A parte de tener un nombre peculiar, Benedetto Bufalino también tiene una visión particular del arte y sus diferentes formas. Bufalino crea instalaciones urbanas interviniendo los elementos que forman parte de nuestro “paisaje habitual”, como autos, cabinas telefónicas, canchas deportivas, y otros elementos. Su sorprendente uso de las infraestructuras y los vehículos manipulados para que adquieran nuevas funciones nos hacen plantearnos si realmente éramos nosotros los equivocados al no usar, por ejemplo, un auto como mesa de ping-pong.


Una de sus obras itinerantes más vistosas es un disco-camión forrado de espejos como si fuera una bola de discoteca que crea efectos de luz muy vistosos a su alrededor. Esta “obra” rodante ha recorrido ya algunas ciudades europeas y de todo el mundo (Lyon, Madrid, Montreal…) generando la misma reacción: perplejidad de los viandantes que se paran a tomar una foto y bailar al ritmo de la música disco.