde el punto de vista social y musical?

Me siento muy privilegiado por haber estado en el lugar indicado y en el momento indicado (y afortunadamente con las habilidades indicadas). Ninguno de nosotros esperó ganar dinero con los que hacíamos, y menos alcanzar fama. El hecho de que muchas de mis imágenes continúen en demanda, me ha permitido perseguir otros temas sin sentirme limitado por aspectos comerciales. Y eso es todo lo que un fotógrafo podría querer.