Cekis

Varios | Por hace 5 años.
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Toma la palabra el socio fundador
Texto: Mario Cuche

Nada se compara a pintar sobre un tren o una micro.



Tener que introducir una entrevista a Cekis me recuerda uno de los tantos chistes que me gustan de los capítulos viejos de Los Simpson. En el inicio de un programa de televisión el animador se dirige al público y dice “ahora está con nosotros un hombre que no necesita presentación”. Y no lo presenta. ¡Ja!

Es que hacer en Joia_21 una introducción formal-clásica para este referente sería como si en la edición de aniversario de la Rolling Stone apareciera un artículo titulado “¿Conoces a Stevie Wonder?” Igual, por si fuera necesario un poco de contexto, pongámoslo de esta forma: si el graffiti chileno fuera un club, quizás sería imposible determinar cuál es el presidente, pero lo que es seguro es que Cekis estaría entre los socios fundadores.

Hartas cosas han pasado en las casi dos décadas que nos separan de esos días en la Estación Mapocho. Para empezar, un cambio de domicilio, país y hemisferio: “Me vine a New York a estudiar mi vida, necesitaba tener otra experiencia en la vida para crecer y madurar. Viví casi mis primeros treinta años en Santiago y sentía que tenía que salir afuera para buscar otro punto de vista sobre todo lo que me importa y absorber nueva información”.

El crecimiento fue la recompensa de esta aventura que comenzó el año 2004: “En un principio tenía la impresión de que mi trabajo estaba muy evolucionado, cuando en realidad estaba en una etapa semi-formal, de lo cual me fui dando cuenta poco a poco. Lo que pasa es que en Chile nunca dediqué todo mi tiempo a la pintura, tuve una tienda con amigos por seis años, además de producir eventos y ser dj. Entonces eso te quita energía y tiempo. Venirme aquí fue un cambio, ya que sabía que sólo tenía que trabajar con la pintura o cualquier cosa relacionada para poder lograr objetivos como pintor, que es mi fin en la vida”.



¿En EEUU volviste a ese vértigo de la pintura callejera?

No tanto. Cuando llegué, quería ser capaz de salir adelante aquí para establecerme primero, tener una sustentabilidad económica y así poder dedicarme al arte. Por eso tenía claro que pintar ilegal era algo en segundo plano, aunque no he desperdiciado algunas oportunidades que se me han dado para hacerlo.

¿Qué es el Brooklyn Art Council?

Es una organización sin fines de lucro que trabaja con el arte en la ciudad de Brooklyn. Ellos apoyan artistas emergentes dando becas, haciendo exposiciones y eventos, además de tener un departamento de educación con el cual hacen un trabajo en conjunto con las escuelas públicas de New York, tipo talleres extra programáticos. Yo trabajé con ellos por tres años haciendo talleres de arte y murales con estudiantes de básica, además de postular a algunos concursos y becas.

Tu trabajo ha aparecido ya en varias galerías reconocidas como Rotunda, Ad Hoc, Carmichael Gallery y el Abrons Arts Center. ¿Qué sientes al ver ese salto de la calle al museo?

Es un poco raro todavía, ya que yo aprendí a pintar en la calle, y es muy distinto al mundo del arte tradicional, porque cuando tu origen está ligado específicamente al graffiti mural, hacer la transición de la calle a la galería sin haber estudiado arte en la universidad puede ser muy difícil hacerlo bien. Y de esto me he ido dando cuenta con el tiempo, recién ahora me siento un poco más seguro de lo que quiero hacer en una galería, pero igual siento que debo enfocar más tiempo a ciertos elementos de mi trabajo en los que me falta más desarrollo. Igual la galería tiene algo que la calle no te da, y viceversa, así que hay que aprender a jugar un poco con estos límites y privilegios que te da cada una.

¿Hay algún otro salto o proyección que te gustaría tener con tu arte?

La verdad es que nunca he proyectado mi carrera hacia el futuro con metas de lograr cosas. En cierto momento me di cuenta de que lo único que debía hacer era trabajar en el arte y ser constante, y que así las cosas se iban a ir dando de a poco.

