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Cuesta creer que los paisajes multicolores, geografía intensa y geometría particular,  sean, en realidad,  naturaleza contaminada, espacios de trabajo hacinados o derrames de petróleo en el mar. Las fotografías y el foco de Burtynsky encuentran formas bellas en lo que no es y a través de ellas muestra como el hombre provoca fuertes cambios en su entorno natural.

Hijo de un trabajador de General Motors, Edward Burtynsky, conoció desde pequeño el funcionamiento de la línea de producción. Tal vez por eso, en 2005,  cuando visita el sur de China, específicamente la provincia de Guangdong, queda tan asombrado por los kilómetros de fábricas y villas obreras que observa. Una nueva Revolución Industrial que atrae a miles de chinos a abandonar el campo y habitar estos paisajes obreros que producen gran porcentaje de lo que vestimos y usamos.

 

La fotografía, de gran tamaño, de Burtynsky se ocupa de mostrar como la industria transforma la naturaleza. Buscando objetos que, llenos de detalles, muestren en si mismos el dilema de la existencia moderna. Por eso, refinerías, mineras, plantas de reciclaje o industrias textiles, se transforman en objetos a fotografiar. Paisajes hechos a mano por el hombre, no necesariamente para su bienestar.