De Zeckis a Cekis



Desde tus comienzos has desarrollado una ambición por hacer algo más con el graffiti, por expresar distintas cosas… ¿cómo ha sido este proceso de innovación?

Lo que pasa es que antes de empezar a hacer graffiti yo siempre había dibujado, pero nunca me formaron con la idea de que el arte era algo valiosísimo, entonces yo no lo tomé en serio hasta que empecé a hacer graffiti. De hecho, cuando salí del colegio, nunca estuvo en mi mente estudiar arte, ya que era como ridículo desde el punto de vista familiar, y me metí a estudiar diseño, carrera que nunca terminé. Al final me arrepentí de haber estudiado eso, ya que fue una pérdida de tiempo y plata terrible. Entonces empecé a pintar más en la calle y a conocer gente de otros lados, y cuando conocí a algunos amigos que se transformaron en mentores, como el Sic, el Derik, Os Gemeos también, fue cuando cambió mi actitud hacia el graffiti. Y es que antes de conocerlos mi percepción sobre cómo vivir el graffiti y el arte era nula; para mí se trataba de copiar estilos hechos en otros lados. Después de que conocí a mis nuevos colegas fue cuando me puse a buscar mi propio estilo y a ser más abierto con otras influencias, experimentando en el muro otras ideas y técnicas.

¿Qué crees que ha pasado con el tag? ¿Sigue siendo ese clásico “aquí estoy yo”?

Lo que pasa es que el rayado es más que nada un simple acto de decir algo. Puedes hacerlo sin tener ningún escrúpulo o puedes pensar un poco más y quizás hacerlo sin herir. Además, hoy vivimos en una sociedad capitalista y consumista, donde si tú tienes dinero puedes poner publicidad en cualquier parte pública sin preguntarle a la comunidad. Entonces eso es injusto. Es por eso que no estoy en contra del tag, pero, para mí, hay lugares y lugares para hacerlo. Yo dejé de rayar casas hace tiempo, pero igual puedo rayar sin problemas ciertas partes de la ciudad en las que creo que un tag se ve bien.

¿Nos puedes contar el origen de tu pseudónimo y explicarnos el cambio que sufrió?

Mi primer nombre oficial como graffitero fue DRES por mi segundo nombre, pero luego lo cambié a Zeckis. Lo inventé por la estética de cada letra y más que nada fui influenciado por otros nombres que aparecieron cuando yo estaba empezando, como Sent/Sten, Sick One y Dzeas. Lo cambié de nuevo cuando me vine a vivir a New York, ya que aquí existen muchos nombres que empiezan con “Ze”. (Igual es una coincidencia, pero en muchas de mis piezas o bombing que hice como Zeckis en Chile la “Z” parece una “C”, así que no fue muy difícil cambiarlo.)

¿Cuáles son las cosas más importantes que te dejaron los inicios de la década del ’90 en Mapocho? ¿Y Otra Vida?

Toda esa época fue un momento muy especial en mi vida, la Estación Mapocho sirvió para masificar la cultura hip-hop, ya que podías conocer gente, intercambiar información, y todos los que estuvimos ahí creamos algún lazo con alguien de otra parte de la ciudad. Ahí también comencé la tienda, cuando después de un viaje que hice a EEUU pude empezar a importar caps e información de graffiti, la cual comencé a vender en la Estación Mapocho. La tienda creo que sirvió más que nada para subir el nivel de graffiti, ya que tratamos de traer información que era reciente de Europa y EEUU, además de convertirse en lugar de encuentro.



El graffiti y el hip-hop suelen asociarse en una historia común. A tu juicio, ¿son tan indivisibles?

El graffiti nació antes que cualquier elemento del hip-hop y es una forma de expresión pura. No depende del hip-hop o de otras culturas ya que lo que importa es el lenguaje visual. El ejemplo es que la primera gente que empezó a hacer graffiti en los ‘70 eran más que nada jóvenes y niños que escuchaban rock y soul.

Después de tantos años de experiencia ¿cuáles son tus espacios favoritos para pintar?

Creo que nada se compara a pintar sobre un tren o una micro, el hecho de pintar un panel que se va a mover y se va a ver en otra parte, es mágico.